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La lombriz, alternativa para una agricultura ecológica marcada por el cambio climático

Estudiantes de Ingeniería Agronómica de la UES desarrollan lombricomposta a partir de estiércol bovino y residuos orgánicos, como una alternativa para mejorar los suelos y aportar nutrientes a los cultivos

lombrices rojas californianas fertilizante
El ingeniero Gerardo Marroquín da indicaciones a los estudiantes Owen Umaña y Enmanuel Portillo sobre cómo seleccionar el pie de cría de las lombrices para mejorar la tierra. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

Lo que para muchos puede ser un simple residuo orgánico, para las lombrices rojas californianas se convierte en alimento y, posteriormente, en un fertilizante natural capaz de aportar nutrientes al suelo.

Ese es el principio que estudiantes de tercer año de Ingeniería Agronómica de la Universidad de El Salvador (UES) ponen en práctica en los viveros de la institución, donde trabajan en la elaboración de lombricomposta a partir de estiércol bovino y otros materiales orgánicos.

La técnica aprovecha desechos de animales, restos de hortalizas, hojas secas, frutas y verduras que, después de pasar por el proceso de descomposición realizado por las lombrices, se transforman en un material de color oscuro que puede ser utilizado en diferentes cultivos.

El resultado es un abono orgánico que contiene nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio y que, de acuerdo con los investigadores, también contribuye a mejorar las condiciones del suelo.

Colocación de las lombrices en una caja nueva con el estiércol
de bovino húmedo para producir el abono. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

Un proceso que requiere paciencia

La elaboración de la lombricomposta comienza con la preparación de las cajas donde permanecerán las lombrices durante aproximadamente tres meses.

Los estudiantes colocan plástico en el fondo de los recipientes y realizan perforaciones que permiten drenar el exceso de líquido y favorecer la oxigenación.

Posteriormente incorporan estiércol de bovino, agua y las lombrices rojas californianas, procurando mantener las condiciones adecuadas de humedad.

“El abono natural se hace cuando mezclamos el estiércol de vaca, residuos de cocina, agua y lombrices rojas californianas. Debe tener un grado de humedad para que no se mueran y puedan reproducirse”, explica Gerardo Marroquín, ingeniero agrónomo y docente de las materias Edafología y Fertilidad de Suelo de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la UES.

Las lombrices son colocadas de manera ordenada en el material orgánico para facilitar su alimentación. El proceso requiere vigilancia constante, especialmente ante las altas temperaturas, las cuales pueden afectar a estos organismos.

Cada semana, los estudiantes revisan las cajas para comprobar las condiciones de las lombrices y verificar que continúen alimentándose y produciendo abono.

Durante el proceso hay lombrices adultas, juveniles, pequeñas y huevos. La población se reproduce de manera natural mientras continúa transformando los residuos orgánicos.

Del residuo al fertilizante

Cuando la lombricomposta está lista, los estudiantes separan cuidadosamente las lombrices y las trasladan a otro recipiente para iniciar un nuevo ciclo.

El material obtenido se deja secar y posteriormente se cierne antes de ser aplicado en las plantas y cultivos que forman parte de las prácticas e investigaciones de los estudiantes.

Marroquín explica que también es importante mantener una vigilancia permanente sobre la alimentación y humedad.

“Lo recomendable es verificar una vez por semana la humedad y cada dos semanas su alimentación”, señala.

El docente añade que, una vez que el compostaje está listo para utilizarse, el material que queda después de colarlo puede regresar al proceso como alimento para las propias lombrices.

El proyecto que desarrollan lleva por nombre “Residuos Orgánicos con Lombrices Californianas y Estiércol de Bovino para la elaboración de lombricomposta” y busca aprovechar materiales que habitualmente son considerados desechos.

Los futuros ingenieros agrónomos aplican el abono con lombrices
en plantas de girasol en estado de almácigo. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

Una alternativa frente al cambio climático

Para los investigadores de la UES, una de las ventajas de este tipo de abono está relacionada con la capacidad de mejorar las condiciones del suelo.

Según Marroquín, la lombricomposta puede contribuir a retener humedad en los suelos y aportar nutrientes a los cultivos, un aspecto que cobra relevancia ante períodos de sequía y los efectos asociados al cambio climático.

La propuesta también busca fomentar el aprovechamiento de los residuos producidos en actividades agrícolas y ganaderas.

“Los ganaderos deberían aprovechar el estiércol de bovino o venderlo para hacer compostaje”, plantea el docente.

La lombriz utilizada en la investigación es proporcionada por la Estación Experimental y de Prácticas de la Facultad de Ciencias Agronómicas. Cuando no existe disponibilidad, los propios estudiantes adquieren los ejemplares para continuar con el proyecto.

Llevar el proyecto a casa

Para Owen Umaña, estudiante de tercer año de Ingeniería Agronómica, el proyecto surgió como parte de la materia Fertilidad de Suelos y le ha permitido conocer de manera práctica los factores que intervienen en el desarrollo de los cultivos.

La experiencia incluso trascendió los viveros universitarios. Umaña asegura que mantiene lombrices en su casa y que se ha dedicado a cuidarlas y reproducirlas.

“Queremos apostarle a este proyecto orgánico. Construiremos módulos de bambú para que las lombrices estén cómodas”, explica.

Cosecha de lombriabono de una caja finalizada de lombrices. Foto EDH/Cortesía Wilfredo Díaz.

El estudiante considera que la producción de insumos orgánicos puede convertirse en una alternativa para los agricultores y una herramienta para reducir el uso de productos químicos. Esta valoración corresponde a su experiencia y opinión dentro del proyecto.

“Es un método que tiene un gran aporte nutritivo al suelo y cultivos, más ahora con el cambio climático, la soberanía y seguridad alimentaria”, afirma.

Su interés por la agroecología también lo ha llevado a pensar en continuar investigando sobre insumos naturales que puedan ser utilizados por agricultores y ganaderos salvadoreños.

“Me gustaría seguir investigando sobre insumos orgánicos, para ayudar a los agricultores y ganaderos del país. Me gustaría especializarme en la agroecología, para cuidar el suelo y medio ambiente”, señala.

Aprovechar lo que antes era un desecho

Además de producir fertilizante, el proyecto plantea una segunda posibilidad: aprovechar integralmente los residuos provenientes de las actividades agropecuarias.

Los investigadores de la UES consideran que el estiércol bovino puede convertirse en materia prima para la producción de abono, en lugar de ser descartado.

El aprovechamiento también puede extenderse a las propias lombrices, que, según los investigadores, pueden utilizarse como fuente de alimento para especies como pollos y tilapias.

Así, un proceso que comienza con estiércol, restos de frutas, verduras y otros residuos orgánicos puede terminar en un producto que regresa al suelo en forma de nutrientes.

Para los estudiantes y docentes involucrados de la UES, la lombricomposta representa una forma de vincular la investigación universitaria con prácticas agrícolas orientadas al aprovechamiento de los recursos, la conservación del suelo y la búsqueda de alternativas frente a los desafíos que plantea el cambio climático.

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