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Y eran y son salvadoreños

Ante una historia médica tan rica, el reconocimiento internacional y el sacrificio de tantos médicos, tanto en la guerra como en la pandemia, cabe la pregunta: ¿por qué necesitamos médicos extranjeros para «enseñar» o para trabajar en el nuevo Rosales?

Carmen Marón

La historia de la medicina en El Salvador está llena de «hitos», es decir, cosas que se hicieron en el país por primera vez antes que en otros países o recibieron reconocimiento internacional. Hay muchas cosas que se hicieron en El Salvador mucho antes que en países «más adelantados» de la región. Y todos los médicos eran salvadoreños.

Por ejemplo, las vacunas. El Salvador creó el primer programa centralizado de vacunación en 1900. Esto fue casi una década antes que varios países latinoamericanos, algunos de los cuales no tuvieron programas de vacunación hasta 1930. Fue tan exigente el programa que la vacunación contra la viruela se hizo obligatoria y subsidiada por el Estado en 1907. Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.


En 1926, el Estado creó el «Servicio Médico Subsidiado para los Pobres», el cual incluía circuitos médicos y juntas calificadoras para garantizar la justa atención. Este modelo de seguro público de salud para la población vulnerable desapareció, pero otros países lo modelaron, entre ellos Costa Rica (1941), México (1943) y Chile (1952). Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.

En la década de 1930, el país inició programas de lucha antimicrobiana, trajo sulfas y masificó los antibióticos mucho antes que muchos países en la región. En cristiano: en El Salvador se trataban infecciones con antibióticos mientras en otros países de Latinoamérica la gente moría. Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.

En 1940, la OMS destacó a El Salvador por su modelo de sanidad técnica. La Unidad Técnica de Santa Tecla fue considerada centro de entrenamiento regional y funcionó como modelo para países vecinos. Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.

El Hospital Rosales (el viejito) era el centro quirúrgico de referencia regional. Entre 1910 y 1920 se realizaron cirugías avanzadas para la época. Y eso porque El Salvador utilizaba máquinas de rayos X desde 1899, cuatro años después de su descubrimiento. Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.

Pero, como me van a decir que esto es «muy viejo», vámonos a los últimos cuarenta años. El 7 de enero de 1985 se realizó el primer trasplante de riñón en el ISSS. Cabe aclarar que el país estaba en guerra y, sin embargo, fue uno de los primeros programas de trasplante renal estables en Centroamérica. El Salvador era, repito, en plena guerra civil, de los pocos países de la región capaces de realizar trasplantes renales con protocolos completos. Desde entonces se han efectuado 1,100 trasplantes renales. En 1986, siempre en guerra, se realizó el primer trasplante renal pediátrico. Y todos los médicos encargados eran salvadoreños.

Hablemos del cáncer. El primer servicio de radioterapia en El Salvador se inauguró en 1926; el primer pabellón oncológico se inauguró en el Rosales (el viejito) en 1938. El Programa Nacional de Atención Integral a las Personas con Cáncer, que incluye tamizaje, vacunación (VPH, hepatitis B), cuidados paliativos y registro nacional, se inauguró en 2015. Además, entre 1990 y 2000 se creó el primer programa de cáncer infantil, y El Salvador pasó de tener una mortalidad casi total a tasas de supervivencia comparables con países de ingresos medios-altos. Es más, El Salvador fue reconocido por la ONU por su labor y el país pasó de no tener oncología pediátrica a ser modelo regional. Y todos los médicos encargados eran y son salvadoreños.

Hablemos de estudiantes. El Salvador recibe estudiantes de Europa a través del programa IFMSA, que conecta a El Salvador con 130 países. Vienen al país porque obtienen una exposición clínica muy amplia en emergencias, traumatología, pediatría y medicina interna. También se ven expuestos a casos complejos y variados que no ven en sus países, entre ellos enfermedades tropicales y, en los hospitales públicos, el alto volumen de pacientes acelera el aprendizaje. La universidad clave es la UES. Y, ven, los médicos de los que aprenden son salvadoreños.

Además de eso, dos médicos salvadoreños han recibido el prestigioso Premio a la Innovación Médica (IOCIM), en Brasil, y uno la Medalla del Senado de Francia por, entre otras cosas, «sus aportes a la legislación salvadoreña sobre trasplante de células, tejidos y órganos». (El premio en sí fue por trasplante de médula ósea). El Salvador destaca regionalmente en neurocirugía, radiocirugía, oncología pediátrica, innovación en oncología ginecológica, cirugía reconstructiva, medicina de emergencias, radiología y dosimetría.

Ante una historia médica tan rica, el reconocimiento internacional y el sacrificio de tantos médicos, tanto en la guerra como en la pandemia, cabe la pregunta: ¿por qué necesitamos médicos extranjeros para «enseñar» o para trabajar en el nuevo Rosales? Si se quiere, al fin de cuentas, entrenar a las nuevas generaciones, ¿por qué no se trae a tanto médico salvadoreño que es exitoso fuera de las fronteras patrias con beneficios comparables y se revierte la fuga de talentos que se ha producido en el país durante los últimos treinta años?

Tuvimos, a principios del siglo pasado, una ventaja envidiable en lo público. Espero que, verdaderamente, «lo público se vuelva mejor que lo privado», como entonces. Pero, en el proceso de ser un país de primer mundo, ¿por qué no los imitamos también en su premisa de que «lo nacional tiene prioridad sobre lo extranjero»? Es que es hora de que nos demos cuenta de que somos capaces de mucho, siendo salvadoreños.

Educadora.

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