Si algo les ha sobrado a los cubanos a lo largo de los años es la “paciencia y perseverancia” de la que habla Marco Rubio
Si algo les ha sobrado a los cubanos a lo largo de los años es la “paciencia y perseverancia” de la que habla Marco Rubio
Las noticias que llegan de Cuba son desalentadoras. No se trata de algo que nos toma por sorpresa, ya que desde hace casi siete décadas los cubanos sufren penurias bajo un régimen dictatorial, pero cuando se creía que se tocó fondo resulta que el gobierno comunista es capaz de infligir más zozobra a una sociedad que a duras penas sobrevive.
El último informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos indica que actualmente la extrema pobreza afecta al 94% de la población con datos que sobrecogen: 8 de cada 10 cubanos han dejado de desayunar, y de las tres comidas al día consiguen con gran dificultad una para alimentar a la familia. A la hambruna general hay que añadir los apagones que afectan a la mayor parte del país entre 20 y 30 horas seguidas. La falta de energía eléctrica provoca que el agua no llegue a los hogares, donde ni siquiera pueden paliar el calor sofocante con una ducha fría. Las imágenes de La Habana, con sus calles llenas de basura y la gente cocinando los pocos víveres al calor de fogatas, son la viva estampa del fracaso de la revolución castrista, un vendaval de detritus ideológico que desde 1959 se ha llevado por delante a al menos tres generaciones de cubanos: unos condenados al exilio, otros a evadirse en balsas y el resto, encerrado en una isla que muy pronto se convirtió en una inmensa cárcel.
A estas alturas de la tragedia colectiva, lo que queda en pie del castrismo es un modelo de continuidad, presidido por Miguel-Díaz Canel, que solo pretende preservar el poder y las corruptelas de las que se beneficia el estamento militar que controla el poder. Por eso, en esta era en la que la política del gobierno del presidente Donald Trump apuesta por la táctica de la “asfixia” y el “cerco” al régimen de La Habana, los miembros de la cúpula corretean como ratones para evitar caer en su propia ratonera. Es evidente que, al clan de los Castro, cuyo negociador principal es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del todavía vivo Raúl, le interesan las conversaciones que durante meses sostienen con funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, al frente del cual está el cubanoamericano Marco Rubio. Los Castro y su entorno buscan válvulas de escape para librarse de un fin como el del venezolano Nicolás Maduro. Y si se trata de hacer malabarismos para pasar de una fallida economía estatista a una suerte de capitalismo supervisado por un Partido único, con China y Vietnam como ejemplos, ponen manos a la obra con la torpeza y tardanza que caracteriza al castrismo. Como quiera que sea, ganan tiempo mientras la población no sale de la miseria y el abandono total por parte de las autoridades, salvo para reprimir cualquier manifestación que exija cambios.
En cuanto a las relaciones de Washington con Cuba, en estos momentos Estados Unidos está demasiado enredado en el avispero de la guerra con Irán y ocupado en gestionar el “protectorado” en la nueva Venezuela de un chavismo obediente que manda a su vecino del norte los codiciados barriles de petróleo. Por ello, Rubio les pide a los cubanos “paciencia y perseverancia”. Es evidente que exhorta a la diáspora cubana –convencida a principios de verano de que Cuba era la “próxima en caer” después de Venezuela, según palabras de Trump– a mantener la calma. El plan no incluye una “intervención militar”, sino una estrategia con severas sanciones económicas y también el cerco al acceso al petróleo. El objetivo es que el sistema eventualmente colapse sin un Marine a la vista. En su pedido, el secretario de Estado incluye a los cubanos que permanecen en la isla y que son los que viven en carne propia la desesperanza diaria y ese ahogo que no es figurado, sino hiriente en lo físico y también mentalmente.
Si algo les ha sobrado a los cubanos a lo largo de los años es la “paciencia y perseverancia” de la que habla Rubio. Eso me recuerda a uno de los personajes del musical In the Heights, del dramaturgo y compositor estadounidense de origen puertorriqueño Lin Manuel-Miranda. En la obra de Broadway y en la versión cinematográfica la abuela Claudia, una vecina del barrio neoyorkino Washington Heights, rememora el calor de su país natal, Cuba, en plena canícula en Nueva York con la ya célebre frase de “Paciencia y fe”. Poca fe les queda a los cubanos con otro verano sumidos en la oscuridad. [©FIRMAS PRESS]
Gina Montaner (La Habana, 1960). Periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina.
Su libro más reciente es Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes (Grijalbo).
*Twitter: ginamontaner
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