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La historia no olvida que salvadoreños reconstruyeron el Pentágono tras el 11S

En los trabajos de reconstrucción del Pentágono llegaron a participar hasta 400 obreros siendo la mayoría procedente de El Salvador

Imagen de archivo de El Diario de Hoy de trabajadores originarios de El Salvador en las obras del Pentágono. Foto EDH/Archivo

La ala Oeste del Pentágono, en Washington DC, Estados Unidos, fue reconstruida durante nueve meses por obreros salvadoreños tras el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001.

No fueron 2 o 3 salvadoreños quienes participaron en las labores de reconstrucción sino que decenas de connacionales, quienes comenzaban sus jornadas laborales durante las madrugadas, en pleno invierno boreal cuando los charcos se congelan, según las crónicas periodísticas de la época.

A las 8:00 de la mañana ya era media jornada para ellos.

El Diario de Hoy dio amplia cobertura al trabajo que realizaban los salvadoreños en el Pentágono. Foto EDH/Archivo

Registros periodísticos de El Diario de Hoy consignan que en los trabajos de reconstrucción del Pentágono participaban inicialmente 150 hombres, de los cuales el 80% eran originarios de El Salvador.

En las obras participaban, incluso, familias enteras. Como por ejemplo Los Martínez, quienes eran tres hermanos, a los que se agregó un suegro y un yerno, originarios de Sensuntepeque.

«“No es un trabajo, sino un orgullo”, relataban los compatriotas, algunos ya con décadas de residir en Estados Unidos.

Los escombros en el Pentágono comenzaron a removerse desde la tarde del 11 de septiembre y fue un proceso que demoró dos meses cuando lo normal, por la cantidad, era de seis.

El área fue impactada por uno de los cuatro aviones secuestrados con 64 personas que se estrelló contra el Pentágono, causando la muerte de 189 personas y daños por 740 millones de dólares.

Los 150 obreros se convirtieron en 300 y luego en 400, casi todos salvadoreños (hasta un 85%), de acuerdo a los registros periodísticos.

Algunos trabajaron hasta 20 horas al día, seis días de la semana.

“Salvadoreño ese, salvadoreño aquel, salvadoreño el otro…”, relataba el encargado de la obra al explicar la cantidad de compatriotas que participaba, en ese entonces, en las labores de reconstrucción.

Los participantes en el “proyecto Phoenix” reconstruyeron un total de 27,210 metros
cuadrados de las secciones afectadas por el impacto.

El salvadoreño Carlos Lizama Morales, uno de los supervisores de las tareas de reconstrucción, consideró en ese entonces que sin la participación de la mano de obra hispana, no se hubiera podidoadelantar el trabajo con la rapidez que se ha logrado.

“De la noche a la mañana tuvimos que reclutar una legión de trabajadores para cumplir con esta tarea. Llegamos a contratar hasta 400 empleados en unos cuantos días, de los cuales el 85 por ciento eran salvadoreños”, dijo Lizama Morales.

“Todos los que participamos en este trabajo estamos orgullosos, como hispanos, de haber aportado a la reconstrucción de este pedazo de historia de Estados Unidos”, agregó.

Testigo de primera mano

Una de las personas que ayudó en la reconstrucción del Pentágono fue Nilson Cañénguez, quien en la actualidad está expuesto al limbo migratorio.

De acuerdo con datos publicados por el periódico argentino La Nación y la cadena CNN, la vida de Cañenguez en suelo estadounidense comenzó en 1999 cuando cruzó la frontera. 

Poco después, en 2001, obtuvo la protección del TPS, un estatus que le permitió insertarse formalmente en el rubro de la construcción.

Tras más de dos décadas de permanencia amparada en Estados Unidos, alrededor de 170,000 personas originarias de El Salvador se enfrentan al fin del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés).

Cañenguez, durante sus primeros años amparado por el beneficio, participó en obras emblemáticas para el Gobierno estadounidense, tales como la edificación del centro de visitantes del Capitolio y los trabajos de reconstrucción en el Pentágono.

A pesar de que el permiso tenía un carácter transitorio, Cañenguez aprovechó la oportunidad legal para forjar su patrimonio. 

Invirtió en el rubro logístico con la adquisición de camiones, fundó una firma de transporte y, posteriormente, una compañía de construcción comercial que actualmente brinda empleo a más de 250 personas.

“Por medio de mis empresas le di la residencia a varias personas, pero no me la pude dar para mí”, comentó Cañenguez en tono irónico a la cadena estadounidense.

Durante sus 25 años en EE.UU., el empresario logró reunificarse con su esposa y tres hijos, además de adquirir una vivienda familiar. 

Paralelamente, ha mantenido una participación activa en gestiones de cabildeo ante el Congreso norteamericano con la intención de impulsar una reforma que otorgue una vía de regularización permanente a los beneficiarios del programa.

Sin embargo, ante la posible suspensión de la medida, reconoce la zozobra que rodea a su entorno:’ 

“Hay incertidumbre como familia”, manifestó. Ante este panorama, el salvadoreño contempla delegar la administración de sus operaciones en EE. UU. a sus hijos, mientras proyecta regresar a El Salvador para ponerse al frente de otros emprendimientos que posee en el territorio nacional.

Imagen del Pentágono, en Estados Unidos. Foto EDH/AFP

Alto impacto en la economía estadounidense

La conclusión de la vigencia del TPS no solo afecta la estabilidad de miles de familias salvadoreñas, sino que también representa un remezón para la economía norteamericana.

Según estimaciones de la organización FWD.us difundidas en el reporte, la población salvadoreña bajo el TPS aporta unos $5,400 millones anuales a la economía de Estados Unidos y tributa un aproximado de $1,500 millones al año en impuestos federales, estatales y locales.

Se calcula que cerca de 152,000 tepesianos salvadoreños están integrados a la fuerza laboral en Estados Unidos, de los cuales unos 36,000 desempeñan labores en el sector de la construcción. 

Con datos de CNN y La Nación

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