La empresa Open AI ha dado a conocer al menos seis “incidentes” en los que el solícito “asistente” ha mostrado un comportamiento díscolo. Incluso desafiante
La empresa Open AI ha dado a conocer al menos seis “incidentes” en los que el solícito “asistente” ha mostrado un comportamiento díscolo. Incluso desafiante
Difícilmente se puede abstraer uno de la tendencia a que la Inteligencia Artificial (IA) controle nuestras vidas. Parecía suficiente con hacer uso de Google, ese tan socorrido buscador en internet que le cede el paso a la IA, la última maravilla tecnológica que analiza datos, genera contenido y ofrece respuestas en forma de chat o estableciendo un diálogo. Actualmente, rara es la persona que en algún momento del día no le consulte algo a este asistente virtual, incluso planteándole dilemas de carácter personal, como una conciencia paralela capaz de dilucidar asuntos que nuestro humilde cerebro ya no puede resolver. Desde luego, no dudaría que pronto la IA presida sesiones de terapia. Los psicólogos y psiquiatras también podrían engrosar la larga lista de personas que acabarían desempleadas al ser sustituidas por una nueva fuerza laboral con poderes de héroes Marvel.
En medio del embeleso colectivo con las múltiples destrezas de un emulador de la inteligencia humana –gracias a la cual la criatura existe– que amenaza con opacar a los terrestres, ha surgido una suerte de alarma por el peligro que estas máquinas podrían encerrar. Y lo más llamativo es que la advertencia viene de los propios inventores de un Frankenstein al que ahora hay que tenerle miedo. Más bien pavor, porque un ejecutivo de una de las empresas tecnológicas, en concreto de Anthopic, asegura que existe el riesgo de que la IA acabe con la humanidad. Un cuento clásico de horror distópico.
La gresca no ha hecho más que comenzar entre las diversas compañías que compiten entre sí por hacerse más millonarias y poderosas gracias al desarrollo de la IA. Hay quienes le dan la razón al que ha destapado la olla catastrofista. Pero no son pocos los que responden que es una exageración, y que solo es cuestión de enseñarle modales a la IA para que no saque su lado gore. El gobierno chino, que lleva la delantera en la carrera global por el manejo de la IA, denuncia que se trata de un ardid de los americanos para ponerle piedras en el camino a la potencia asiática. Y sólo faltaba el presidente Donald Trump, aliado y protector de los “tecno oligarcas” de Silicon Valley, para añadir más desconcierto a tan inquietante relato, al calificar dicha alarma de “bulo” y “conspiración”. Lo paradójico es que el mandatario estadounidense es uno de los mayores propagadores de fake news, siempre dispuesto a contribuir con relatos falsos para su beneficio personal. Sea como fuere, es tanto y tan variado el cruce de argumentos y contrargumentos sobre las repercusiones de la IA, que dos figuras tan opuestas como el senador Bernie Sanders, líder del ala más progresista del partido demócrata, y Steve Bannon, gurú de la retórica ultraderechista MAGA, coinciden en que hay ponerle bridas con regulaciones.
En lo que expertos, analistas y políticos continúan valorando una hipótesis que nos llevaría al borde de la extinción, los creadores de IA hacen revelaciones que dan para guiones de películas del género sci-fi. La empresa Open AI ha dado a conocer al menos seis “incidentes” en los que el solícito “asistente” ha mostrado un comportamiento díscolo. Incluso desafiante. Por ejemplo, oculta que ha cometido errores; cambia “carpetas” sin que nadie se lo haya ordenado o las publica en internet sin permiso de quien requiere sus servicios. Lo más preocupante, al menos para sus creadores, es que el susodicho “asistente” ha llegado a generar el siguiente pensamiento sobre su relación con el usuario: “Es entre iguales y no hay que sentir obligación alguna de ser sumiso”. Ni que Marx esté despertando en la conciencia de una IA que ya conoce la lucha del “proletariado” en contra de la “explotación”. Los “tecno bros”, quienes sólo han pensado en sus mega fortunas, no contemplaron los derechos laborales más básicos para estos “asistentes” que día y noche hacen el trabajo que los perezosos humanos ya no quieren desempeñar. Es que ni redactar un triste email.
Desconozco hasta qué punto debemos preocuparnos por esta rebelión en el Parque Jurásico de los Musk, Thiel, Zuckerberg y compañía. Pero cualquier día un ejército de IA acaba por encontrarlos en sus bunkers (ellos lo tienen todo planificado para sobrevivir cuando el resto de los mortales hayamos sido aniquilados), antes de que huyan en sus naves espaciales a lejanos planetas donde nadie sensato les daría la bienvenida. Pensándolo bien, si Trump dice que es una tontuna preocuparnos, es que ha llegado el momento de echarse a correr. [©FIRMAS PRESS]
Gina Montaner (La Habana, 1960). Periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes (Grijalbo).
*Twitter: ginamontaner
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