La noche del martes 26 de mayo de 2026, Gianluca Ibarra Silvera, un joven de 22 años nacido y residente en Milán pero de orígenes ecuatorianos, fue asesinado presuntamente por pandilleros de la MS-13 en la estación ferroviaria de Milano Certosa, en la periferia norte de la ciudad.
Según las primeras investigaciones de la Policía de Milán, Gianluca se encontraba junto a su hermano y un amigo en el andén 6 cuando fueron rodeados por un grupo de aproximadamente diez jóvenes de origen latinoamericano. Todo habría comenzado con una discusión que rápidamente escaló hasta convertirse en una persecución sobre las vías del tren.
Durante el ataque, Gianluca recibió una puñalada mortal en la pierna. Los servicios de emergencia acudieron rápidamente al lugar y trasladaron al joven en estado crítico al hospital, donde posteriormente falleció a causa de la gravedad de las heridas.
El teléfono móvil de la víctima permanecía junto a su cuerpo, motivo por el cual los investigadores descartaron desde el inicio la hipótesis de un robo.
El padre de Gianluca, devastado por la tragedia, declaró haber reconocido a uno de los presuntos agresores gracias a sus tatuajes. Según su testimonio, se trataría de un cabecilla de la pandilla MS13, conocida organización criminal de origen centroamericano. “Lo reconocí por los tatuajes, es un jefe de la MS13”, afirmó entre lágrimas.
La Mara Salvatrucha (MS-13) y el Barrio 18, ambas nacidas en Los Ángeles, California pero que han operado fuertemente en El Salvador y otros países latinoamericanos, han sobresalido por su capacidad de expansión, su estructura violenta y su influencia en diversos episodios delictivos, tráfico de drogas, ajuste de cuentas y asesinatos, informó Il Giorno Milano (El Diario Milanés).
Según investigaciones policiales italianas, ambas organizaciones comenzaron a consolidar su presencia en la capital lombarda a principios de los años 2000, aprovechando los flujos migratorios procedentes de América Latina y reproduciendo en Europa modelos organizativos nacidos décadas antes en Los Ángeles.
Durante años, Milán se convirtió en uno de los principales centros de operación de estas agrupaciones fuera del continente americano, al punto de ser considerada por las autoridades italianas como una de las ciudades europeas con mayor actividad de pandillas latinoamericanas.
Barrio 18: expansión y control territorial
Según el periódico, el Barrio 18, una de las pandillas más antiguas y numerosas de origen salvadoreño, estableció su presencia principalmente en sectores como Via Padova, el Parque Trotter y áreas cercanas a la Estación Central de Milán.
Las investigaciones revelaron una organización interna basada en una rígida disciplina y en códigos de conducta que contemplaban castigos físicos para quienes desobedecieran a sus líderes o mostraran simpatía hacia grupos rivales. En los casos más graves, las sanciones podían llegar incluso al asesinato.
Además de Milán, la pandilla logró extender su influencia hacia otras ciudades italianas, entre ellas Génova y, en menor medida, Roma.
Mara Salvatrucha: una organización crudamente violenta
Considerada por los investigadores como una de las pandillas más peligrosas y agresivas, la Mara Salvatrucha —conocida internacionalmente como MS-13— surgió en la década de 1980 entre comunidades migrantes centroamericanas radicadas en Los Ángeles.
Posteriormente se expandió hacia Centroamérica y, más tarde, a diversos países europeos, incluyendo España e Italia.
En territorio italiano, la MS-13 desarrolló estructuras en Milán, Génova y la región de Como, desde donde incluso intentó proyectar su actividad hacia la vecina Suiza.
Uno de los casos que más conmocionó a la opinión pública ocurrió en junio de 2015, cuando un miembro de la pandilla atacó con un machete a un revisor ferroviario en la estación de Villapizzone, en Milán, causándole heridas gravísimas y poniendo en riesgo la pérdida de un brazo.
Otro episodio significativo se registró en marzo de 2019, cuando fue hallado sin vida en San Giuliano Milanese Odir Ernesto Barrientos Tula, considerado uno de los fundadores de la organización en Milán. Las investigaciones apuntaron a un ajuste de cuentas interno dentro de la propia estructura criminal.
Operativos policiales y debilitamiento de las pandillas
A partir de 2015, una serie de operaciones coordinadas entre la Policía del Estado y los Carabinieri permitió desarticular numerosas células de las pandillas latinoamericanas activas en el norte de Italia.
Las investigaciones condujeron a centenares de arrestos y redujeron significativamente la capacidad operativa de organizaciones criminales como la Mara Salvatrucha, el Barrio 18, los Trinitarios y los Latin Kings.
Entre los principales responsables de estas acciones estuvo la Brigada Móvil de Milán, que durante años desarrolló investigaciones especializadas sobre el fenómeno de las pandillas juveniles transnacionales.
Aunque las autoridades consideran que la capacidad de acción de estas organizaciones es hoy menor que hace una década, el reciente homicidio ocurrido en las inmediaciones de la estación de Certosa ha vuelto a despertar la preocupación sobre la posible persistencia de dinámicas vinculadas a las pandillas latinoamericanas.
Los investigadores mantienen una vigilancia constante sobre estos grupos, conscientes de que la violencia, los ajustes de cuentas, el tráfico de drogas y las disputas territoriales continúan formando parte de la cultura criminal que históricamente ha caracterizado a organizaciones como la Mara Salvatrucha y el Barrio 18.
Para las fuerzas de seguridad italianas, la experiencia de los últimos veinte años demuestra que la cooperación internacional y la acción policial sostenida siguen siendo herramientas fundamentales para impedir el resurgimiento de estas estructuras delictivas en Lombardía y en otras regiones del país.
Un sentimiento de xenofobia se extiende en Italia por las operaciones de las bandas de extranjeros, sobre todo provenientes de África y, en menor escala, de Latinoamérica, lo cual afecta la imagen de los latinoamericanos en el país.
Debido a esto se están proponiendo leyes para que los extranjeros que han obtenido la ciudadanía y que han cometido delito puedan ser privados de esa gracia y expulsados.