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Filosofarte/Esculpiendo el amor en el mármol y el alma

A veces erramos en el amor queriendo “hacer” al otro a nuestro gusto y manera. Es cuando nos convertimos en tristes pordioseros de la perfección

Somos el anónimo escultor de sí mismo. O de aquel que quiso el mundo. Por ello la vida se esculpe como una pieza maravillosa. Tal hizo con nosotros el Divino Escultor a golpes, sueños y caricias. De la misma manera cincelamos el amor. Con martillo y suaves caricias; ilusión y desilusiones. Es cuando tallamos en nuestros sueños al ser amado como a la misma obra de cera y granito. Quiero estos ojos, este candor, esta perfección, este fuego, esta piel, este ideal. Tal fue el caso del mítico Pigmalión, rogando a la divinidad en su locura que le diera vida a la figura perfecta surgida de sus manos y el cincel. (El mito de Pigmalión y Galatea de Ovidio, trata sobre un escultor chipriota que esculpe una estatua de marfil tan bella -Galatea- que se apasiona por ella. Saegún la leyenda la diosa Afrodita, conmovida, dio vida a la estatua, convirtiéndola en humana. Tallar el amor es tallar el mismo rostro de la divinidad. Porque la deidad es el mismo dios Eros del amor. Cuando una pareja convive largo tiempo, cada uno de ellos asimila del otro: gestos, sueños, deseos, palabras, lágrimas e ideales. Cada quien aprenderá, imitará o enseñará algún secreto de la vida a la persona amada. A veces erramos en el amor queriendo “hacer” al otro a nuestro gusto y manera. Es cuando nos convertimos en tristes pordioseros de la perfección, como ocurrió con el iluminado escultor que obtuvo de la divinidad la gracia de darle vida a la sensual escultura de su misma imaginación. (Libros Balaguer en librería UCA y La Ceiba)

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