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Celtic FC: caballo que alcanza, gana

A lo Juda Ben-Hur el Celtic Football corrió por ¡meses! tras el líder de la Scottish Premiership contracorriente, burlas y quinielas en contra, para alzarse en la vuelta final con un título bañado más que de oro, de completa épica

CELTIC FC HEARTS OF MIDLOTHIAN MAYO 2026 BEN-HUR MESSALA FINAL SCOTTISH PREMIERSHIP
Foto: IMDB Intervención: Roberto J. Leiva

Épica absoluta, locura desatada, resiliencia llevada al paroxismo. El Celtic Football Club le extirpó la corona de las manos al Hearts of Midlothian en la última jornada de la Scottish Premiership 2025-2026.

Los católicos corrieron desde atrás durante meses, habitando las sombras del escolta sin saborear el liderazgo ni una sola vez desde octubre de 2025.

El destino, caprichoso, dictaminó que la única rendija para asaltar la cima del campeonato coincidiría con el último suspiro del certamen: era vencer o morir en su propio reducto.

El pasado sábado, Celtic Park mutó en una caldera ensordecedora. El Hearts arribaba a «Paradise» portando los galones de un líder que, si bien había dilapidado valiosas unidades en el epílogo del torneo, conservaba la prerrogativa de sellar su suerte en el feudo de uno de los máximos acaparadores de títulos del fútbol escocés.

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La travesía del Celtic hasta este día crucial estuvo minada de turbulencias: la temporada vio desfilar a un deslucido Brendan Rodgers, huérfano de ideas frescas, y al franco-canadiense Wilfried Nancy, resistido en los pasillos de Lennoxtown bajo acusaciones de vulnerar las jerarquías internas del club del trébol.

En medio del desconcierto, emergió la figura mítica de Martin O’Neill, prócer que supo bordar tres estrellas ligueras en el pasado. Con 74 abriles a cuestas y salido de los cuarteles del retiro, asumió el timón en dos interinatos providenciales para enderezar la nave celta tras las respectivas salidas de Rodgers y Nancy.

Semejante empresa, tildada de utópica por los sectores más escépticos de la prensa, exigía convivir con una presión asfixiante, el desgaste del plantel y el acecho pertinaz del Rangers como una molesta piedra en el zapato.

Sin embargo, la oportuna eliminación de la UEFA Europa League a manos del Stuttgart operó como un bálsamo, descomprimiendo un calendario cruento y permitiendo concentrar toda la artillería en el frente doméstico, tras 226 extenuantes jornadas habitando el segundo y tercer peldaño de la clasificación.

Como en la célebre carrera de cuadrigas de Ben-Hur, el Hearts asumió el rol de un soberbio Messala, exigiendo al límite a los dos colosos de Glasgow.

Mientras la biga del Rangers se hizo añicos tras sucumbir en el último Old Firm, los «Bhoys» resistieron el embate, llegando con vida a la cita final merced a un agónico empate en Fir Park ante el durísimo Motherwell.

En el albor del desenlace, el libreto pareció inclinarse a favor de la escuadra granate: al filo del descanso, su buque insignia, Lawrence Shankland, adelantó a la visita enmudeciendo provisionalmente a Paradise.

Al Hearts le bastaba una paridad para coronarse, y los listones del trofeo ya se teñían de blanco y carmesí.

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No obstante, la mística de Celtic Park bajó desde los graderíos. Tras el gol, el dueño de casa encontró rápido el empate por la vía del penal, ejecutado por Arne Engels con una dosis de fortuna providencial, ya que el golero Alexander Schwolow estuvo a un tris de desviar el remate.

Con las tablas en el marcador, el Celtic aún precisaba un gol para consumar una de las remontadas más grandiosas del fútbol británico.

El estallido definitivo llegó a los 87 minutos de la mano del japonés Daizen Maeda, en una acción cargada de suspenso que requirió el aval del VAR tras haber sido anulada inicialmente por el juez de línea. El estruendo del festejo celta, sin dudas, cruzó la geografía escocesa hasta retumbar en el distrito de Gorgie, en la capital.

Con el orgullo herido, los dirigidos por Derek McInnes, punteros durante 226 días y 87 minutos, se inmolaron en ataque buscando el empate que les devolviera la gloria.

En una última e incendiaria carga que incluyó al propio arquero Schwolow buscando el milagro en el área rival, la retaguardia celta resistió casi hasta desfallecer.

Kelechi Iheanacho recuperó un balón providencial y activó el contragolpe para el juvenil Callum Osmand, quien ingresando como revulsivo definió en absoluta soledad con la valla desguarnecida.

Celtic Park tronó por segunda vez, decretando el fin del sufrimiento.

Judah Ben-Hur rubricó la hazaña que los analistas consideraban un imposible, quebrando la resistencia de un Messala al que se le acalambraron las piernas a escasos centímetros de la cinta de llegada.

Contra todos los pronósticos y las mofas de ocasión, el Celtic FC se calzó la corona de olivo y demostró que la realidad, cuando se tiñe de épica, supera con creces a la ficción.

Hoy, las trompetas de la victoria suenan más fuertes que nunca en Glasgow: los de verde y blanco vuelven a reinar en Escocia ¡tras 96 años de espera!

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