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Filosofarte/Plegaria indígena y permanencia del ser

Mientras estamos vivos y activos esa mente universal nos inunda y anima. Cuando nuestro cuerpo receptor se rompe, sólo nuestro cuerpo genético es interrumpido, no así la fuente primordial del Ser.

Tanto la fe cristiana como la antiquísima sabiduría sánscrita sostienen la continuación de la vida más allá de nuestro ciclo normal existencial de nacer, vivir y morir. Sugieren que la fuente de vida en el cosmos –el “helio primordial” según los astrofísicos—es como una inmensa antena transmisora de radio o imagen. Se compara a cada ser humano como un aparato receptor de las señales radiales o televisivas. Mientras estamos vivos y activos esa mente universal nos inunda y anima. Cuando nuestro cuerpo receptor se rompe, sólo nuestro cuerpo genético es interrumpido, no así la fuente primordial del Ser. Independiente al concepto de reencarnación, seguiríamos teóricamente presentes en el maravilloso espectro de la creación. Una ancestral plegaria indígena parece coincidir con este precepto sagrado: “No te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. No duermo ahí. Soy como mil vientos soplando. Soy como un diamante en la nieve, brillando. Soy la luz del sol sobre el grano dorado. Soy la lluvia gentil del otoño esperado. Cuando despiertas en la tranquila mañana, soy la bandada de pájaros que trina. Soy también las estrellas que titilan, mientras cae la noche en tu ventana. Por eso, no te acerques a mi tumba sollozando. No estoy allí. Yo no morí…”(Libros Balaguer en librería UCA y La Ceiba)

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