Guía para padres: Estrategias para reducir el uso de dispositivos y redes sociales en niños
La psicóloga infantil Adriana Gómez explica las consecuencias del uso excesivo de dispositivos móviles en la infancia y preadolescencia, al tiempo que comparte herramientas prácticas y rutinas familiares para prevenir la dependencia digital y fortalecer el desarrollo integral
El uso de dispositivos electrónicos y de redes sociales en niños sigue en aumento. Foto EDH/Generada por IA.
En la era de la hiperconectividad, la exposición temprana y prolongada a pantallas y dispositivos móviles se ha convertido en una preocupación creciente para la ciencia y los sistemas educativos a nivel global.
Para abordar este fenómeno y sus implicaciones en la formación del individuo, la especialista en psicología infantil, licenciada Adriana Gómez, quien brinda atención a menores en el rango de los 5 a los 13 años, detalla el impacto que la tecnología mal regulada causa en el desarrollo biopsicosocial de la niñez y preadolescencia.
La profesional destaca que, si bien la tecnología es un componente cotidiano del entorno actual, sustituir las actividades naturales por dispositivos interrumpe procesos esenciales del crecimiento.
«Si desde los primeros años de vida no desarrollamos hábitos digitales saludables empezando desde casa, esto va a tener impactos negativos en momentos fundamentales como el descanso, el rendimiento académico, la comunicación, la convivencia familiar y la actividad física, donde el juego es el elemento natural de los niños», advierte la especialista.
El descanso y la rutina nocturna: Reglas claras antes de dormir
Uno de los pilares clave en la salud emocional y cognitiva de los niños es la higiene del sueño. Gómez señala la urgencia de evitar el uso de teléfonos, tabletas o consolas en las horas previas al descanso.
Para mantener una rutina idónea de 8 horas de sueño en época escolar —y con cierta flexibilidad controlada durante las vacaciones—, la psicóloga propone una medida concreta: diseñar un área de adecuación para los dispositivos fuera de los dormitorios.
«Es necesario ubicar un espacio en la casa, como la sala, donde se dejen los teléfonos lejanos al cuarto antes de dormir. Esto evita crear dependencia y la necesidad de estar en constante observación del teléfono, una norma que aplica tanto para los hijos como para los padres» sostiene Gómez.
Crianza con el ejemplo y el uso del control parental
El aprendizaje por observación es determinante durante la infancia. Entonces, uno de los grandes consejos de la especialista es que precisamente se predique con el ejemplo. Según la psicóloga infantil, de nada sirve exigir límites a los hijos si los adultos de la casa permanecen hiperconectados.
«Si como padres queremos modificar una conducta, tenemos que ser el ejemplo. Al momento de conversar con nuestros hijos o realizar actividades en el hogar, debemos guardar el teléfono y brindar toda la atención a lo que el niño expresa», enfatiza.
Asimismo, para las familias con acceso a la tecnología, sugiere el uso activo de herramientas de control parental para fijar límites de tiempo y restringir contenidos inapropiados para la edad del menor.
Como alternativa, propone la creación de calendarios visibles con marcadores de tareas (checklist), lo cual fomenta la autonomía, la organización y la responsabilidad en el hogar.
Adriana Gómez, psicóloga infantil, habló con EDH para aconsejar a los padres sobre cómo pueden reducir el tiempo que sus hijos pasan en redes sociales y en dispositivos. Foto EDH/Cortesía Adriana Gómez.
Llevar la diversión a casa
En temporadas de receso escolar o tiempo libre, la negociación activa y la oferta de alternativas creativas reemplazan de forma efectiva la tentación de la pantalla. Ante la imposibilidad económica de acceder a campamentos de verano privados, la licenciada Gómez propone estructurar un «Summer Camp en casa».
Esta dinámica consiste en planificar días temáticos junto a los hijos (como días de la naturaleza, talleres de arte o tardes de juegos y películas para preadolescentes), utilizando recursos cotidianos para promover la interacción directa y fortalecer el vínculo afectivo entre padres e hijos.
Por ejemplo, con un niño se puede planificar una tarde de exploración, lo que, además, motivará enormemente su cerebro y fortalecerá el vínculo con su cuidador. No se trata necesariamente de realizar actividades que generen un gasto o una inversión significativa de tiempo y creatividad, sino de prestar atención a las necesidades de los menores y de satisfacerlas de manera adecuada.
«… como estrategia podemos ir por la tarde al parque y diseñar el juego de ser exploradores. El día martes podemos proponer el juego o la o el tema de los animales, en el cual hago una cartulina, dibujo mi animal favorito, lo coloreo, lo decoro y hasta puedo crear mi propia eh mi propio hábitat para ese animal», sugiere la especialista.
En el caso de los adolescentes, quienes suelen utilizar más las redes sociales, «sabemos que son otro tipo de actividades, podemos proponer el día lunes una noche de películas en el cual pues tenemos preparado palomitas, mandamos a pedir pizza el día martes, también podemos hacer la invitación a nuestros amigos para hacer una tarde de picnic» en un parque cerca de casa, sostiene.
Por ello, es importante conocer alternativas, incluso se pueden buscar sugerencias en redes sociales sobre actividades cotidianas para las edades específicas de sus hijos.
Una forma también importante de control para que reduzcan el uso de redes sociales es que precisamente los niños ocupen su tiempo siendo niños, es decir, jugando, explorando, cantando, corriendo, etc.
Diálogo preventivo sobre los riesgos de la red
Finalmente, la especialista recalca que la supervisión debe ir acompañada de una comunicación franca sobre los riesgos latentes en el entorno virtual, tanto en el uso de celulares como de cualquier dispositivo.
«Es vital conversar con los hijos sobre los beneficios pero también sobre los peligros: la exposición a contenido inadecuado, páginas riesgosas o el contacto con desconocidos. Enseñarles a identificar estas señales de alarma fortalece la confianza para que acudan a los adultos ante cualquier situación irregular», dice la licenciada.
¿Cómo se puede hacer eso? Una manera práctica sobre todo en menores de 8, 7 años, es sostener conversaciones a través de cuentos. Es decir, hay que adecuar el lenguaje a la edad de los niños.
Pero haga lo que haga un padre, la mejor forma para que sus hijos tengan un uso sano de las redes y de los dispositivos electrónicos pasa por dos vías: uno, tomar cartas en el asunto, informarse, buscar orientación. Y dos, dar el ejemplo.