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Ingenierías sin sentido común

Cuando las ingenierías pierden el sentido común dejan de ser ingenierias, cuyo sentido viene de aplicar el ingenio inteligente, y pasan a ser ingenierías para el consumo y se convierten en problemas.

Hace años, un humorista mexicano se preguntaba en su monólogo imitando a alguien esforzandose con una maleta pesada, ¿Por qué los ingenieros tardaron tanto en ponerle ruedas a las maletas?


Hoy, yo me pregunto, despues de casi accidentarme abriendo un empaque de plastico delgado y duro, ¿por qué, con tantos avances, se diseñan empaques que parecen pensados para complicarle la vida a los usuarios? 


Son muchos y variados los ejemplos, que en su conjunto me atrevo a calificar, como productos de la ingeniería sin sentido común.

Empaques imposibles de abrir. Plásticos duros, sellos reforzados, bordes que cortan. El consumidor termina buscando tijeras, cuchillos para abrirlos, o arriesgándose a lastimarse. ¿Cuál era el objetivo? Proteger el producto a costa de dañar la salud de la persona?

Fijese: Unas pastillas vienen en un blister, el blister en una caja, con las indicaciones que nadie lee, pues el médico ya indicó cómo utilizarlas y al comprarlas entregan la caja en una bolsa de plastico. Las partillas son una quinta parte del volumen de los materiales del empaque. 


Un spray nasal viene en un envase de plástico de una forma elegante, pero su contenido es tambien mucho menor que el envase de plástico, que se desecha. 

El paquete de queso mosarella de 12 lascas, ademas del envase, viene con doce folios de plastico entre cada lasca. ¿Era realmente imprescindible? ¿O es una solución cómoda para el fabricante, pero incómoda para el usuario y perjudicial para el medio ambiente? 
En todos los productos pagamos el envase y el producto y en algunos, lo que no utilizamos y poluciona, es más caro que el producto que contiene.

La tecnología tampoco escapa a esta tendencia. Controles remotos con decenas de botones, de los cuales utilizamos apenas tres o cuatro. Funciones avanzadas que nadie pidió, mientras lo básico se vuelve confuso. Lo mismo ocurre con muchas aplicaciones digitales: para realizar una tarea simple, hay que atravesar múltiples pantallas, menús y opciones. La tecnología avanza… pero la experiencia del usuario retrocede. 
Y luego los productos que no se pueden aprovechar completamente. Envases de champú, salsas o cremas donde siempre queda una parte inaccesible. El cliente paga el contenido total, pero no puede utilizarlo. Es una pérdida silenciosa, repetida millones de veces al día en todo el mundo.
A esto se suma una contradicción aún mayor. Alimentos diseñados más para vender que para nutrir. Productos que aparentan ser saludables, pero que, en realidad, contribuyen al sobrepeso y al deterioro de la salud. 
En estos muchos otros ejemplo parece que las ingenierías no están al servicio del bienestar, sino mas bien del consumo.

Y aquí me surge una pregunta: ¿Dónde quedó el sentido común?

La ingeniería, en su esencia, debería estar al servicio de las personas. Su propósito no es demostrar que algo se puede hacer, sino que se debe hacer bien. Por ejemplo, diseñar los empaques pensando en quien usa, quien paga, quien convive con el producto y qué sucede después con los envases. La solución de tiralro a la basura, beneficia al fabricante, pero perjudica a la sociedad y debiera existir una política de inspección que incluya todo el proceso, de fabricación, materiales, vida, uso y reultilización de los envases.  

El verdadero avance no está en añadir más funciones, más materiales o más complejidad o un diseño más atractivo. Está en simplificar, en optimizar, en hacer las cosas más fáciles, más seguras, más económicas y más sostenibles.

Quizás ha llegado el momento de replantear el enfoque y de volver a lo esencial. De preguntarnos, antes de diseñar cualquier producto: ¿Esto realmente mejora la vida de las personas y contribuye al bien estar social?

Porque cuando las ingenierías pierden el sentido común dejan de ser ingenierias, cuyo sentido viene de aplicar el ingenio inteligente, y pasan a ser ingenierías para el consumo y se convierten en problemas.

Pues eso… Reorientemos las ingenierias y pongámosles lo básico del sentido comun.


Ingeniero/
Todo es más fácil y más sencillo con sentido comun.

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