Investigadores de la Universidad de El Salvador implementan el sistema MIAF con agricultores de La Paz y Cuscatlán, una técnica que combina árboles frutales, granos básicos y hortalizas para diversificar la producción y proteger los suelos
Investigadores de la Universidad de El Salvador implementan el sistema MIAF con agricultores de La Paz y Cuscatlán, una técnica que combina árboles frutales, granos básicos y hortalizas para diversificar la producción y proteger los suelos

La agricultura salvadoreña enfrenta un desafío cada vez mayor por las condiciones climáticas y la necesidad de garantizar alimentos durante todo el año.
Ante este escenario, investigadores de la Universidad de El Salvador (UES) desarrollan una alternativa que busca cambiar la forma tradicional de cultivar y fortalecer la seguridad alimentaria.
El Departamento de Fitotecnia de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la UES ejecuta la segunda fase del proyecto “Agronegocio y clústers rurales autogestionarios e inclusivos: Sostenibilidad alimentaria, resiliencia climática y educación de la ciencia para sistemas técno-agroecológicos del corredor seco de Centroamérica”, conocido como Proyecto 3-GT.
La iniciativa trabaja con el sistema MIAF (Milpa Intercalada con Árboles Frutales), una técnica que combina en una misma parcela árboles frutales con granos básicos, hortalizas y otras especies alimenticias.
El proyecto comenzó en 2026 y se extenderá hasta 2027. Cuenta con financiamiento del International Development Research Centre (IDRC) y la Secretaría General del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), y beneficia a docentes, investigadores, estudiantes y agricultores salvadoreños.
Uno de los principales objetivos del proyecto es que los agricultores no dependan exclusivamente de los cultivos tradicionales de granos básicos.
Fidel Parada Berríos, ingeniero agrónomo y especialista en fruticultura de la UES, explicó que el sistema permite combinar cultivos como maíz, frijol, sorgo, ajonjolí y hortalizas con árboles frutales, con lo que se busca diversificar la producción y mejorar las posibilidades de obtener alimentos durante diferentes épocas del año.
“Nos permite desarrollar la producción agroecológica de cultivos frutícolas en asocio con maíz, frijol, sorgo, ajonjolí y hortalizas”, explicó el investigador.
La estrategia cobra especial importancia en zonas vulnerables a la sequía y otros efectos del cambio climático y de el fenómeno de El Niño, donde mantener una producción basada en un solo cultivo puede aumentar los riesgos para las familias agricultoras.
La propuesta busca que un mismo terreno pueda producir diferentes alimentos y, al mismo tiempo, contribuir a conservar el suelo.
La técnica MIAF contempla la siembra de árboles frutales aproximadamente a un metro de distancia entre cada ejemplar y su establecimiento en curvas a nivel.
Los árboles son podados y orientados hacia lados opuestos para evitar que sus ramas se entrecrucen. Conforme crecen, forman una especie de seto vivo que funciona como barrera contra la erosión.
De acuerdo con los investigadores, estas barreras ayudan a reducir la pérdida de suelo provocada por el agua y el viento, especialmente en terrenos de ladera.
Además, la disposición de los árboles permite que reciban suficiente luz solar, lo que favorece la producción de fruta.
“Lo novedoso de este sistema son las parcelas agroecológicas, que se siembran a un metro de distancia en curvas a nivel, para que haga la función de barreras vivas, evitando la erosión hidrológica y eólica del suelo”, señaló Parada Berríos.
La UES ya comenzó a trasladar esta metodología de las parcelas experimentales a terrenos de agricultores.
El proyecto tiene intervenciones en el departamento de La Paz, particularmente en la zona de Zacatecoluca, y también en San Rafael Cedros, Cuscatlán.
En esta etapa fueron establecidos 400 árboles de limón pérsico y 200 de anona en parcelas de cuatro agricultores, seleccionadas de acuerdo con las condiciones de los terrenos y la adaptación de los cultivos.

