Para miles de microempresas, el crédito formal ni siquiera llega a convertirse en una opción, pues consideran que los requisitos exigidos les impedirán acceder a un préstamo.
Para miles de microempresas, el crédito formal ni siquiera llega a convertirse en una opción, pues consideran que los requisitos exigidos les impedirán acceder a un préstamo.

La mayor parte del financiamiento que los prestamistas informales, conocidos también como usureros, otorgan a las micro y pequeñas empresas (MYPES) salvadoreñas no llega a negocios que fueron rechazados por un banco o una microfinanciera, sino a emprendedores que nunca intentan solicitar un crédito porque consideran que no cumplen los requisitos o creen que perderán el tiempo en el proceso.
Esa es una de las principales conclusiones delreciente estudio elaborado por el Observatorio MYPE de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (FUSAI), el cual estima que hasta un 32.1% de las MYPES informales del país, equivalentes a unas 274,435 unidades económicas, se autoexcluyen del sistema financiero formal y recurren directamente a prestamistas informales.
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El fenómeno también representa el segmento más grande de los préstamos informales que se mueven en el país ya que, según el informe, este grupo de microempresas autoexcluidas concentra préstamos equivalentes a unos $661.3 millones al año, es decir, el 52.8% de todo el financiamiento informal que reciben las MYPES, una proporción muy superior a la de las empresas que acuden a prestamistas después de que una institución financiera les negara un crédito.
El coordinador del Observatorio MYPE de FUSAI, Rafael Pleites, explicó durante la presentación del informe, la semana pasada, que muchos microempresarios ni siquiera consideran acercarse a una institución financiera porque asumen de antemano que no cumplirán con las condiciones y requisitos exigidos.
«Un tercer grupo son aquellos que, entre comillas, se autoexcluyen, es decir, que creen que es ‘por gusto’ ir a una institución financiera, ya sea por no tener un estado financiero auditado, una garantía hipotecable, etc., entonces se preguntan ‘¿qué voy a ir a hacer ahí? Mejor me voy directamente al prestamista informal», afirmó.
Pleites señaló que esa percepción responde, en buena medida, a las características de los negocios informales, cuyos propietarios suelen carecer de historial crediticio o los puntos ya mencionados, los cuales son requisitos que consideran indispensables para acceder a un préstamo.
«Muchos de estos requisitos se convierten, para la gran mayoría de micro y pequeñas empresas no formales, en una barrera de acceso al crédito. Y ojo, no es que no tengan capacidad, es que sus características no le permiten cumplir», sostuvo.

El estudio también identifica otras razones que alimentan esa autoexclusión, y entre ellas figuran la percepción de que los trámites son demasiado lentos frente a la rapidez con la que opera un prestamista informal, la creencia de que los montos aprobados serían insuficientes para cubrir las necesidades del negocio y el temor a recibir una respuesta negativa por no contar con antecedentes crediticios. Estas condiciones afectan especialmente a pequeños comercios, negocios de servicios personales y productores agrícolas de subsistencia, que requieren recursos inmediatos para reponer inventarios o financiar las siembras.
En contraste, el estudio estima que las MYPES que terminan recurriendo a prestamistas informales después de haber sido rechazadas por una institución financiera representan apenas el 12.6% del monto total del crédito informal que se registra en el país, equivalente a unos $157.8 millones al año.
Durante la presentación de los resultados, Pleites también advirtió que la solución no está únicamente en endurecer la regulación de las tasas de interés, sino también en ampliar las opciones de financiamiento para este sector económico.
«El camino no es vía decreto… es por innovación. No vaya a poner usted unos topes de tasas que limiten la innovación del sector formal, porque entonces está limitando la cobertura formal y está alimentando el préstamo informal», expresó.
Por su parte, el presidente de la Asociación de Organizaciones de Microfinanzas (ASOMI), Alexander Reyes, quien también participó en la presentación del informe, reconoció que el estudio también deja lecciones para las instituciones financieras, especialmente en la necesidad de adaptar sus productos a las condiciones de las microempresas.
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«Los clientes del estudio también manifiestan simplificar procesos, productos adecuados a sus necesidades… ahí tenemos una labor fuerte a seguir trabajando.»
El dirigente añadió que las entidades de microfinanzas, a las cuales representa ASOMI, conocen tanto las fortalezas como las dificultades de este segmento empresarial. «Sabemos cuáles son sus fortalezas, pero sabemos cuáles son los dolores también de nuestros clientes», añadió.
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