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¿Es correcto pedirle a Dios que gane mi equipo de fútbol?

Con los juegos definitivos a la vuelta de la esquina y el sufrimiento a flor de piel, las tribunas suelen transformarse en templos improvisados. Sin embargo, dos sacerdotes cristianos ponen los pies sobre la tierra y aclaran si el Creador verdaderamente se sienta a revisar el VAR o si estamos desvariando con nuestras plegarias deportivas

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Foto: Diario Extra | Intervención: Roberto J. Leiva

Cada vez que se aproxima un juego clave, un clásico a todo o nada o una tanda de penales que corta el aliento, las cámaras de televisión se deleitan enfocando a devotos espectadores aferrados a un rosario, mirando al firmamento con los ojos llorosos y prometiendo de rodillas mandas imposibles.

El fútbol, en su infinito frenesí, empuja a miles de almas a elevar oraciones desesperadas con un único y pragmático propósito: que su equipo se quede con la victoria.


Pero, seamos honestos por un segundo: ¿tiene sentido pedirle al Rey de reyes que incline la cancha a nuestro favor?

Dos clérigos mexicanos consultados por ACI Prensa se tomaron el tiempo de ofrecer una reflexión tan lúcida como desmitificadora para separar la paja de la fe del trigo del balompié.

De la oficina de fichajes al altar: el doble acervo del Padre Jasso

El primero en saltar a la cancha del debate es el Padre David Jasso, un hombre quien conoce perfectamente las dos caras de la moneda.

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Antes de colgarse el alba y asumir su ministerio sacerdotal, Jasso se desempeñó nada menos que como gerente deportivo del mismísimo Club de Fútbol Monterrey, formando parte activa de las comisiones que cosecharon los campeonatos obtenidos por los «Rayados» en los años 2009 y 2010.

Con ese currículum tan híbrido como envidable, el cristiano explicó que si bien es perfectamente válido presentarle a Dios nuestras intenciones cotidianas y anhelos más profundos, es un tremendo error condicionar nuestra espiritualidad al humor de un marcador hípico o futbolístico.

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Foto: FB/Padre David Jasso

«Si pedimos a Dios por nuestro equipo y este no gana, no por eso debemos condicionar nuestra fe o achacarle a Dios el resultado final del encuentro», señaló con absoluta sensatez.

Para el Padre Jasso, la idea de un Dios eligiendo un color de camiseta por encima de otro roza el absurdo, dado que en ambas parcialidades hay fieles implorando exactamente lo contrario.

Según su óptica, el Todopoderoso se regocija mucho más al ver a las personas disfrutar sanamente de una fiesta familiar que dictaminando si una pelota pega en el poste y entra.

Por tal motivo, el exdirectivo recomendó a la feligresía cambiar radicalmente el chip de sus oraciones.

En lugar de exigir un gol en el último minuto, la sugerencia es orientar los rezos hacia intenciones verdaderamente trascendentales

«Que la jornada se desarrolle en un clima de paz colectiva, respeto y seguridad, que las familias disfruten plenamente del espectáculo y que los atletas de ambos bandos puedan competir al máximo nivel sin sufrir lesiones de gravedad».

«Después de todo, el fútbol es una magnífica escuela para la vida cotidiana si se rescatan sus mejores valores, como el trabajo en equipo, el juego limpio, el respeto a la autoridad de los árbitros y la saludable capacidad de domar el ego en pos de un objetivo común», dice Jasso.

El Altísimo no juega de guardameta

Por su parte, el Padre José de Jesús Aguilar aportó una dosis de realismo puro que bien podría servir de ducha fría para los hinchas más desorbitados de la tribuna.

Sin pelos en la lengua, el clérigo recordó un axioma elemental que muchos parecen olvidar convenientemente cuando se cobra un tiro libre en contra en el último minuto de juego:

«Ni Dios, ni la Virgen Santísima, ni los santos tienen como misión en este mundo ayudar a meter goles o andar impidiendo que la pelota cruce la línea de la portería».

Aguilar fue categórico al explicar que la oración, bajo ningún concepto, viene a reemplazar el esfuerzo físico, la disciplina en los entrenamientos cotidianos o la lucidez de la estrategia táctica diseñada por el director técnico en la pizarra.

«La Fe no es un amuleto mágico para burlar las leyes de la física o compensar la falta de talento; su verdadero propósito es dotar al ser humano de la confianza, la esperanza y la actitud positiva necesarias para afrontar los desafíos diarios, estén estos dentro o fuera de un rectángulo de juego», sentenció.

La sabia perspectiva de lo intrascendente

En definitiva, ambos sacerdotes coincidieron en que una de las lecciones más hermosas y menos valoradas que entrega el deporte es la dignidad para asimilar las derrotas.

En un mundo moderno obsesionado de forma enfermiza con el éxito inmediato, el Padre Jasso trajo a colación aquella mítica frase que el folclore del balompié ha inmortalizado a lo largo de las décadas: «El fútbol es lo más importante de lo menos importante».

Se trata de una máxima brillante que ayuda a colocar los resultados en su justa y exacta dimensión.

Al término de los noventa minutos, la presencia divina no se mide por los puntos acumulados en la tabla de posiciones ni por el tamaño del trofeo en la vitrina.

Dios acompaña a las personas tanto en el barro de la dificultad como en la gloria de la alegría, recordándonos con humor y sabiduría que, al final del día, el partido de la vida real se juega en una cancha muchísimo más grande y trascendental que la de cualquier estadio mundialista.

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