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Democracia en stand by

En el libro se pregunta: ¿y si las leyes que nos protegen fueran, en realidad, un mecanismo que a fin de cuentas garantiza la desprotección absoluta del ciudadano. Para ilustrar trae a cuento la disposición gubernamental del 28 de febrero de 1933, el llamado «Decreto para la protección del pueblo y del Estado» en el que Hitler suspendió las libertades personales y, al no ser revocado jamás, convirtió al régimen en un estado de excepción legal que duró doce años ininterrumpidos

Giorgio Agamben es hoy día uno de los más importantes intelectuales italianos reconocidos. Es, principalmente, un autor que se ocupa de la política desde el prisma de la reflexión filosófica.

Su pensamiento bebe de autores como Carl Schmitt, Walter Benjamin, Michel Focault, Heidegger y Wittgenstein, tanto como de Aristóteles y Platón. De quienes aprende y critica, y en los que fundamenta sus ideas y profundos análisis. Su principal publicación se titula “Homo sacer”. Una obra cuya aparición abarca el arco de tiempo que va entre 1995 y 2016. Está constituida por nueve partes, o libros. Por diversas circunstancias, entré en contacto con el segundo de ellos, titulado, precisamente, “Estado de excepción”.

La idea principal del libro es que en muchas sociedades a lo largo del mundo, la suspensión temporal del orden jurídico que constituye en esencia un estado de excepción, por diversas razones (políticas todas ellas), se ha transformado de ser una medida extraordinaria, a un paradigma normal de gobierno. De tal manera que algunos gobernantes utilizan un sentido de emergencia constante para mantener el control social, disolviendo así de hecho los límites entre ley, violencia y democracia.

Agamben define esta circunstancia como “tierra de nadie”, una zona de anomia (del griego a, sin, y nomos, ley), paradójicamente amparada por la misma ley. Un espacio donde su vigencia se suspende, pero no desaparece, creándose una situación en la que la acción estatal actúa sin control, pero con “legitimidad”.

Hace un recorrido histórico, desde la Roma imperial hasta nuestros tiempos, pasando -como no- por los campos de concentración europeos del siglo pasado, sin dejar de hacer alguna referencia a Guantánamo.

La intuición que organiza el libro es que una teoría del estado de excepción es la clave para comprender la relación que en muchos sitios «liga, y al mismo tiempo abandona, al viviente [Agamben habla en otras obras de la llamada “biopolítica”, un tema por demás interesante, que no nos da tiempo de tratar] en manos del derecho».

Sólo así, sólo en la medida en que se aclare qué es lo que está en juego en la diferencia -o supuesta diferencia- entre lo político y lo jurídico, entre el hecho y el derecho, será posible responder una pregunta crucial en la historia política de Occidente: «¿qué significa actuar políticamente?»

En el libro se pregunta: ¿y si las leyes que nos protegen fueran, en realidad, un mecanismo que a fin de cuentas garantiza la desprotección absoluta del ciudadano?

Para ilustrar trae a cuento la disposición gubernamental del 28 de febrero de 1933, el llamado «Decreto para la protección del pueblo y del Estado» en el que Hitler suspendió las libertades personales y, al no ser revocado jamás, convirtió al régimen en un estado de excepción legal que duró doce años ininterrumpidos, permitiendo la anulación de derechos individuales sin necesidad de renunciar formalmente a la constitución política alemana.

También ejemplifica citando la “military order emanada del presidente de los Estados Unidos el 13 de noviembre de 2001, que autoriza la ´indefinite detention’ y el proceso por parte de ´military commissions´ (que no hay que confundir con los tribunales militares previstos por el derecho de guerra) de los no-ciudadanos sospechosos de estar implicados en actividades terroristas”.

De haber publicado más recientemente, no me cabe la duda de que habría tenido abundante material para ejemplificar, dado el modo de gobernar del actual presidente norteamericano.

Es importante destacar que el autor aclara que este libro no contiene sus conclusiones finales ni su propuesta política definitiva, las cuales están reservadas para el último tomo de la serie “Homo sacer”, titulado “El uso de los cuerpos”, y publicado en 2016; por lo que a fin de cuentas, la obra habrá de entenderse más como una arqueología del derecho y una exposición de premisas, y no tanto como un elenco de resoluciones o recomendaciones.

Ingeniero/@carlosmayorare

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