Quien piense que el presidente norteamericano está loco debería repensárselo. No está fuera de este mundo, tiene una estrategia de dominio a través de los complicados intríngulis de la geopolítica: control de las fuentes de energía, de la economía global por medio del dólar, nuevamente (sacando del tablero de juego a Venezuela e Irán que producían petróleo fuera del sistema del petrodólar) y de la competencia tecnológica








