a los dictadores no les importa el sufrimiento que sus persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos causen, mientras ellos estén bien, transportándose en carros y, en el caso ruso, en aviones blindados.
a los dictadores no les importa el sufrimiento que sus persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos causen, mientras ellos estén bien, transportándose en carros y, en el caso ruso, en aviones blindados.
Las nefastas consecuencias de la no provocada invasión de Ucrania por el criminal de guerra Vladimir Putin —agresión que a finales de febrero cumplió cuatro años— están causando mucho malestar en Rusia, tanto por la muerte o invalidez de personas reclutadas a la fuerza como por el creciente alto costo de los alimentos, la escasez de bienes de consumo… a lo que se suma que varias ciudades y regiones están quedando sin hombres jóvenes debido a la guerra.
Al lanzar la ofensiva, que el criminal denominó “Operación Zeta”, imaginando que en cuatro semanas habría anexado Kiev, “el tiro le salió por la culata”, pues tres días después de iniciarse la invasión, los ucranianos hundieron el buque insignia de la marina rusa.
¿Cuál ha sido la respuesta de Putin al creciente descontento y rechazo a sus políticas?
La reacción es la usual cuando una dictadura enfrenta rechazo: aumentar la represión, cerrar publicaciones —incluyendo periódicos o grupos independientes—, encarcelar editores… Putin no se ha quedado atrás, sino que ha llegado al extremo de volver a erigir la escultura del fundador de los servicios secretos rusos, la KGB, derrumbada tras el colapso de la Unión Soviética.
¿Recuerdan ustedes que el poeta comunista chileno Pablo Neruda compuso una “Oda a Stalin”, pese a los cuarenta millones de rusos víctimas de la represión estalinista, la segunda más espantosa mortandad después de la causada por Mao, fundador del Partido Comunista Chino, quien segó la vida de sesenta millones de chinos a causa de las hambrunas provocadas por sus políticas, y primordialmente por “El Gran Salto Adelante”?
Pero a los dictadores no les importa el sufrimiento que sus persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos causen, mientras ellos estén bien, transportándose en carros y, en el caso ruso, en aviones blindados.
El caso más extremo de tal demencia es el de Kim Jong-un, que exige “obediencia absoluta”, a quien no le “quita el sueño” que los norcoreanos sufran hambre y sean perseguidos por microscópicas desviaciones, mientras sostiene el desarrollo de misiles atómicos…
La narcodictadura venezolana, hasta hace muy poco encabezada por el chofer Nicolás Maduro (en estos momentos encarcelado en Estados Unidos, donde debe de estar rogando a las once mil vírgenes, que ICE llegue a buscarlo a la cárcel para deportarlo…
¿Cuál es el delito que se les imputa? Bien se sabe: narcotráfico, delito perseguido en todos los países y que ha provocado sangrientas guerras entre mafias que se disputan territorios.
La democracia, la libertad de expresión
y el cristianismo son la redención del hombre
En Venezuela, uno de los países más ricos en recursos —minas, potencial hidroeléctrico, etcétera—, un alto porcentaje de la población busca en basureros algo que comer, y los niños prematuros mueren en hospitales por falta de incubadoras…
Pero a los dictadores, como decimos, no les importa el sufrimiento ajeno: el sufrimiento de gente en casi todo sentido indefensa…
Tales grupos de poder se aferran “con las veinte uñas”. Ni la mafia venezolana, ni los castristas, ni otros regímenes quieren dejar el poder.
La democracia, la economía de mercado, la libertad de expresión, el cristianismo y los Diez Mandamientos son la respuesta, el antídoto…
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