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“Esta milpa ya está perdida”: la sequía golpea a los productores de maíz de San Esteban Catarina

Los agricultores del norte de San Vicente reportan pérdidas de hasta un 90% del maíz a causa de la sequía, algo que los deja sin los recursos necesarios para pagar sus deudas o para subsistir.

Primer plano de las manos de un agricultor sosteniendo una mazorca desgranada e incompleta. Se aprecian granos irregulares de color blanco cremoso cubiertos parcialmente por residuos orgánicos y signos de pudrición o gusanos debido a la sequía.
Francisco Javier Barahona expone el daño interno de una mazorca, donde la falta de agua detuvo el llenado de granos y facilitó el ataque de plagas en su siembra de San Esteban Catarina. Foto EL DIARIO DE HOY/ Jessica Orellana

San Esteban Catarina, al norte de San Vicente, es un municipio en el que una gran parte de la población vive y subsiste gracias a la agricultura. Sin embargo, este 2026 no ha sido bueno para los productores de esa zona, quienes han visto cómo sus cultivos de maíz, simplemente, ya se perdieron.

Así lo explicaron a El Diario de Hoy Luz Elena y Manuel Calderón, dos hermanos que llevan casi toda su vida trabajando la tierra y que, a su vez, coinciden en que los estragos que El Niño ha provocado sobre sus milpas durante lo que va de 2026 es algo que han visto muy pocas veces desde que tienen memoria. A lo mejor dos veces: «Nunca habíamos perdido una milpa completa desde el año 1998», recuerda Manuel, quien hace referencia a cuando se pudrieron todos los elotes a causa de la humedad excesiva provocada por el devastador huracán Mitch.

Ver las plantaciones de maíz en la zona de San Esteban Catarina podría confundir a los visitantes: Las plantas lucen verdes, las mazorcas, aunque pequeñas, parecieran que están a punto de crecer y convertirse en un elote adecuado para su venta, pero no sucederá eso; se quedará todo en mulquite, es decir, mazorcas de maíz sin desarrollar.

Luz Elena explica que su milpa la sembró entre el 17 y 18 de junio y cuenta ya setenta días desde entonces, sin embargo, muchas de las matas no superan el medio metro, otras sí pero sus mazorcas no han logrado crecer lo suficiente, algo que, en palabras de la productora agrícola, «es decepcionante», porque ha perdido el 90% de su siembra. Ya no hay esperanzas de recuperar algo.

«Esta milpa ya está perdida, porque lo que se va a cosechar va a ser, prácticamente, lo que nosotros llamamos ‘mulquite’, que es la mazorquita que se queda pequeña. Entonces, la producción no va a funcionar”, lamenta la agricultora, quien actualmente ocupa el cargo de secretaria en la Cooperativa de Aprovisionamiento Agropecuario La Esperanza (Acalese de R.L.), una asociación que aglutina a más de 200 pequeños productores agrícolas del municipio.

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Manuel Calderón es uno de los pequeños productores agrícolas que, a causa de El Niño, perderá hasta un 80% del maíz que ha cultivado. Foto: EDH / Jessica Orellana.

En el caso de Manuel, cuya milpa se sembró un par de días después que la de Luz Elena, las pérdidas rondan un número similar, aunque apunta que de los 30 quintales de maíz que esperaba producir en su pequeña parcela, logrará, a lo mucho, unos 6 quintales, es decir, una pérdida de hasta un 80%.

La razón de todas estas pérdidas es El Niño, un fenómeno meteorológico que está afectando al país y que ha derivado en una disminución bastante significativa de las lluvias, provocando incluso largos períodos de sequía en distintas zonas del país, principalmente en el oriente salvadoreño.

En el caso de San Esteban Catarina, tanto Luz Elena como Manuel explican que sí ha llovido, pero no ha sido suficiente, ya que también enfrentaron varios días seguidos sin lluvias en semanas pasadas, algo que se observó durante las etapas más críticas en el desarrollo del maíz, por lo que a la fecha, esas plantaciones no lograron rendir como se esperaba.

