En un significativo momento, el presidente de Ghana, John Mahama, dijo a las personas y grupos que querían emigrar a otros países, sea en Europa o Estados Unidos, que lo mejor es que se queden en Ghana y que, juntos, hagan del país una nación en desarrollo positivo, próspera y atendiendo las necesidades básicas de la población.
El enfoque debe aplicarse a lo que es el segundo y tercer mundos: que existan buenas o, al menos, aceptables condiciones de vida para que solo un pequeño porcentaje de la población quiera exponerse a los peligros que cubren la ruta hacia Estados Unidos o Europa. En el caso de México, las mujeres corren riesgo de ser secuestradas y forzadas a la prostitución, y los varones, de ser utilizados como esclavos en las plantaciones o donde los mafiosos dispongan, sin mayores posibilidades de escapar.
A ello se agrega un segundo horror: que los inmigrantes irregulares están siendo deportados no a sus propios países, sino a lugares en África, con otros idiomas y con graves problemas para que ellos puedan volver a sus países de origen, pues literalmente llegan sin un centavo en la bolsa.
Hay grupos que se especializan en llevar migrantes desde el norte de Guatemala hasta la frontera de Estados Unidos, cobrando altas sumas de dinero por “el viaje”; traficantes muy perseguidos por las autoridades estadounidenses.
El hambre está convirtiéndose
en un arma contra otros…
Una de las causas que provocan las migraciones son las dictaduras, que, en su afán de enriquecerse a costa del conglomerado, generan miedo entre los grupos que no se someten a las ocurrencias y políticas de los déspotas, que pasan maquinando maneras de someter y robar. Se dice que Maduro, actualmente encarcelado en Estados Unidos, colocó fuera de Venezuela más de diez mil millones de dólares, un enorme botín en beneficio de la cúpula en el poder.
Más de ocho millones de venezolanos han huido del chavismo desde 1999.
Una forma de reducir las migraciones es que las naciones democráticas se unan para extirpar o, al menos, aislar las dictaduras que vayan surgiendo, como por su parte han logrado los húngaros al echar del poder al dictador Victor Orbán, aliado del criminal de guerra Putin, que en su demencia está diezmando a la población rusa para sostener una guerra sin sentido.
Al caer Orbán, se reestableció en Hungría la libertad de expresión, una libertad que tutela el resto de libertades y derechos de los ciudadanos y que es de lo primero que persiguen los dictadores.
Cada tres meses, las bajas rusas equivalen a todas las pérdidas humanas estadounidenses en Vietnam, una guerra que nunca tuvo sentido, pues los norteamericanos no usaron su supremacía aérea para acabar con ese conflicto en cuestión de días.
No extraña que tantos grupos dentro de Estados Unidos se opusieran a la Guerra en Vietnam, entre ellos figuras como la actriz Jane Fonda.
Gran parte de África, desde muchos puntos de vista, literalmente no tiene redención, ya que las tensiones y rivalidades tienen raíces en odios entre tribus, lo que ha llevado a horribles hambrunas, pues el hambre es una especie de arma de guerra, como se vio durante años y que, por desgracia, se repite en muchos lugares del planeta.