PSG ganó en penales al Arsenal y retiene la corona de campeón en la UEFA Champions League 2025-2026, Budapest se tiñe de azul oscuro y rojo ¡Salud!
PSG ganó en penales al Arsenal y retiene la corona de campeón en la UEFA Champions League 2025-2026, Budapest se tiñe de azul oscuro y rojo ¡Salud!

Budapest, la capital de Hungría, un país que a los fanáticos más acérrimos del fútbol en El Salvador les provoca urticaria escuchar por el recuerdo de España 1982.
La mágica ciudad magyar que para muchos especialistas en geopolítica, divide a Europa por la mitad, acogió a miles de simpatizantes en su mítico Puskás Aréna para la gran final de UEFA Champions League entre PSG y Arsenal.
«The Killers» puso el toque «Occidental» para alivio de los aficionados clavados también con el tema político, buscando un «respiro» con el cambio de gobierno en Hungría.
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La banda, originaria de Las Vegas, puso en el improvisado escenario sus mejores éxitos para el mundo con temas como «Mr. Brightside», «Somebody Told Me» y «When you were young» que desataron la nostalgia sobre todo en la generación Millenial en el planeta.
A continuación, el músico húngaro Ádám György interpretó en un piano de cola el himno de la UEFA Champions League, mientras la cámara realizó su clásico recorrido por los rostros de las alineaciones respectivas para continuar con la tradición que data desde la campaña 1992-1993 para también erizar la piel de los simpatizantes.


Precioso y auténtico momento en el que un poco de folclor magyar equilibró un poco la propuesta «Occidental» de amenización y entretenimiento previo al pitazo inicial. Tras ello el sorteo pertinente el referí alemán Daniel Siebert procedió a inaugurar el encuentro en un ambientazo.
Un sector del Puskás Aréna lució de forma coordinada con gruesas rayas compuestas por aficionados que se turnaron para ir de rojo y blanco, evocando los colores del Arsenal y haciendo una presencia importante a nivel pictórico desde las gradas para diferenciarse hasta del público neutral presente, no sólo de la fanaticada rival.
El juego inició con un Arsenal ejerciendo una importante presión en el mediocampo del PSG. Un bloque en zona, rocoso, atento, solidario, para cortar cualquier automatismo del equipo parisino. Muchos intercambios para cortar circuitos para priorizar el orden defensivo. Minutos iniciales de estudio doctoral para ambos, sin mayores novedades para los arqueros.
Un rebote azaroso de Vitinha sobre Trossard habilitó a Havertz, quien no siendo un velocista, pudo realizar una importante carrera en busca del gol con su particular zancada.
El delantero alemán evaluó el panorama, nadie lo acompañó en su iniciativa como él lo hubiese querido y decidió fusilar entonces a Safonov, que había cubierto a la perfección la zona media-baja de su arco desde su costado derecho.
Sin embargo, el golpeo de Havertz llevó una precisión y fuerza incuestionables que hicieron que el balón se hundiera cerca de la escuadra y con violencia para chocar finalmente con el techo interno de la portería en cinco minutos de juego. Un golazo.
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El gol preocupó de inmediato al PSG que activó mucho más su sala de máquinas en busca de la paridad con buen trato del balón y su típico manejo paciente pero muy creativo. El París se halló muy herido en su honor propio y no tenía puntos bajos importantes, si acaso por un displicente Fabián Ruiz tomando malas decisiones en ataque y defensa. El resto, sin mayores novedades, situación que tranquilizaba a un Arsenal que sabía cerrar espacios con y sin faltas de forma ordenada.
Una mano de Saka sin intención fue reclamada por el PSG y sus fanáticos, pero la misma no fue sancionable por tratarse de un hecho fortuito, sin que significara liquidar peligro de gol, no hubo ampliación de volumen y nada que finalmente castigara al diminuto extremo del Arsenal y a su equipo. La transmisión televisó la acción y el debate terminó en un parpadeo.


