Los valores que durante las últimas décadas han sostenido la democracia liberal como sistema político (que no como sistema de gobierno) están, simplemente, en retroceso
Los valores que durante las últimas décadas han sostenido la democracia liberal como sistema político (que no como sistema de gobierno) están, simplemente, en retroceso
La gente en general, pero sobre todo los más jóvenes, se muestran cada vez más desconfiados con la política y con la democracia. La teoría da paso, necesariamente, al pragmatismo: lo que importa principalmente hoy día es que los problemas más acuciantes: inseguridad, costo de la vida, oportunidades de empleo, etc., se solucionen ya, para ya. No importa cómo, interesa que haya soluciones.
Temas que requieren una elaboración mental un poco más compleja, como las reivindicaciones del feminismo, la inclusión, el ecologismo o la protección de las minorías, pierden protagonismo frente al puro y duro inmediatismo que lleva a tener la vida solucionada, con una actitud que parece gritar un “no hay mañana” que, con poco que se piense, resulta más bien preocupante. Pues, efectivamente, el problema está en que, simplemente, ya no se piensa.
Las prioridades de la gente son el trabajo, la seguridad y la salud. Lo demás: educación, macroeconomía, política internacional, valores democráticos, pluralismo político, solidaridad con los más débiles e incluso ecologismo, vienen sobrando. Ganar dinero, tener seguridad frente a la delincuencia, y diversión (pan y circo) se han convertido en los pilares que sostienen gobiernos.
Por supuesto, la militancia política encabeza la lista de los temas que a la gente en general, y a los jóvenes en particular, les es cada vez más indiferente. Todos confían en que “alguien” se hará cargo. El cómo se solucionen los problemas es lo de menos, lo que importa al final del día es que los problemas se solucionen, o que en la vida de cada día, no haya complicaciones.
En este contexto la democracia como inclusión en el gobierno de todas las corrientes de pensamiento, y la representación de todas las ideologías y formas de pensar en un parlamento o congreso legislativo es, prácticamente, irrelevante. Papel mojado: algo que está allí pero que a nadie dice nada.
Quizá por todo lo anterior la imagen, y por supuesto la propaganda, lo es todo cuando de acceso al poder y ejercicio del mismo se trata; o cuando unas “soluciones” reales o ficticias a los problemas se constituyen como las fibras que tejen lo que se ha llamado el imaginario colectivo.
De aquí que la “mano dura” es infinitamente más aceptada que el respeto de las libertades o la inclusión de los pensamientos disidentes. Lo que importa es que los problemas sean resueltos, o, al menos -y esto es lo más triste, o preocupante- que haya una sensación generalizada de que han sido resueltos.
En un reciente estudio hecho en España, en el que se proponía a la gente la frase “las elecciones conducen a la división y a la polarización, y por ello a veces un régimen autoritario permite una convivencia más pacífica” ha recibido un abrumador “de acuerdo”, en comparación con un escuálido “en desacuerdo”… de donde uno concluye que los valores que durante las últimas décadas han sostenido la democracia liberal como sistema político (que no como sistema de gobierno) están, simplemente, en retroceso.
Todo lo anterior son malas noticias para quienes piensan política (en el sentido tradicional del término) o democráticamente. O, dicho de otro modo, para quienes creen que en el gobierno del Estado deben estar todos representados. Y muy buenas para quienes creen que “todos” no cuentan, que quienes de verdad deben tener la sartén por el mango son un puñado de iluminados a quienes la mayoría les confían su destino, con tal de que garanticen seguridad y bienestar.
Algo que en pura y dura teoría política, se conoce como fascismo o extrema derecha; pero que hoy día se disfraza con la palabra “democracia” (aprovechando los últimos brillos que le quedan) puesto que, a fin de cuentas, el concepto parece haberse convertido en un canasto de sastre en el que hay retales de vario pintos autoritarismos. Papel mojado.
Ingeniero/@carlosmayorare
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