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Remesas han contribuido a reducir impacto de la guerra de Irán en El Salvador: Banco Mundial

A pesar de que los elevados precios de los combustibles han provocado el alza en los costos de importación y han empujado la inflación, el consumo derivado de las remesas ha funcionado como un atenuante en los países de la región, según el organismo

Guerra Estados Unidos Irán Israel
El humo se eleva tras un ataque aéreo israelí en Tiro el 9 de junio de 2026. Foto EDH/AFP

Desde el 28 de febrero pasado, día en que inició el conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán, la economía mundial ha venido reaccionando en distintas formas, principalmente, a través del mercado energético que se ha visto afectado por los precios internacionales del petróleo.

Este aumento significativo, pese a que en los últimos días ha ido ya estabilizándose, provocó en los últimos meses un avance de las tasas de inflación de distintos países, incluido El Salvador, donde los datos del Banco Central de Reserva (BCR) arrojan que, desde el estallido de la guerra, distintos rubros de la economía han ido escalando, tales como el de transporte (que incluye los combustibles y aceites derivados del petróleo) y el de los alimentos y bebidas.


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A pesar de que Estados Unidos e Irán ya anunciaron un acuerdo preliminar para cesar los ataques, los efectos económicos quedan como remanente para las economía de los pequeños países que dependen de la importación de petróleo, sin embargo, un análisis del Banco Mundial, que recientemente publicó sus actualizaciones sobre las Perspectivas Económicas Mundiales, apunta que en los países de Centroamérica se han mitigado los efectos a través de dos factores claves: las remesas y el consumo.

Puntualmente, el organismo indicó en su informe que “en Centroamérica, donde la mayoría de economías son importadoras netas de energía, se espera que los mayores precios internacionales del petróleo afecten la actividad económica mediante mayores costos de importación, presiones inflacionarias y una reducción de los ingresos reales. Sin embargo, estos factores adversos son mitigados parcialmente por flujos resilientes de remesas y una demanda interna relativamente estable».

Lo anterior puede comprobarse en los propios datos del BCR, los cuales dan cuenta de que los salvadoreños de la diáspora, por ejemplo, enviaron hasta $3,286.7 millones en remesas solo en los primeros cuatro meses del año, un monto que refleja la magnitud del dinero que se inyecta a la economía del país mes a mes. 

El análisis del Banco Mundial va en la línea de que, en un contexto con una tasa de inflación alta y de precios elevados, el consumo interno podría disminuir, es decir: con combustibles y transporte de carga más caros, y con alimentos también más caros, la capacidad de adquisición de las familias del país podría disminuir considerablemente y, con ello, el gasto que se realiza en consumo, sin embargo, no ha sucedido así.

Lo anterior debido a que el consumo está empujado en gran parte por esas remesas que envían los salvadoreños en el exterior. Según las estadísticas del BCR, de los $3,286.7 millones que recibió el país en los primeros cuatro meses del año, hasta $3,249.1 millones se destinaron, precisamente, al consumo, lo que incluye la compra de alimentos, el pago de servicios, y también la compra de otros bienes como vestuario, medicinas o entretenimiento, además de la educación.

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La cifra anterior significa que los salvadoreños que reciben remesas han ocupado casi el 99% de ese dinero en consumir en comercios del país pese a la subida de precios, lo que equivale a una demanda interna estable. La razón por la que el consumo no ha disminuido es que, de forma paralela, las remesas se han mantenido creciendo en los primeros meses del año, lo que ha funcionado para compensar las altas de la mayoría de bienes y servicios en el país.

Entre enero y abril de este año, la cantidad de remesas que recibió el país tuvo un aumento de hasta un 6.8% con respecto al mismo periodo de tiempo del año anterior cuando, según el BCR, se registraron $3,076.9 millones, lo que se traduce en una diferencia de hasta $209.7 millones.

Este fenómeno también puede observarse en países como Guatemala, donde medios locales reportan que en el mismo lapso de tiempo, los guatemaltecos en el exterior enviaron hasta $8,431.6 millones a sus familias, quienes destinaron más del 60% de ese dinero para la compra de bienes y servicios de consumo.

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