Se adueño del partido y del esférico el PSG, pero no del peligro y de las acciones determinantes en 20 minutos de juego. David Raya no había sido exigido aún ante un rival que le había anotado cinco goles en una sola noche al mismísimo Bayern München, un claro signo de la efectividad extrema del entramado defensivo diseñado por Mikel Arteta y su cuerpo técnico.
Era una final de ataque contra defensa. Arsena se refugiaba de tal manera que iba por completo contra sus pergaminos históricos más recientes, pero con el plan intacto alentado por su temprana ventaja. Había descanso para hidratación, luego salía chocado Nuno Mendes en un cruce accidental con William Saliba. Varias entregas erradas del Paris y la comodidad del Arsenal hacían que el balón no fluyera con la armonía y vistosidad que demandaba la cita. Vitamina para el Arsenal, veneno para el PSG.
Havertz hacía su partido, sabía a dónde ir por el balón, atascar al rival, desesperarlo con la tenencia del esférico… un trabajo silencioso pero clave para la contención desde la sección más adelantada del Arsenal, cooperativa y muy solidaria en todos los sectores.
La mejor del París fue una internada de Nuno Mendes en el área que no encontró a ninguno de sus compañeros desmarcados y un rebote terminó siendo lanzado afuera por Fabián Ruiz, que halló el esférico globeado y lo cabeceó muy forzadamente para encontrar el arco de Raya, tenso, aplicado y con poco trabajo. Dembélé lanzaba un balón a la estratósfera en la primera chance que tuvo para disparar sin marca, síntoma inequívoco del nerviosismo galo al ver cerrados la mayoría de caminos.
Otro tiro de Doué como conversión de rugby confirmaba el padecimiento del PSG, que al intentar probar a Raya falló miserablemente y sin reparos. Havertz tuvo un desmarque inteligente que a nada estuvo del segundo para Arsenal, pero Marquinhos logró enmendarse de su falta más grave de atención que derivó en el gol para mantener muy vivo el cotejo para el conjunto azul. Fabián disparó de lejos y fue el único tiro al arco que bloqueó Raya en el primer acto; el español probó desde un extremo, lejos, y con poca colocación.
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Arsenal ganó un córner sobre el final del tiempo agregado y para tirarlo Saka demoró dos eras glaciares, algo que el colegiado Daniel Siebert no compró y «castigó» terminando el primer acto contra el reclamo de los ingleses.

En la reanudación, Hakimi probó de tiro libre a Raya y fue la primera real y de peligro para el PSG, que continuó con su libreto intacto; aunque tratando de ser más punzante en los últimos metros. Arsenal trataba de salir a la contra con Havertz moviéndose e incomodando a la zaga parisina con su experiencia. Pasaban los minutos y el PSG no daba con la tecla.
La colaboración es total en Arsenal, los extremos marcaban ferozmente para acumular a los laterales en el área y evitar así que los delanteros del PSG tuvieran espacios. Un bloque tan sólido y efectivo que sólo recordaba a esa artística y defensiva guardia griega en la EURO 2004, con una disciplina y orden ateniense pasmosa. Hacía mucho tiempo que un equipo no demostraba tal coraje y acierto en la marca durante una final.
Pero antes de cumplirse los 60′ una sociedad entre Mendes y Kvaratskhelia halló una falta del español Christian Mosquera sobre el georgiano para que el arbitro Siebert decretara penal en favor del PSG. Primero Mosquera fue a las piernas del delantero y después tocó el balón, el VAR lo confirmó y Dembélé anotó engañando a Raya con un tiro ajustadísimo al palo contrario. 1-1 a los 65′ y un poco de «justicia» para el marcador.

