Estas lecciones van mucho más allá del fútbol. Hablan de educación, liderazgo, planificación, responsabilidad, disciplina, deportividad y trabajo colectivo. Son los mismos valores que permiten avanzar a una empresa, una comunidad o una nación.
Estas lecciones van mucho más allá del fútbol. Hablan de educación, liderazgo, planificación, responsabilidad, disciplina, deportividad y trabajo colectivo. Son los mismos valores que permiten avanzar a una empresa, una comunidad o una nación.
El Mundial de 2026 nos dejó goles, victorias y derrotas, pero también lecciones sobre organización, disciplina, planificación, civismo, unidad y responsabilidad. Cada selección, independientemente de hasta dónde llegó, mostró fortalezas que pueden inspirar a otros países.
Cabo Verde demostró que el tamaño de un país no determina la grandeza de sus aspiraciones. Una nación pequeña puede competir con dignidad frente a las potencias cuando cree en sí misma, se prepara y juega sin complejos.
Senegal confirmó el crecimiento del fútbol africano. Japón, por su parte, volvió a dar un ejemplo de civismo: al terminar los partidos, sus aficionados recogieron la basura de las gradas antes de retirarse. Demostraron que el orden, la limpieza y el respeto por los espacios públicos no dependen únicamente de las autoridades, sino de la educación y la responsabilidad de cada ciudadano.
Noruega dejó una de las imágenes más originales del campeonato. Sus aficionados animaron con un tambor y miles de noruegos, dentro y fuera del estadio, remaron al unísono. Era mucho más que una celebración: simbolizaba a un pueblo unido, avanzando en la misma dirección. Esa unidad no es casualidad. Noruega viene planificando su crecimiento futbolístico desde hace más de veinte años. Además, ha administrado con visión de futuro los recursos generados por el petróleo y hoy posee uno de los mayores fondos soberanos del mundo. Su ejemplo demuestra que ahorrar, invertir, planificar y trabajar pensando en las próximas generaciones produce resultados duraderos.
España, además de conquistar el campeonato, unió a sus ciudadanos como una gran nación. Las celebraciones se vivieron con entusiasmo en todas las comunidades autónomas. Durante esos días, las diferencias políticas, regionales y culturales quedaron en un segundo plano. Millones de personas celebraron juntas el triunfo de una selección en la que no predominó una sola estrella, sino el trabajo colectivo, la juventud, la disciplina táctica y la solidaridad.
México, a pesar de algunos disturbios, volvió a demostrar el enorme entusiasmo de su población por la selección. Esa pasión constituye una fortaleza cuando se expresa con civismo, respeto y autocontrol.
Alemania y Turquía mostraron humildad cuando jugadores, entrenadores y dirigentes reconocieron sus errores y pidieron disculpas a sus aficionados. No buscaron culpables externos ni inventaron excusas. Se hicieron responsables de sus fallas, porque reconocerlas es el primer paso para corregirlas.
La tecnología también fue protagonista. El VAR permitió corregir jugadas y faltas que habían pasado desapercibidas para los árbitros, contribuyendo a una mayor justicia deportiva.
Argentina demostró una extraordinaria capacidad de lucha y logró remontar varios partidos. Sin embargo, algunos actos antideportivos empañaron parcialmente la imagen de un equipo que terminó como subcampeón. El talento siempre debe ir acompañado de la deportividad.
En El Salvador, miles de familias y aficionados disfrutaron juntos del Mundial en la pantalla gigante instalada en la Plaza Cívica, con alegría y en un ambiente de sana convivencia. La mayoría simpatizaba con España y celebró unida su victoria, demostrando que también sabemos vivir el deporte con entusiasmo y respeto.
Estas lecciones van mucho más allá del fútbol. Hablan de educación, liderazgo, planificación, responsabilidad, disciplina, deportividad y trabajo colectivo. Son los mismos valores que permiten avanzar a una empresa, una comunidad o una nación.
El próximo Mundial comienza hoy. Tenemos cuatro años para fortalecer nuestras escuelas deportivas, formar a los jóvenes, mejorar la organización, fomentar el trabajo en equipo y desarrollar una cultura de respeto y responsabilidad.
Las naciones que progresan convierten las experiencias en aprendizaje; el aprendizaje, en planes; los planes, en trabajo; y el trabajo constante, en resultados.
Aprendamos del orden de Japón; de la unidad de Noruega; de la planificación de España; de la responsabilidad de Alemania y Turquía; del entusiasmo de México; y de nuestra capacidad para celebrar unidos.
Si somos capaces de sentarnos en la misma embarcación, seguir un mismo rumbo y remar al mismo ritmo, llegaremos mucho más lejos, no solamente en el fútbol, sino también en la educación, la economía, la convivencia y el desarrollo nacional.
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