El festejo de la escuadra de Egipto, que configuraba el transitorio dos a cero en el marcador, resultó tan efímero como electrizante.
El colegiado principal del encuentro, François Letexier, invalidó la conquista tras consultar el monitor del VAR, dictaminando que existió una falta en perjuicio del defensor argentino Lisandro Martínez.
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Este dictamen fue refrendado y clarificado por el analista sueco Victor Karimi a través de la plataforma @refereechannel en Instagram, aportando el rigor reglamentario necesario para disipar las dudas del público.
La génesis de la acción se localizó a considerables metros de la valla custodiada por el arco albiceleste.
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El conjunto africano recuperó la posesión de la globa en su propio hemisferio y, a partir de ese instante, hilvanó una veloz transición ofensiva que culminó con el esférico besando las redes.
No obstante, el escrutinio tecnológico desnudó que, en el inicio del quite, un futbolista egipcio pisó de forma accidental el botín de Martínez.
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Si bien la maniobra careció de premeditación o mala fe, el contacto físico constituyó una infracción flagrante.
Conviene recordar que las Reglas de Juego actuales no ponderan la intencionalidad del infractor, sino la fuerza, la imprudencia o el impacto de la acción; el pisotón existió y desestabilizó por completo al zaguero, enviándolo directamente al césped.
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La delgada línea del protocolo y la fase de posesión de ataque
El nudo gordiano de la resolución radicó estrictamente en la continuidad de la secuencia.
En consonancia con las directrices internacionales que rigen el uso del VAR, si la escuadra que se encuentra en ofensiva comete una transgresión en la fase de posesión de ataque (APP, por sus siglas en inglés) que deriva inmediatamente en la concreción de un gol, la acción es pasible de ser revisada de forma retrospectiva.
En este caso específico, tras la falta cometida sobre el defensor del Manchester United, Egipto retuvo el control del útil sin que mediara ninguna interrupción, despeje o pérdida de la posesión, extendiendo el avance de manera fluida hasta batir la portería argentina.
Por consiguiente, al formar parte de la misma cadena cinemática de juego, la falta original terminó por viciar todo lo edificado con posterioridad, otorgándole plena potestad a la cabina de transmisión para sugerir la revisión en el monitor de campo.
Legitimidad en la revocación y la reanudación del juego
Una vez sopesados los elementos fácticos con el reglamento en la mano, la única determinación jurídicamente viable en términos deportivos era la anulación del grito africano.
El juego debió reanudarse, tal como ocurrió, con un tiro libre directo a favor de Argentina desde el sitio exacto donde Martínez recibió el impacto.
El factor diferencial de este análisis estriba en que la falta ocurrió dentro del mismo ciclo ofensivo.
Si los norafricanos hubiesen perdido el balón en el trayecto y vuelto a recuperarlo en una segunda instancia tras un despeje efectivo de la zaga argentina, el análisis protocolar habría sido diametralmente opuesto, validando el tanto.
Al configurarse una secuencia limpia y continua de ataque, el gol no podía ser convalidado bajo ningún concepto legal.
El error disciplinario omitido en el festejo de Hassan
No obstante el incuestionable acierto en la supresión del gol, el trámite dejó al descubierto una evidente desatención disciplinaria por parte de la terna arbitral.
En el paroxismo de la celebración, el atacante egipcio Hossan procedió a quitarse la camiseta para festejar la conquista de cara a la tribuna.
Las directrices de la FIFA tipifican este festejo desmedido como una conducta antideportiva que debe ser sancionada de forma taxativa con una tarjeta amarilla.
La normativa vigente especifica que dicha amonestación deber ser exhibida independientemente de que la conquista sea revocada de forma posterior por el VAR.
La transgresión al decoro del juego se consumó en el plano fáctico, por lo que el futbolista debió haber sido amonestado de igual manera. Al omitir la cartulina, el árbitro principal incurrió en un error de procedimiento.
En suma, a pesar de que la revisión fue catalogada en primera instancia como confusa o carente de fluidez por los espectadores, la invalidación del tanto encuentra un respaldo granítico en las leyes del balompié moderno.
La mancha del arbitraje no estuvo en el uso de la tecnología, sino en la condescendencia disciplinaria al perdonarle la amonestación al artillero egipcio.