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Las mil vidas de Regina Cañas

Cuarenta años de una actriz sobre los escenarios salvadoreños. Regina Cañas celebra cuatro décadas de trayectoria, regresando a las tablas del Teatro Luis Poma, con «Baby Boom en el paraíso».

Actriz Regina Cañas en la obra "Baby Boom en el paraíso"
Actriz Regina Cañas en la obra "Baby Boom en el paraíso". Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.facebook.com/photo?fbid=674396498047127&set=pcb.674396611380449

Imaginemos a una niña sentada frente al televisor, en algún lugar de El Salvador, durante los años ochenta. Afuera transcurre la guerra. Las noticias hablan de enfrentamientos, operativos militares, muertos y desaparecidos. La infancia aprende a convivir con el miedo.

Pero en la pantalla aparece un hombre vestido de colores que canta, hace bromas y conversa con los niños. Es el Tío Memo. Lo acompañan una cerdita llamada Piggy y una joven de mejillas pintadas que responde al nombre de Tía Bubu. Durante un rato, aquella pequeña pantalla abre la posibilidad de habitar otro mundo.

El show del Tío Memo comenzó a transmitirse por Canal 12 en 1982, con la llegada del chileno Domingo Sandoval a El Salvador. El programa reunía canciones, juegos y personajes que invitaban a los niños a participar desde sus hogares. Regina Cañas trabajaba entonces como periodista en el canal y fue invitada a incorporarse al elenco.

Quería actuar y encontró en aquel personaje una posibilidad para hacerlo. Se pintó las mejillas, recogió su cabello en dos colitas y comenzó a construir una figura que terminaría formando parte de la memoria televisiva del país. En medio de la guerra, aquellas canciones llevaban un poco de alegría a las salas de los hogares que podían sintonizar el programa.

Regina Cañas caracterizada de la Tía Bubu junto al recordado Tío Memo.
Regina Cañas caracterizada de la Tía Bubu junto al recordado Tío Memo. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10150658521721591&set=pb.100048891286909.-2207520000&type=3

Cuando terminó El show del Tío Memo, Regina continuó explorando aquel universo. En 1989 apareció El mundo mágico de la Tía Bubu y, años después, El jardín de la Tía Bubu, transmitido por Canal 2. Los programas combinaban canciones, pequeños sketches, cuentos y juegos.

En el jardín convivían el Hada Chiflis, Cocolito, Bolita y otros personajes que exigían de Regina una capacidad constante para animar, improvisar, cantar y mantener el ritmo del espectáculo. Miles de salvadoreños crecieron con aquella mujer que también podían encontrar en parques, plazas y centros comerciales.

Hace algún tiempo estuve en casa de Regina. Conversábamos sobre teatro cuando comenzó a recordar las canciones de aquellos programas. Me contó que todavía conserva varias grabaciones en casete, incluso canciones que nunca llegaron a utilizarse. Como sabe que soy titiritero, me propuso hacer algo con aquel repertorio. La idea quedó flotando entre nosotros.

Pensé en las voces guardadas en aquellas cintas magnéticas, en los niños que alguna vez cantaron con la Tía Bubu y que hoy son adultos. También en esa mujer que continúa imaginando maneras de encontrarse con su público.

La historia teatral de Regina comienza en 1986, cuando trabaja bajo la dirección de René Alfonso Lacayo. Dos años después participa en La que quiere celeste, que se acueste, dirigida por Nelson Portillo. Desde entonces, su trayectoria atraviesa buena parte de las transformaciones de la escena salvadoreña.

Son cuarenta años de funciones, ensayos, personajes y encuentros con públicos muy distintos, en un país donde sostener una profesión artística ha exigido una enorme capacidad de adaptación.

Durante los años noventa, Regina alternó su popularidad televisiva con el trabajo teatral. Esa relación entre escenarios y grandes audiencias constituye una característica importante de su carrera. Su experiencia con el espectáculo popular le permitió desarrollar recursos que después encontrarían otras posibilidades en la escena dramática.

La comunicación directa con los espectadores, el dominio del ritmo cómico y la capacidad de responder a situaciones inesperadas fueron convirtiéndose en herramientas de su oficio.

Actriz Regina Cañas en el Show de la Tía Bubu
Imagen de archivo de Regina Cañas en el Show de la Tía Bubu. Foto / EL DIARIO DE HOY
La actriz salvadoreña en ensayo de la obra "Sabor a miel" en septiembre de 2006
La actriz salvadoreña en ensayo de la obra «Sabor a miel» en el Teatro Luis Poma, en septiembre de 2006. Foto / EL DIARIO DE HOY

Con la apertura del Teatro Luis Poma, en 2003, Regina encontró un espacio de trabajo continuo junto al director Roberto Salomón, con quien desarrolló una parte importante de su trayectoria.

Participó en La señorita de Tacna (2003) de Mario Vargas Llosa, Un marido ideal (2004), de Oscar Wilde, Por delante y por detrás (2004) de Michael Frayne, El rey Lear (2008) de Shakespeare, El pájaro de la felicidad (2010) de Carlo Gozzi e Incendios (2012) de Wajdi Mouawad, entre otras producciones.

Estos montajes le permitieron explorar distintos registros interpretativos y compartir escena con artistas de varias generaciones. El Poma se convirtió también en una escuela para Regina, quien reconoce que buena parte de su formación actoral proviene de la experiencia sobre las tablas y del diálogo permanente con la dirección.

