Light
Dark

Mientras te digo adiós…

Cuando nacemos, luchamos por entrar a un mundo desconocido. Al morir, luchamos por permanecer en ese mundo conocido.

     Escribo con mi padre en cama, probablemente a horas, días, semanas de su muerte. Papá escogió morir en casa y, gracias a Dios, pudimos cumplirle su deseo. Es duro. Los sentimientos son encontrados. Por una parte, la desolación de pensar en no verlo más. Por otra, el deseo que sea lo más pronto posible, que el proceso sea tranquilo, que se sienta cómodo, que se vaya en paz.
    Mi padre cumplió su ciclo de vida. Cruzó el mar, luchó, tuvo sus éxitos y sus derrotas y logró tener una familia. Yo constantemente le pedía a Dios que llegara a los noventa, a los cincuenta años de matrimonio, a mis cincuenta. Llegó a los cincuenta y cinco de matrimonio y míos.Tristemente, en los últimos meses las cosas se salieron de su curso. Eso me duele. Papá merecía que todo estuviera en orden. Pero al mismo tiempo doy gracias, porque me permitió pasar más tiempo con él. Hace mucho que no hablábamos (por su problema auditivo), pero logramos hacerlo en estos meses. Logró ver a sus nietos que viven fuera y tomar decisiones para ellos. Logró ver a mi hermana médico, que es su orgullo. Este último Año Nuevo almorcé yo con ellos, sólo los tres juntos. Me dió un beso en la frente y me agradeció «por todo». Me llamó para mi cumpleaños y logré grabar la llamada.
    Creo que desde el año pasado, yo sabía de este adiós. En julio me pidió que lo llevara a la Embajada de España a renovar su pasaporte. De enero a marzo no dejó de pedirme que le renovara su residencia. Pero soltar, aún para hijos de padres mayores, es difícil. Sus exámenes siempre salían mejor que los míos. «Nos va a enterrar» me decía mi amiga que es como mi hermana. Hasta hace un mes, así parecía. Pero los robles tambien caen…
    Realmente perdí a papá cuándo él perdió su oído, cuando dejamos de pelearnos por política y religión. Pero allí estaban aún sus manos y su presencia. Su amor palpable por mi madre, sus «las amo» que les decía a sus hijas. Su alegría era ver a su esposa y sus dos hijas en un almuerzo de domingo. Su gran amor, su nieto, que ahora esta en su tierra,al otro lado del mar.
    Este año pensaba escribir un libro, porque siempre quiso que lo hiciera. Iba a ser su regalo de Navidad. El borrador quedó en mi computadora con fecha 1 de octubre, cuando las cumbres se volvieron borrascosas de la nada y por nada. Este año pensaba decirle que celebráramos el cumpleaños de mamá con marimba, pero no se pudo. Hace un mes pensaba decirle que le pedía unos zapatos nuevos, porque sus sempiternos ya lo ameritaban. Hace tres semanas pensaba que era hora de retapizar su sillón. Hace una quería llevarlo al mar una última vez. Hace dos días quería repetirle los cuentos que me contó en mi niñez.
     Los enfermeros lo cuidan con cariño, pero  mientras escribo me doy cuenta de que él se despidió finalmente de mí hace cuatro días, cuando me iba y me acarició el rostro y me dijo: «Mi hija muy amada». Ahora le hablo en medio del silencio. Le digo que me acuerdo de aquel atardecer dorado en Coatepeque cuando descubrí qué era un columpio, de aquellos días de playa en San Diego, donde recogía conchas junto a él, de las tardes lluviosas cuando me sentaba junto a él, mientras él leía, las noches que insistía que viéramos estrellas…
    Cuando nacemos, luchamos por entrar a un mundo desconocido. Al morir, luchamos por permanecer en ese mundo conocido. En el caminar, hemos dejado recuerdos, huellas, frases célebres y momentos inolvidables. Eso es lo que soltamos tanto el que se va como los que nos quedamos. Lo cotidiano, que no tiene precio. La seguridad, que está en las manos, en un beso, en un abrazo. El pasado que vivimos juntos, y el futuro, el cual ya no compartiremos.
   Te digo adiós, papá. A ti, a los celajes, a Cri Cri, a bailar valses de Strauss. a tus discursos de Año Nuevo. Te digo adiós a ti y a las rosas que injertabas, tu aguacate que renació mil veces y nunca dio fruto y tu preocupación por que mamá estuviera bien y tuviera flores en cada fiesta de guardar. Te digo adiós y te prometo regresar a tu tierra y volver al mismo sitio donde comenzó tu historia, escribir el libro que prometí. Y escribo esto aquí a tu lado porque cuando te lo lea sabrás, sabrás cuánto te amo y lo dificil que es decirte adiós.

Mi padre murió dos horas después de que terminé este artículo, en paz.

Educadora.

Legales Obituarios Epaper
Patrocinado por Taboola