Recuperar la lectura no significa regresar al pasado; significa defender una facultad humana esencial. La tecnología puede ampliar nuestro conocimiento, pero jamás debería sustituir nuestra capacidad de comprenderlo
Recuperar la lectura no significa regresar al pasado; significa defender una facultad humana esencial. La tecnología puede ampliar nuestro conocimiento, pero jamás debería sustituir nuestra capacidad de comprenderlo

La crisis por la falta de comprensión lectora en los jóvenes no es simplemente un problema educativo: es una amenaza para la capacidad de una sociedad de pensar, discernir y decidir. Los resultados de las pruebas PISA muestran un deterioro sostenido de las competencias lectoras desde hace más de una década. Pero detrás de los números existe una transformación cultural mucho más profunda: estamos formando generaciones que leen menos, con menor profundidad y con una capacidad cada vez más limitada para interpretar aquello que leen.
El problema no puede atribuirse exclusivamente a la pandemia. La emergencia sanitaria únicamente aceleró una tendencia que ya estaba instalada. Durante años, niños y adolescentes fueron expuestos cada vez más temprano a pantallas, videojuegos, teléfonos inteligentes y contenidos digitales diseñados para capturar su atención durante segundos. La lectura pausada, reflexiva y sostenida comenzó a competir con un universo de estímulos inmediatos.
La neurociencia ha advertido sobre la importancia de la atención y la concentración para consolidar los aprendizajes. Leer exige precisamente aquello que el consumo acelerado de contenidos digitales debilita: paciencia, memoria de trabajo, capacidad de relacionar conceptos, inferencia y pensamiento crítico.
También existe una responsabilidad familiar. La sobreprotección puede producir jóvenes con menor autonomía para enfrentar dificultades y resolver problemas. Resulta contradictorio que algunos padres entreguen tempranamente teléfonos y dispositivos a sus hijos y posteriormente pretendan que sea únicamente la escuela quien limite su influencia.
Y tampoco basta con prohibir celulares en las aulas. La escuela debe hacer algo mucho más trascendente: enseñar a pensar. La comprensión lectora no se recuperará mediante restricciones aisladas, sino fortaleciendo la lectura, la escritura, la argumentación, el análisis y la autonomía intelectual.
El problema adquiere una dimensión de pérdida de análisis y capacidad de discernir, analizar y objetar. Una persona que no comprende adecuadamente un texto difícilmente podrá analizar una noticia, identificar lo que es cierto y lo que es falso, contrastar información o distinguir un argumento de una simple opinión. En la era de las redes sociales y de la inteligencia artificial, esa capacidad resulta indispensable.
Recuperar la lectura no significa regresar al pasado; significa defender una facultad humana esencial. La tecnología puede ampliar nuestro conocimiento, pero jamás debería sustituir nuestra capacidad de comprenderlo. Todo esto lo vengo viendo, viviendo y conviviendo en 22 años de docencia.
Una sociedad que pierde el hábito de leer corre el riesgo de perder, lentamente, algo todavía más importante: la capacidad de pensar por sí misma.
Ricardo Lara
Médico
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