Francisco Barahona, otro productor de la zona, y quien al igual que los hermanos Calderón también tiene que arrendar la tierra en la que siembra, señala que desde que sembró su milpa ha contado, a lo mucho, unas cuatro lluvias, las cuales tampoco han sido suficientes para nutrir las plantaciones de maíz. De hecho, afirma que, en su caso, estima una pérdida de hasta el 75% de su producción.

«El invierno entró con sequía. No es porque no hayamos acatado las recomendaciones de sembrar temprano (a finales de abril), sino que uno también se va guiando por cómo va el tiempo. Si hubiéramos sembrado en la última semana de abril, igual se hubiera perdido”, subraya Luz Elena.

Lo anterior, Luz Elena lo menciona en relación con las declaraciones recientes del viceministro de Agricultura y Ganadería, Óscar Domínguez, quien atribuye la pérdida de los cultivos en distintas zonas del país a no haber acatado las recomendaciones de siembra para la última semana de abril. Sin embargo, los productores de San Esteban Catarina apuntan que de nada hubiera servido, ya que no habían lluvias, por lo que decidieron esperar a las primeras lluvias de junio, las cuales duraron poco y fueron insuficientes.

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La insuficiencia de las lluvias ha provocado que las mazorcas se queden en «mulquites», es decir, elotes sin desarrollar, los cuales no pueden venderse y solo sirven para alimentar el ganado. Foto: EDH / Jessica Orellana.

A la pérdida de los cultivos se suma un aspecto que termina por herir incluso más a los agricultores de la zona: La gran mayoría debe pagar lo correspondiente al arrendamiento por trabajar la tierra, lo que se añade a otros gastos ya realizados como los fertilizantes, pesticidas, mano de obra y las propias semillas, sin embargo, sin cosecha no hay recursos para asumir esos gastos, muchos de los cuales se han realizado a partir de préstamos con instituciones financieras. «Este año no hemos ganado nada, al contrario, hemos salido perdiendo», recalca Luz Elena.

La secretaria de Acalese calcula que, por manzana de terreno cultivada, el costo de producción se eleva a cerca de $1,000, los cuales en un buen año y con buenos rendimientos, pueden convertirse en una ganancia de hasta $700 extras por cada manzana. Con el escenario actual, no alcanzaría ni para pagar el alquiler de la tierra, que ronda los $200.

Esta situación, más allá de representar un grave riesgo para la seguridad alimentaria del país, representa un problema más local para los productores como Francisco, quien explica que ahora lo que tocará es buscar otras fuentes de ingreso, ya que cuando no está trabajando la tierra se dedica al oficio de la albañilería. «Primero Dios salgan algunos trabajitos», afirma en medio de su milpa, la cual tiene más tonos amarillentos que la de Luz Elena, signos claros de que las matas están a punto de morir del todo.

“La mayoría de agricultores somos de escasos recursos y, aparte de eso, estamos desmotivados porque ya estamos pensando en no sembrar. Tal vez, si lo hacen, sea solo en dos o tres ‘tareítas’, como les llamamos, que son pequeñas parcelas que se siembran por libras, prácticamente solo para el consumo, para echar las tortillas, para sobrevivir”, concluye Luz Elena.

Un hombre con un sombrero de tela oscuro y una camisa azul de manga larga se para entre filas de plantas de maíz altas en San Esteban Catarina. Sostiene un machete y mira hacia un lado con expresión seria. La milpa muestra signos de estrés hídrico, con algunas hojas secas y amarillentas, bajo un cielo despejado. El encuadre es a través de las hojas de maíz en primer plano, lo que le da profundidad a la escena.
Francisco Javier Barahona, agricultor de San Esteban Catarina, San Vicente, contempla con preocupación su cultivo de maíz afectado por la falta de lluvia. La sequía amenaza la seguridad alimentaria de su familia. Foto EL DIARIO DE HOY/ Jessica Orellana

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