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A 25 años de los atentados terroristas del 11 de septiembre

El horror de ese día aciago, y el valor inmenso que derrocharon los bomberos, los policías y personas comunes para socorrer heroicamente a las víctimas del derrumbe del World Trade Center, nunca se olvidarán

Hace 25 años ocurrió el ataque terrorista del 11 de septiembre, conocido como el 9/11, una acción devastadora y despiadada que cambió radicalmente la historia de Estados Unidos y tuvo una profunda repercusión mundial.

En la mañana de ese fatídico día, 19 terroristas vinculados a la organización yihadista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales en pleno vuelo. Al Qaeda –que en lengua árabe significa “la base”– había sido fundada en 1988 por Osama bin Laden y otros líderes islamistas como una red logística para apoyar a los combatientes musulmanes que luchaban contra los invasores soviéticos en Afganistán. Al Qaeda se consolidó como una organización terrorista internacional con el propósito de eliminar la influencia occidental en los países de mayoría musulmana. El grupo extremista rechazaba la presencia militar estadounidense en el Oriente Medio, especialmente en Arabia Saudita, y también el apoyo incondicional de Washington a Israel.

El 11 de septiembre de 2001, dos de los cuatro aviones secuestrados por los terroristas de Al Qaeda se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York; uno chocó contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa, que se encuentra muy cerca de Washington, en Arlington, al otro lado del río Potomac, y el cuarto cayó en un campo en Pensilvania cuando los pasajeros y los tripulantes intentaron heroicamente recuperar el control de la aeronave.

Este avión, que era el vuelo 93 de la aerolínea United Airlines, había despegado de Newark, en el estado de Nueva Jersey, a las 8:42 de la mañana con destino a San Francisco, en California. Llevaba a bordo 44 personas: 7 tripulantes (2 pilotos y 5 asistentes de vuelo) y 37 pasajeros, entre ellos los 4 secuestradores.

A las 9:28 a. m., los terroristas tomaron el control del avión, amenazando a la tripulación con cuchillos, y lo desviaron de su ruta.

Mediante llamadas telefónicas en secreto, los pasajeros se enteraron de los ataques terroristas contra el World Trade Center y el Pentágono, y se dieron cuenta de que su avión también era un proyectil suicida.

Al ver el destino fatal que les esperaba si no hacían nada, los pasajeros y la tripulación decidieron luchar contra los secuestradores para recuperar el control de la nave. En medio de la pelea, en un intento desesperado por frustrar la revuelta, el terrorista que pilotaba el avión hizo una maniobra brusca y la aeronave se estrelló a las 10:03 a. m. en un campo de la pequeña localidad de Shanksville, en Pensilvania.

Ninguna de las personas que iban a bordo del vuelo 93 sobrevivió. Pero la valiente acción de los pasajeros y los tripulantes evitó que el avión destruyera el Capitolio o la Casa Blanca y causara la pérdida de un gran número de vidas.

Casi 3.000 personas murieron en los atentados terroristas del 9/11. La respuesta del gobierno de Estados Unidos fue iniciar la llamada “guerra contra el terrorismo”, lanzando una devastadora invasión contra Afganistán. Al Qaeda había planeado los atentados en sus refugios en el país centroasiático. El gobierno afgano, dirigido por los fundamentalistas islámicos conocidos como talibanes, se negó a entregar a Osama bin Laden a la justicia internacional.

La ONU y la OTAN respaldaron la ofensiva inicial norteamericana en Afganistán por motivos de legítima defensa, pero la guerra se prolongó 20 años, costó miles de vidas y, al retirarse las tropas estadounidenses en 2021, los talibanes volvieron al poder en Kabul.

En Estados Unidos, especialmente en la ciudad de Nueva York, desde el 9/11 más de 9.000 personas han muerto por enfermedades causadas por exposición a la nube tóxica y los escombros. El Programa de Salud del World Trade Center atiende a más de 140.000 personas inscritas que sufren problemas de salud debido a la polución.

La nube de polvo sumamente cáustica y los gases tóxicos que contenían amianto, plomo y otras sustancias nocivas se disiparon por completo de la atmósfera de Nueva York durante los meses que siguieron al derrumbe de las Torres Gemelas. El aire que se respira actualmente en el Bajo Manhattan –donde se alzaban las torres– y en todos los distritos neoyorquinos cumple con las normas de calidad ambiental urbana y no contiene residuos flotantes del espantoso suceso del 11 de septiembre de 2001.

Pero el horror de ese día aciago, y el valor inmenso que derrocharon los bomberos, los policías y personas comunes para socorrer heroicamente a las víctimas del derrumbe del World Trade Center, nunca se olvidarán. Los neoyorquinos, y los que hemos vivido en la ciudad y también nos sentimos neoyorquinos, jamás olvidaremos la majestuosa presencia de las Torres Gemelas en el perfil de Manhattan, una vista maravillosa que podíamos contemplar a diario, dominando desde su altura la bella y entrañable ciudad de Nueva York. [FIRMAS PRESS]

Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso yLa espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.

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