Mosquera, ya amonestado, no recibió su segunda amarilla por dicha falta y fue sustituido por Jurriën Timber para evitar quedarse con diez de cara al final del compromiso. Una mitad del estadio, vestida de blanco y alentando al PSG, quemó bengalas para meter el «sí se puede» desde las tribunas y envalentonar más al equipo de sus amores. El ruido que metió el estadio en adelante ya fue más acorde a una final, ya que la tensa calma desde el 0-1 al 1-1 fue enorme en el Puskás Aréna.
Vitinha probaba de larga distancia pero Raya ya tenía controlada la situación que no le exigió nada. Era el enésimo balón a las gradas del PSG, pero ahora, con mucha más energía, emoción y motivación para atacar, pensar, diagramar y meter el sprint final de la victoria.
Kvaratskhelia montó una contra que estuvo a nada de emular el gol de Havertz, aunque el georgiano con la respectiva marca y un desvío de Lewis-Skelly fue fundamental para evitar el segundo del París, el balón dio en el poste dramáticamente ante la mirada de Raya, vencido pero de inmediato aliviado. Una locura, el juego se abría porque ahora Saka subió más y Trossard se olvidó de marcar tanto sin que lo sufriera Safonov. El vértigo rompió el juego para deleite de todos.
Las emociones aumentaron y se vio un amplio despliegue logístico de seguridad tanto de policías como de personal de seguridad desarmado en los contornos del terreno de juego para dotar de más atmósfera al recinto húngaro. Mejoró todo, olía a gol de ambos lados, aunque con acento claro en el área custodiada por Raya. Pacho golpeaba el balón de cabeza y este se marchaba alto.
Un tiro de Vitinha pegó en el techo externo del arco inglés y estuvo muy cerca del segundo a los 89′. De inmediato Raya le puso «hielo» al juego, de mucho ímpetu temporal para el PSG, que seguía cabalgando rumbo una victoria que buscaba con más peligro que el Arsenal.
Los ingleses lograron refrigerar más el duelo sobre el final, incluso con un poco de peligro y control del balón. En la última, una corrida de Barcola estuvo a punto de poner punto y final al cotejo pero su disparo se fue ancho por poco para alivio de rojiblanco. Tras ello Siebert dijo basta y mandó el duelo a tiempos extras.


En la reanudación Arsenal sostuvo más el balón, y el PSG buscó guardarse un poco tras el derroche de energía y fuerza impreso en los noventa minutos. Los jugadores más «frescos» buscaron tener más protagonismo para darle más oxígeno al club y descargar responsabilidades. Poco o nada hubo para rescatar en el primer tiempo extra.
En el segundo, PSG tuvo la total iniciativa con algunos destellos de posesión y picardía del Arsenal. Cesaron las emociones, el estadio silenció bastante y el olor a penales se colaba en todas las narices del Púskas Aréna. Un tiro de Timber que no halló arco probó la concentración de Safonov quien se lanzó en vano ante un balón que de marcharse al arco hubiera sido gol en la menos peligroso de los intentos londinenses. Gyokeres ganó un córner para cesar el asedio inútil del PSG ¿Haría la maldad arriba?
Hubo tensión, varios corazones se agitaron, mas el gol no llegó de última hora. Todo a penales. Reinó el cansancio y la ausencia de inventiva. En el alargue no hubo nada que rescatar para la memoria. Llegó el momento del duelo entre Safonov y Raya, hace diez años que no se definía el partido más importante de una final europea: Real Madrid vs Atlético en Milán. Se vino la tanda.
Para el Arsenal anotaron: Gyokeres, Rice, Martinelli, fallaron Eze y Gabriel. Para el PSG marcaron: Ramos, Doué, Hakimi, Beraldo, atajó Raya a Mendes. Marcador final: 4-3 ganó PSG en penales. ¡PSG es el campeón!
DATOS: Siempre que un ruso fue parte de un club finalista de UEFA Champions League, el club que lo acogió campeonizó en el nuevo formato que data de la campaña 1992-1993. Safonov, el único con dos orejonas en su palmarés.
Arsenal es el tercer equipo que termina invicto en una edición de Champions League sin ser campeón tras Manchester City y Glasgow Rangers (+10 partidos jugados). Sin embargo, sólo Arsenal fue subcampeón de los mencionados.
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