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Demasiadas leyes, demasiados impuestos, dañan mucho a nuestro mundo

La fórmula contraria son las “ventanillas únicas”, donde de una sola vez se eliminan trámites: el visto bueno de Medio Ambiente, del departamento de Agua, de Sanidad y así sucesivamente. Esto facilita generar nuevos negocios, ampliar los ya existentes y establecer sucursales, lo que beneficia al público, pues permite ensayar y dar permanencia a lo que funciona bien.

El gran pensador inglés Herbert Spencer, uno de los luchadores históricos del liberalismo, doctrina que, según algunos, encaja con la doctrina fundamental del cristianismo, acuñó la frase “demasiadas leyes”, lo que también puede asociarse con “demasiados impuestos” y “excesiva burocracia”.

Cada burócrata, además de defender lo que por lo general son innecesarios trámites, trata de ser apoyado por “nuevos” burócratas: este documento necesita recibir el visto bueno de tal otro funcionario o dependencia. De esta forma se alargan los procesos.


La fórmula contraria son las “ventanillas únicas”, donde de una sola vez se eliminan trámites: el visto bueno de Medio Ambiente, del departamento de Agua, de Sanidad y así sucesivamente. Esto facilita generar nuevos negocios, ampliar los ya existentes y establecer sucursales, lo que beneficia al público, pues permite ensayar y dar permanencia a lo que funciona bien.

Muchas de las entidades que forman parte del mundo contemporáneo nacieron de esa manera: en algún momento se hizo un ensayo o una propuesta que no encontró rechazo, sino que facilitó actividades. Así ocurrió, por ejemplo, cuando en París se inició la construcción del transporte subterráneo, hoy común en todas las grandes ciudades del mundo.

Una buena idea, tarde o temprano, se adopta por el resto del mundo. Incluso hay inventos cuyos creadores cedieron a la colectividad sus derechos, como el cinturón de seguridad de tres puntos, inventado por suecos y puesto a disposición del mundo entero, salvando muchas vidas año tras año.

Se avanza en proteger a indefensor, pero acechan los fanatismos

Proteger a la niñez, combatir el feminicidio… Los escritos del inglés Charles Dickens contribuyeron a crear mayor conciencia sobre el respeto a la vida de los niños, ya que en años anteriores, en Inglaterra, se ahorcaba a niños por robar una cuchara. Asimismo, gracias, entre otros, al escritor francés Voltaire, se contribuyó a poner fin a diversos fanatismos, a la quema de “brujas” y a la persecución de “herejes”.

Voltaire, como ya lo hemos dicho a nuestros lectores, señaló la incongruencia de que en España un “acto de fe” consistiera en quemar vivos a los herejes, como, según diversas crónicas, ocurrió durante la actuación de Domingo de Guzmán. El fanatismo dio lugar también a la quema de “brujas” en Salem, Massachusetts, tema que igualmente aparece reflejado en Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo.

La “Santa” Inquisición (católica y protestante), gracias a Dios, es cosa del pasado, aunque, según diversos observadores, bajo el islam algunas de esas prácticas aún perduran. Ello ha llevado a que varios países escandinavos exijan a quienes llegan a sus territorios adaptarse a las normas de convivencia y civilización o abandonar el país, una postura semejante ha sido defendida por Giorgia Meloni, primera ministra de Italia.

No se debe olvidar que Miguel Servet, descubridor de la circulación pulmonar de la sangre, fue quemado vivo en Ginebra por orden de Juan Calvino.

Cuando Servet estaba en la pira, en el momento en que iban a ejecutarlo, una viejecita arrojó un poco de leña sobre la ya acumulada, lo que llevó a Servet a decir: “Oh, Sancta Simplicitas…”.

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