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Filosofarte/Autores de nuestro destino escénico

Creados a imagen y semejanza de la Divinidad, somos criaturas de intrínseca belleza y verdad

“Eres el artista de tu vida… No le cedas el pincel a nadie”, reza una máxima. El Divino Artista pintó en el amanecer del mundo la belleza y colorido de su Creación (Ya cósmica o divina). Nosotros, por igual, somos los artistas autores de nuestra propia obra y destino. La sociedad y la moda suelen imponernos una identidad y estilo de vida. ¡Hasta nuestro mismo devenir! Al final de nosotros queda uno de éstos: el que los demás imponen; el que nunca fue; el que aspiramos ser y aquel que somos en verdad. Este último suele ser el más difícil de identificar y realizar. La belleza o fealdad de nuestros rasgos no son únicamente estéticas o superficiales sino también interiores. (Ya sea en lo moral, espiritual o en lo creativo). Por ello hay belleza que esconde maldad y fealdad que esconde belleza. Ello lo dicen los cuentos infantiles de la hermosa madrastra mala y el de la bestia que escondía dentro de sí un ser bello y noble. En fin, creados a imagen y semejanza de la Divinidad, somos criaturas de intrínseca belleza y verdad. Sólo basta escarbar en las arenas de nuestro propio ser para descubrir su prodigio. Esto es, esbozando nuestro destino sin prestar a nadie más el papel escénico, el pincel, sino al gran artista de las constelaciones. “El gallo pinto no pinta –dice una copla infantil–. El que pinta es el pintor”. Ya un rostro desconocido o el de su propia y humana ilusión. <Libros de Carlos Balaguer-Amazon>


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