Light
Dark

VIH: Se acabó el dinero, ¿se acabó la prevención?

El Salvador necesita pasar de campañas ocasionales a una estrategia nacional permanente, con metas públicas, presupuesto, evaluación y responsables.

doctor-lara (1) thumbnail

El VIH no se ha ido. Lo que parece haberse ido es la capacidad de algunas instituciones, organizaciones, de seguir combatiéndolo cuando el dinero deja de llegar, porque este tema no es solo gubernamental. Es colectivo y más una responsabilidad de quienes disfrutaron la bonanza de este tema y conocieron hasta el mundo de congreso en congreso.

Los 489 nuevos diagnósticos de VIH registrados en El Salvador durante los primeros meses de 2026, con un incremento de 14.3% respecto al mismo período del año anterior, deberían ser mucho más que una cifra estadística. Son 489 señales de que la prevención no puede funcionar por temporadas, dependiendo de proyectos, convenios o financiamientos que aparecen y desaparecen.

El dato debe obligarnos a actuar, no a estigmatizar. Que la mayoría de los nuevos diagnósticos corresponda a hombres no permite atribuirlos automáticamente a una determinada orientación sexual. La epidemiología necesita evidencia, no prejuicios.

El camino está claro: más pruebas voluntarias y confidenciales, diagnóstico temprano, educación sexual basada en evidencia, uso correcto del preservativo, acceso oportuno a PrEP cuando esté indicada, tratamiento inmediato para quienes viven con VIH y seguimiento permanente. Basta   ya  de vivir de congreso en congreso de viajes, viáticos y tanta acción incensaría.

Pero existe otra epidemia que también debemos discutir: la dependencia institucional.

Durante años, distintas organizaciones dedicadas a la prevención del VIH han realizado esfuerzos importantes con apoyo de la cooperación internacional. Ese respaldo ha sido valioso. El problema aparece cuando una institución se acostumbra tanto al financiamiento externo que, cuando el dinero disminuye, también disminuye su capacidad para trabajar. Muchos años atrás lo dije el error mas grande es tanta acción que no es sostenible , se acaba el financiamiento se acaba la acción. 

La pregunta incómoda es inevitable: ¿cuánto de esos años de financiamiento se convirtió realmente en capacidad sostenible?

No basta con esperar al próximo donante. Hay que construir alianzas con universidades, empresas, municipalidades y comunidades; profesionalizar la gestión; diversificar las fuentes de financiamiento y convertir cada dólar recibido en infraestructura humana y social que permanezca cuando el proyecto termine.

Y aquí el llamado debe ser contundente.

Las organizaciones deben rendir cuentas, medir resultados y demostrar sostenibilidad. Las empresas deben dejar de mirar el VIH como un problema ajeno. Las universidades deben involucrarse con educación e investigación. La educación sexual y reproductiva desde sexto grado debe ser parte de la educación formal en escuelas y colegios es urgente y necesaria Y la ciudadanía debe entender que hacerse una prueba no es un acto de miedo: es un acto de responsabilidad.

No podemos esperar a que aumenten los diagnósticos para reaccionar. Hay que salir a buscar a quienes no llegan voluntariamente a los centros de salud, acercar las pruebas a las comunidades, combatir la desinformación especialmente la informal y garantizar que nadie abandone el tratamiento por falta de acompañamiento.

El Salvador necesita pasar de campañas ocasionales a una estrategia nacional permanente, con metas públicas, presupuesto, evaluación y responsables.

Porque 489 diagnósticos no son simplemente 489 números. Son 489 oportunidades para preguntarnos qué estamos haciendo mal y, sobre todo, qué vamos a hacer mañana.

El VIH no espera al próximo desembolso, al próximo proyecto ni a la próxima conferencia. Si nosotros seguimos esperando, la epidemia seguirá avanzando. Y cuando la prevención depende de que llegue un cheque, no tenemos una política de salud: tenemos una cuenta regresiva.

Médico.

Legales Obituarios Epaper