Los investigadores también han trabajado con otras especies, entre ellas plátano.
Parada Berríos explicó que la selección de los árboles toma en cuenta las características de cada zona. Entre las especies que pueden adaptarse a condiciones de sequía mencionó el mango, jocote, anona y nance, mientras que el limón pérsico puede incorporarse en terrenos donde sea posible aplicar riego.
Antes de establecer las parcelas, los investigadores realizan visitas técnicas y estudios de suelo para determinar cuáles son los cultivos y asocios más adecuados para cada agricultor.
El sistema MIAF no es una técnica nueva. De acuerdo con los investigadores de la UES, comenzó a implementarse en México desde el año 2000 mediante el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y el Colegio de Postgraduados (COLPOS).
Desde entonces se han establecido decenas de módulos, especialmente en zonas de ladera, donde la combinación de árboles frutales y cultivos permite aprovechar mejor el terreno.
En El Salvador, la UES realizó sus primeras pruebas en 2023, en la Estación Experimental y de Prácticas de la Facultad de Ciencias Agronómicas.
Estas primeras parcelas funcionaron como pruebas piloto y vitrinas tecnológicas. Los resultados obtenidos permitieron avanzar hacia una segunda fase directamente con agricultores. Ahora la universidad busca que la experiencia pueda ser adoptada por más productores.
Uno de los agricultores que participa en el proyecto es Roher Alfaro, del departamento de La Paz, quien recibió apoyo técnico de la UES para establecer el sistema agroecológico en su parcela.
En su terreno fueron sembrados 200 árboles de anona. Alfaro explicó que cuando llegó a la zona, hace cinco años, encontró un terreno con condiciones difíciles para la agricultura.

“Cuando llegué a este lugar hace cinco años, era un desierto, no habían árboles frutales”, relató.
El agricultor señaló que el terreno era rocoso, arcilloso y barrialoso y que anteriormente predominaban actividades como el cultivo de maíz y la producción de dulce de caña.
Con el paso del tiempo comenzó a transformar el lugar mediante la siembra de árboles nativos y frutales.
Su objetivo, además de producir alimentos, es convertir la zona en un bosque agroforestal y desarrollar actividades vinculadas al turismo de naturaleza.
“Debido al cambio climático, que vivimos y el poco cultivo de granos básicos que se hace en el país, junto a mi familia tomamos la iniciativa de crear los terrenos en un bosque agroforestal, con árboles nativos, frutales y promover el turismo”, afirmó.
Ahora espera que los árboles de anona permitan obtener una nueva fuente de producción para su familia. “Con estos 200 árboles de anona, tendremos grandes resultados”, expresó.
Para los investigadores de la UES, la diversificación es uno de los elementos fundamentales para enfrentar los efectos del cambio climático sobre la agricultura.
La propuesta no busca sustituir completamente los granos básicos, sino integrarlos con árboles frutales, hortalizas y otras especies para aprovechar mejor cada parcela.
La universidad considera que la adopción de este tipo de sistemas puede contribuir a mejorar la producción agrícola, reducir la erosión de los terrenos y generar diferentes fuentes de alimentos e ingresos para las familias rurales.
El proyecto también incorpora a docentes y estudiantes, quienes participan junto con los investigadores en el acompañamiento técnico a los agricultores.
La apuesta es que el conocimiento científico salga de las aulas y llegue directamente a las parcelas, especialmente a aquellas ubicadas en zonas vulnerables del corredor seco centroamericano.
Para la UES, fortalecer estos sistemas de producción resulta clave ante un escenario en el que el cambio climático puede afectar cada vez más los rendimientos agrícolas y, con ello, la disponibilidad de alimentos.
La advertencia de los investigadores es clara: si la agricultura no recibe atención y nuevas alternativas de producción, el país enfrentará mayores dificultades para garantizar su seguridad alimentaria.

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