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La madurez y el sentido común

Considero que la madurez puede definirse como la aplicación práctica del sentido común. Es la capacidad de tomar hoy las decisiones que producirán bienestar mañana

Con frecuencia escuchamos hablar de madurez emocional, madurez empresarial, madurez familiar, madurez matrimonial, madurez en la pareja o madurez deportiva. A simple vista parecen conceptos diferentes, pero todos tienen un elemento en común: la capacidad de aplicar el sentido común en nuestras decisiones y comportamientos.

Muchas personas asocian la madurez con la edad. Sin embargo, la experiencia demuestra que no siempre es así. Hay jóvenes que toman decisiones prudentes y responsables, mientras que algunas personas mayores continúan actuando impulsivamente. Los años aportan experiencia, pero la madurez aparece cuando esa experiencia se transforma en buen juicio.


La madurez emocional consiste en controlar las emociones para que no sean ellas las que controlen nuestras decisiones. No significa dejar de sentir, sino aprender a responder con serenidad cuando las circunstancias nos invitan a reaccionar impulsivamente.

La madurez empresarial se refleja en la capacidad de tomar las decisiones que una organización necesita, aunque no siempre sean las más cómodas o populares. Muchas empresas no fracasan por falta de conocimientos técnicos, sino por decisiones necesarias que se posponen indefinidamente.

La madurez familiar aparece cuando entendemos que vivir en familia implica derechos, pero también responsabilidades. Una familia sólida no se construye únicamente con afecto; necesita compromiso, respeto, diálogo y capacidad de sacrificio.

La madurez matrimonial y de pareja se manifiesta cuando dos personas comprenden que convivir no consiste en demostrar quién tiene la razón, sino en encontrar soluciones que permitan avanzar juntos. Con frecuencia, preservar la armonía vale más que ganar una discusión.

Y esta semana, con el inicio del Mundial de Fútbol, vale la pena reflexionar sobre la madurez deportiva.

La madurez deportiva de los jugadores consiste en competir con disciplina, respetar las reglas, aceptar las decisiones arbitrales y comprender que tanto la victoria como la derrota forman parte del juego. Sin embargo, existe otra dimensión igualmente importante: la madurez deportiva de los aficionados.

Un aficionado maduro disfruta el espectáculo, apoya a su equipo con entusiasmo y acepta que en toda competencia alguien gana y alguien pierde. Comprende que el rival no es un enemigo y que una derrota deportiva no justifica la violencia, los insultos ni el resentimiento.

Por desgracia, cada torneo importante nos recuerda que no todos entienden esta diferencia. Algunos convierten una pasión saludable en fanatismo y terminan discutiendo, ofendiendo o incluso enfrentándose por el resultado de un partido. Cuando eso ocurre, el deporte deja de cumplir su función de unir a las personas.

El sentido común nos recuerda que un partido es un juego, que los jugadores regresarán a sus casas al finalizar el encuentro y que la vida continuará al día siguiente. Disfrutar una victoria es legítimo; aceptar una derrota con dignidad es una muestra de madurez.

Observando personas, familias, empresas y organizaciones, creo que la madurez consiste en aplicar el sentido común de manera constante. No cuando resulta fácil, sino precisamente cuando hacerlo exige disciplina, autocontrol o sacrificio.

La inmadurez, por el contrario, suele aparecer cuando sabemos lo que debemos hacer, pero buscamos excusas para no hacerlo. Es el directivo que evita una decisión necesaria, la pareja que deja de dialogar, el ciudadano que gasta irresponsablemente o el aficionado que pierde el control por el resultado de un partido.

Por eso considero que la madurez puede definirse como la aplicación práctica del sentido común. Es la capacidad de tomar hoy las decisiones que producirán bienestar mañana. Es comprender que la libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en tener la disciplina para hacer lo que conviene.

Los años pasan para todos. Algunas personas simplemente envejecen. Otras aprenden, reflexionan, corrigen y mejoran. Estas últimas son las que alcanzan la verdadera madurez.

Porque, al final, la madurez no es otra cosa que el sentido común puesto en práctica.

Ingeniero

Todo es más fácil y más sencillo con sentido común.

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