No se puede predecir a ciencia cierta si una persona se suicidará, como tampoco se puede afirmar de forma categórica que alguien no lo hará. Siempre hay que estar atentos, conocer los factores de riesgo y de protección.
No se puede predecir a ciencia cierta si una persona se suicidará, como tampoco se puede afirmar de forma categórica que alguien no lo hará. Siempre hay que estar atentos, conocer los factores de riesgo y de protección.
Hoy, 10 de septiembre, cuando escribo este artículo, es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. El objetivo es aumentar la conciencia pública sobre este fenómeno y generar conocimiento sobre cómo prevenirlo.
La naturaleza del suicidio es muy compleja, y en ella intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Se ha observado de forma consistente que la serotonina, un neurotransmisor, se encuentra deficiente en las personas con tendencia al suicidio. En estudios con personas que han sobrevivido a intentos suicidas de alta letalidad y en cerebros de personas que han cometido el acto, se ha detectado escasez de 5-HIAA, un metabolito de la serotonina. Este neurotransmisor está relacionado con la regulación de los impulsos y el control de la conducta agresiva.
Esta relación es muy importante, ya que, además de indicar que la conducta suicida tiene un componente bioquímico cerebral, indica que muchos actos suicidas son impulsivos y, por tanto, prevenibles. Pero existen casos de suicidio no impulsivos, en los que la persona ha planificado su muerte durante mucho tiempo y de forma minuciosa. Habría que determinar si este tipo de conducta también tiene una base fisiológica.
Los aspectos psicológicos son, por supuesto, muy relevantes. Existen personas que sufren mucho en la vida y que nunca han contemplado el suicidio. De otras, las personas dicen: «¿Por qué lo habrá hecho si lo tenía todo?». Pero cada mente es un mundo, y piensa, siente y reacciona de diferente manera.
No se puede predecir a ciencia cierta si una persona se suicidará, como tampoco se puede afirmar de forma categórica que alguien no lo hará. Siempre hay que estar atentos, conocer los factores de riesgo y de protección.
El sexo masculino, la adolescencia, las adicciones, los trastornos afectivos como la depresión y la ansiedad son factores de riesgo reconocidos. El tener familiares que se hayan suicidado es también un factor de riesgo y puede indicar un elemento hereditario. Las crisis financieras, los problemas legales y las pérdidas de seres queridos son antecedentes en los que hay que fijarse.
Por otro lado, el practicar una religión, el tener pareja estable y una buena red de apoyo social son factores de protección. Estos elementos de riesgo y algunas otras señales pueden ser advertidos por familiares, amigos, compañeros de trabajo.
Dos puntos importantes de señalar son, en primer lugar, que las personas pueden no cometer el acto suicida en la fase más profunda de un estado depresivo, sino cuando mejoran del mismo. Cuando la depresión está en su período más crítico, no tiene la energía para cometer el suicidio, pero, al mejorar, su nivel de energía aumenta y realiza el acto.
Muchas personas que se suicidan han informado su intención a personas cercanas, y muchas fueron vistas por un médico el mes anterior. Esto hace obligatorio indagar.
La inmensa mayoría de personas que consideran o planean el suicidio no quieren morir, y su objetivo es dejar de padecer un sufrimiento que consideran insoportable. Esto abre espacio para la intervención y la ayuda.
El suicidio es un problema de salud pública. Cada año se suicidan en el mundo un promedio de 720.000 personas, es decir, una cada 40 segundos. Esta cifra supera las muertes por guerras y asesinatos juntos. Y una gran cantidad de estos suicidios se podrían evitar con detección oportuna e intervención.
No se puede predecir lo que una persona es capaz de hacer, pero se puede indagar el riesgo.
Médico Psiquiatra.
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