De esa relación artística nació Baby Boom en el paraíso (2006), de la dramaturga costarricense Ana Istarú, uno de los espectáculos más reconocibles de su repertorio. En este unipersonal, Regina interpreta a una mujer que relata su experiencia con la maternidad mientras prepara un pastel de manzana. Cada acción cotidiana encuentra una correspondencia con el texto dramático. Cortar, mezclar, desplazarse por la cocina o manipular los utensilios se convierten en recursos para sostener una narración que descansa enteramente en su presencia.

Regina Cañas en Baby Boom en el paraíso" en el 2013
Imagen de archivo de Regina Cañas en «Baby Boom en el paraíso» en 2013. Foto / EL DIARIO DE HOY

La obra revela su capacidad para articular palabra, cuerpo y acción, y ha acompañado a Regina durante buena parte de su carrera, con numerosas temporadas y presentaciones que la llevaron incluso al Teatro GALA de Washington, en 2017.

He visto actuar a Regina en Baby Boom en el paraíso, La más sola y la más fuerte, Epifanía de reinas, Malandrines, Apagón y, más recientemente, Cronémica de dos vidas. Cada una de estas experiencias me ha permitido observar algo que considero fundamental en su trabajo. Regina posee una capacidad histriónica extraordinaria y una disposición permanente a transformarse.

Le gusta construir sus personajes desde su apariencia. Una peluca, una barba, una nariz postiza, el maquillaje o una modificación en su manera de caminar pueden convertirse en recursos para descubrir otras posibilidades del cuerpo. Hay en esta inclinación una cercanía con las tradiciones populares del payaso y la caracterización, donde el artificio constituye una herramienta expresiva. Basta recordar sus años como la Tía Bubu, cuando debía relacionarse con personajes de distinta naturaleza y sostener un espectáculo que transitaba entre la música, la comicidad y la improvisación.

Regina Cañas actuando en la puesta en escena "Frankenstein" de 2021.
Regina Cañas actuando en la puesta en escena «Frankenstein» de 2021. Foto René Figueroa / cortesía David Rocha

En Regina, la transformación física está estrechamente vinculada con una comprensión minuciosa del texto. Es una actriz cerebral e instintiva, de carácter fuerte, que pregunta, cuestiona y necesita encontrar sentido a cada palabra. Su trabajo interpretativo se construye mediante una relación entre la elaboración intelectual del personaje y los recursos expresivos de la transformación. Posee, además, una dicción precisa y una notable proyección vocal. Sabe administrar los silencios, modificar las inflexiones y colocar una frase en el momento justo para provocar la risa, el llanto o concentrar la atención del público.

En los últimos años ha mantenido una colaboración con Black Coyote y su director Migue Simán. Ha participado en Frankenstein, el musical Urine Town, El último inventor y en propuestas recientes como Peter Pan sale mal y Sherlock Holmes. Esta última le exige asumir numerosos personajes mediante cambios rápidos de vestuario, voz y corporalidad. Resulta interesante que, después de tantos años, Regina continúe encontrando desafíos precisamente en aquello que ha cultivado desde sus primeros trabajos televisivos, la posibilidad de convertirse en otras personas.

En la entrada de la casa de Regina hay una estructura de hierro que, cuando la visité, comenzaba a convertirse en un árbol de botellas. Sobre una base circular de cemento se levantaban las ramas metálicas destinadas a sostenerlas. Regina me explicó que quería convertir aquel rincón en un lugar de encuentro, donde sus amigos pudieran reunirse para organizar guitarreadas, pequeñas veladas artísticas y prolongar las conversaciones hasta entrada la noche. Me gustó aquella manera suya de imaginar un espacio para compartir, rodeado de botellas que recibirían la luz y multiplicarían las imágenes de quienes estuvieran alrededor.

Regina Cañas en la puesta en escena "Peter Pan sale mal"
Regina Cañas en la puesta en escena «Peter Pan sale mal». Foto René Figueroa / cortesía David Rocha

Ahora que Regina cumple cuarenta años de vida teatral, vuelvo a pensar en aquel árbol. Imagino que las botellas reflejan a las muchas Reginas que han habitado los escenarios, la televisión, los parques y las plazas. Está la Tía Bubu, la mujer que interpreta a Shakespeare, la madre de Baby Boom y tantos otros personajes que sobreviven en la memoria de quienes los vimos. Alrededor del árbol, sus amigos conversan, alguien toca una guitarra y quizá vuelve a escucharse alguna de aquellas canciones guardadas en casete. Regina está allí, entre todos, imaginando nuevos proyectos.

Pienso entonces en la naturaleza efímera del teatro, en esas vidas que aparecen durante una función y permanecen después en el recuerdo de los espectadores. Quizá por eso me gusta imaginar a Regina multiplicada en las botellas de aquel árbol, rodeada de quienes la queremos y admiramos. Después de cuarenta años, todavía quedan personajes por descubrir, canciones por cantar y funciones por hacer. Y Regina, con esa obstinación que conocen quienes se dedican al teatro, sigue adelante.

«Baby Boom en el paraíso» vuelve al Luis Poma este 29 de octubre, como parte del Acto 3 de la Temporada 2026.

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