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«Sin combustible, sin comida»: Por qué el petróleo influye tanto en la producción de alimentos

El petróleo está presente en casi todas las etapas de la producción agrícola, una dependencia que vuelve a los alimentos más vulnerables cada vez que aumentan los precios internacionales de la energía

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El petróleo es uno de los principales insumos dentro de la cadena productiva de alimentos. Imagen de referencia / elaborada con IA

El precio del petróleo no solo determina cuánto cuesta llenar el tanque de un vehículo, sino que también influye en buena parte de la cadena que hace posible que los alimentos se puedan producir, ya que interviene en la fabricación de fertilizantes, sirve de insumo para la maquinaria agrícola y permite transportar los granos u hortalizas desde el campo hasta los distribuidores. Esa dependencia explica por qué cada aumento en los costos de la energía termina trasladándose al bolsillo de los consumidores.

Esa dependencia adquiere mayor relevancia cuando el conflicto en Medio Oriente mantiene la incertidumbre sobre el mercado petrolero, algo que ha provocado que organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) adviertan que ese escenario seguirá presionando los precios de los fertilizantes y de los alimentos durante los próximos meses, un riesgo que también alcanza a países importadores de petróleo como El Salvador.


Un análisis elaborado por la Iniciativa de Seguridad Alimentaria y Asequibilidad de Estados Unidos explica que la agricultura moderna depende mucho más de los combustibles fósiles de lo que podría creerse. Por ejemplo, menciona que el gas natural es la materia prima con la que se produce el amoníaco utilizado para fabricar fertilizantes nitrogenados, mientras que los fertilizantes fosfatados requieren ácido sulfúrico obtenido del azufre recuperado durante el refinado del petróleo y del gas.

En este sentido, señala que también forma parte del resto del proceso, ya que el diésel mueve tractores, cosechadoras y sistemas de riego, además de los camiones y barcos que transportan semillas, granos y alimentos, por lo que un incremento en el precio del combustible eleva simultáneamente los costos de producción y de distribución.

Por ello, afirma que ese efecto incrementa cuando aumentan las materias primas pues, de acuerdo con la Iniciativa, un incremento del precio del azufre hasta los $1,000 por tonelada puede añadir cerca de $400 al costo de producir una tonelada de fertilizantes fosfatados, antes incluso de considerar gastos como transporte, almacenamiento o comercialización.

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El fenómeno de El Niño representa una amenaza para la producción de alimentos, sobre todo, en aquellos cultivos que son de subsistencia. Foto: EDH / AFP

«Cuando producir se vuelve más caro, los agricultores suelen reducir la cantidad de fertilizante que aplican, sembrar menos superficie o buscar alternativas de menor costo, decisiones que meses después terminan reflejándose en menores rendimientos y alimentos más caros en los supermercados.

«Cuando los costes suben, los agricultores tienen que tomar decisiones difíciles. Menos acres. Menos fertilizante por acre. Operaciones reducidas. Esas opciones aparecen meses después como una oferta más ajustada, menores rendimientos y precios más altos en el supermercado», señala la entidad en su sitio web, donde deja claro que sin combustibles, prácticamente no hay comida.

En El Salvador, ese fenómeno ya ha comenzado a sentirse, pues los fertilizantes figuraron recientemente entre los productos que más han impulsado la inflación, de acuerdo con el Banco Central de Reserva (BCR), mientras que los productores agrícolas siguen enfrentando costos elevados para producir granos básicos a causa de esa volatilidad en los insumos.

La preocupación adquiere mayor importancia porque el país depende de las importaciones para abastecer buena parte de los fertilizantes que consume y también compra en el exterior los combustibles que utiliza, por lo que cualquier choque en los mercados internacionales termina trasladándose con rapidez a la producción agropecuaria nacional.

Ese escenario coincide con las advertencias de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET), que recientemente informó que miles de agricultores de subsistencia del oriente salvadoreño ya agotaron sus reservas de alimentos. Si a esa situación se suman fertilizantes más caros, mayores costos de transporte y combustibles más costosos, producir alimentos se vuelve todavía más difícil para uno de los sectores más vulnerables en el país.

De hecho, el efecto es tal que algunos organismos consideran que el encarecimiento de los alimentos que ya se percibe podría empeorarse en los próximos meses, en la medida en que el conflicto en Irán no cese.

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