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Una sorprendente obra teatral

Un sacerdote encuentra en una venta del rastro un Cristo roto, muy antiguo; lo compra con la idea de que un experto lo restaure. Cuando está a punto de iniciar ese proceso, el Cristo le ordena que lo deje tal como está, porque quiere que nos acerquemos a Él, con nuestros quebrantos, estando rotos, destruidos, sin fuerzas, y lo veamos plenamente identificado con nosotros; que palpemos que toma para sí nuestro sufrimiento y, entonces, en reciprocidad, nosotros asumamos nuestras penas en el afán de aminorar los dolores indecibles que Jesús padeció por nosotros.

Leí en Religión en Libertad, una historia tan simpática como sorprendente: el éxito arrasador de una obra de teatro nacida en un pueblito español y que ahora triunfa nada menos que en Madrid, esa gran metrópoli cosmopolita, exigente… y mayormente, descreída.

Primero, el por qué nació esta obra teatral. Resulta que Chinchón, un pequeño poblado, las monjas clarisas tenían serios problemas económicos que no les permitían el debido mantenimiento de su convento. José Antonio Turiégano, deseando ayudarles, decidió montar una obra de teatro para la localidad, encontrando para ello una que le pareció ideal: “Mi Cristo Roto”, obra del jesuita Ramón Cué, y la adaptación escénica del actor mexicano Alberto Mayagoitia. Así, después de tres años de preparativos y de contar con la ayuda del sacerdote local, José Manuel García-Plaza, las clarisas, tras las rejas de su convento, pudieron contemplar el estreno de la obra en octubre del año pasado.

Al estreno, en el Teatro Lope de Vega, de Chinchón, asistió el profesional del sector de eventos Raúl Respaldiza, quien quedó profundamente impactado por la obra y, desde entonces, sintiendo que se le encomendaba una misión, se dedicó a llevar la obra fuera de Chinchón, estando ahora ya presentándose con gran éxito en Madrid. Los detalles de este periplo pueden leerlos en la página web de ReL.

Me alegró muchísimo que, en momentos en que la humanidad en general y la de las grandes metrópolis, en particular, se muestran no solamente indiferentes, sino incluso violentos, acerca de todo lo religioso (especialmente lo católico), esta obra triunfe. Y me alegría se debe principalmente a cuánto bien recibirán los asistentes, que tal vez así se sientan motivados a leer ese librito, que puede cambiar la mentalidad, la actitud y las almas de las personas.

Conocí la obra por medio de mi hermano Ernesto. Una tarde, después de una larga charla, me contó que para él había sido de inmensa ayuda en su vida la lectura de “Mi Cristo Roto”. Ofreció prestármelo cuando regresara de un viaje que iba a realizar de inmediato. Desafortunadamente, poco después de su regreso, falleció en un accidente automovilístico. Y yo olvidé por mucho tiempo el librito mencionado.

Pero hace algunos años, precisamente recordando a mi hermano, me entró la curiosidad y pedí el libro por internet. Tiene apenas 15 cms. de altura y 10 cms.  de ancho. Pero sus 160 páginas son de un valor incalculable.

Se puede describir la obra en pocas palabras: un sacerdote encuentra en una venta del rastro un Cristo roto, muy antiguo; lo compra con la idea de que un experto lo restaure. Cuando está a punto de iniciar ese proceso, el Cristo le ordena que lo deje tal como está, porque quiere que nos acerquemos a Él, con nuestros quebrantos, estando rotos, destruidos, sin fuerzas, y lo veamos plenamente identificado con nosotros; que palpemos que toma para sí nuestro sufrimiento y, entonces, en reciprocidad, nosotros asumamos nuestras penas en el afán de aminorar los dolores indecibles que Jesús padeció por nosotros.

Si usted desea leer algo realmente valioso, busque este librito. Contiene el texto íntegro de las meditaciones o conferencias cuaresmales que el padre Ramón Cué SJ pronunció durante años en la televisión española. Sin duda, su lectura se convertirá en algo muy importante para usted. Le deseo que así sea.

Empresaria.

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