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El ascenso y tremenda caída de Enrico Dueñas

OPINIÓN. Enrico Dueñas Hernández pasó en una década de formar parte de las divisiones menores del poderoso y mítico Ajax FC a ser un agente libre en la actualidad

Enrico Dueñas
Enrico Dueñas, entrena para la selección mayor de fútbol. Foto EDH/ Archivo

El cierre del ciclo de Enrico Dueñas Hernández en el Alianza Fútbol Club no es un dato menor en la bitácora de su carrera profesional.

Tras un periplo por demás precario con el conjunto albo, el futbolista fue declarado baja, sellando así el fracaso de la que se vislumbraba como su última carta de peso para intentar encauzar una trayectoria profesional que hoy, a los 25 años, asoma peligrosamente al abismo.

Resulta un ejercicio de crudo contraste repasar su derrotero. Hace apenas diez años, Dueñas formaba parte de la reputada y gloriosa academia del Ajax, un templo del fútbol mundial donde el talento se pule con rigor de orfebre.

Allí, compartía vestuario, sueños y balones con figuras de la talla de Sven Botman, Jurrien Timber o Brian Brobbey; nombres que hoy son moneda corriente en la elite de la Premier League y el fútbol europeo de vanguardia.

Mientras Botman custodia la zaga del Newcastle United, Timber hace lo propio en el Arsenal y Brobbey se foguea en el Sunderland, Dueñas se enfrenta a un futuro por completo nebuloso en el deporte de alta competencia.

Es una verdad de perogrullo, pero no por ello menos dolorosa: a los puertos más selectos solo arriban los mejores, o acaso aquellos que logran amalgamar el don natural con la templanza necesaria.

Lo que para Enrico no pudo ser, es una herida abierta y común para miles de jóvenes que pueblan las inferiores del mundo y que ven cómo el tren de la gloria pasa de largo.

Su camino lo condujo en un principio al primer plantel del Vitesse Arnhem, otro escaparate de fuste en los Países Bajos, donde compartió nómina con valores como Armando Broja, Lois Openda o el experimentado Remko Pasveer.

Llegó incluso a estampar su firma en un contrato profesional por dos temporadas con la entidad de Arnhem; sin embargo, sus rendimientos estuvieron lejos de convencer al cuerpo técnico. Aquella oportunidad de oro, que para muchos es el inicio de una leyenda, terminó siendo para él un tren que no supo o no pudo abordar con éxito.

Lo que siguió fue un derrotero marcado por la irregularidad: una cesión al FC Eindhoven y regresos a las escuadras juveniles del Vitesse que terminaron configurando un período para el olvido.

Tras esa etapa, su fútbol se dispersó en la cuarta división de España y luego en un salto de mediana cuantía al Top Oss de la segunda división neerlandesa, antes de recalar finalmente en el Alianza, donde su paso se limitó a destellos aislados y cuentagotas técnicos que estuvieron muy por debajo de las expectativas que generó su fichaje.

Este declive pronunciado tuvo su correlato inevitable en la Selección Nacional. La Selecta, que en algún momento lo divisó como una gran promesa capaz de oxigenar el juego de las mayorías, terminó por cerrarle las puertas.

Enrico dejó de ser una pieza de convocatoria para convertirse en un recuerdo de lo que pudo haber sido. Lamentablemente, su carrera se vio aliñada también por episodios extradeportivos vinculados a la indisciplina y a una cierta desidia profesional que, según ha trascendido públicamente, terminaron por minar la confianza de entrenadores y dirigentes por igual.

Hoy, el fútbol le presenta su cara más gélida: la de quien debe reinventarse desde la soledad del agente libre.

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