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Vienen tiempos de vacas flacas

Mientras Europa discute cómo proteger su industria, China continúa avanzando. Ya no hablamos solamente de productos baratos. Hablamos de automóviles eléctricos e híbridos, baterías, maquinaria, electrónica, trenes, energía y tecnología.

La locomotora reduce la velocidad.

Desde hace varias semanas, con la ayuda de ChatGPT, vengo siguiendo y analizando diariamente las noticias que publican los principales periódicos alemanes sobre su industria. No son conjeturas ni predicciones catastrofistas. Son hechos que, vistos aisladamente, pueden parecer circunstanciales, pero al unirlos comienzan a mostrar una tendencia. Durante décadas Alemania ha sido la locomotora industrial de Europa. Pero cuando una locomotora reduce la velocidad subiendo una pendiente, también la reducen los vagones que arrastra. Y Europa tiene muchos vagones conectados a ella.


El icono alemán cojea…Volkswagen es mucho más que un fabricante de automóviles. Es uno de los símbolos del milagro económico alemán. Para millones de familias alemanas, comprar un Volkswagen significó durante décadas que las cosas iban mejorando. Algo parecido representó el SEAT 600 para muchas familias españolas. Por eso hay que prestar atención cuando este icono cojea.


El nuevo plan de saneamiento de Volkswagen pone sobre la mesa cifras impresionantes: decenas de miles de puestos de trabajo afectados, más de medio millón de vehículos de capacidad excedente anual en Europa, una fuerte reducción del número de modelos y una disminución drástica de la complejidad. No estamos ante pequeños ajustes.


Si no tomas las pastillas… Mi madre me decía cuando era niño: “Si no te tomas hoy las pastillas, después tendrán que ponerte inyecciones”. Era un consejo relacionado con la salud, pero sirve también para las empresas. Durante años hemos hablado de prevención, mejora continua y análisis de riesgos. Pero identificar un riesgo sirve de poco si no actuamos a tiempo.


Volkswagen tuvo señales de advertencia: costes elevados, exceso de complejidad, dependencia del mercado chino, transformación hacia el vehículo eléctrico y nuevos competidores. Las pastillas probablemente habrían sido incómodas.


Ahora llegan las inyecciones. Menos modelos, menos proveedores. Volkswagen pretende reducir radicalmente el número de modelos y aproximadamente tres cuartas partes de su complejidad.
Industrialmente tiene lógica.


Menos variantes significan menos componentes, moldes, matrices, inventarios y logística, además de mayores volúmenes por pieza. Eso se llama simplificar.


Pero cuando desaparece un modelo no desaparece solamente un automóvil del catálogo. También pueden desaparecer líneas de producción, proveedores, transportistas, ingenierías y puestos de trabajo. Ahí comienza el efecto dominó.


China va por todo. Mientras Europa discute cómo proteger su industria, China continúa avanzando. Ya no hablamos solamente de productos baratos. Hablamos de automóviles eléctricos e híbridos, baterías, maquinaria, electrónica, trenes, energía y tecnología. Los fabricantes chinos aprendieron rápidamente algo que Alemania dominó durante décadas: producir industrialmente, mejorar continuamente y competir internacionalmente. Los alumnos ahora compiten con los maestros.
Tenemos demasiado de todo: Hay además otra realidad de la que hablamos poco: el mundo desarrollado tiene mucho de todo. En muchas familias hay dos o tres automóviles. Las ciudades ya no encuentran dónde estacionarlos. Las viviendas están llenas de ropa, muebles, aparatos electrónicos y objetos que todavía funcionan.


Durante décadas el crecimiento dependió de fabricar y vender cada año más. Quizá estamos entrando en una época diferente: no solamente habrá que fabricar mejor, sino aprender a producir y consumir de otra manera.


Los vagones sentirán el tirón. Una fábrica alemana utiliza componentes españoles, piezas polacas, sistemas checos, servicios de ingeniería de otros países y materias primas procedentes de medio mundo.


La Unión Europea no es solamente una unión política. Es una enorme red industrial interdependiente. Cuando Alemania crece, muchos crecen con ella. Cuando la locomotora pierde velocidad, los vagones sienten el tirón.


Alemania no se está acabando. En las redes sociales abundan videos anunciando que Alemania se hunde o que su industria está acabada. El catastrofismo consigue espectadores y “me gusta”, pero no necesariamente explica la realidad. Algunos de quienes anuncian el desastre quizá ni siquiera han vivido en Alemania.


Una cosa es reconocer una grave transformación industrial y otra anunciar el derrumbe de un país. Los problemas son reales. Pero también lo es la capacidad alemana de reaccionar.
Alemania ya lo ha hecho antes. Conozco Alemania desde hace muchos años. Allí estudié, trabajé y viví buena parte de mi vida profesional y voy todos los años.


En menos de un siglo, Alemania ha pasado por dos guerras devastadoras, destrucción, división, reunificación y enormes transformaciones económicas y sociales. Y ha sabido levantarse.
No imagino a los alemanes contemplando pasivamente cómo se deteriora su industria. Reducirán, simplificarán, reorganizarán, invertirán, investigarán y desarrollarán nuevos productos. Será doloroso y probablemente habrá que aprender durante algún tiempo a vivir con menos. Pero también surgirán nuevas oportunidades.


Vienen tiempos de vacas flacas. No veo solamente una crisis. Veo una transición. Después de muchos años de vacas gordas llegan las vacas flacas. Habrá que simplificar, gastar con prudencia, trabajar mejor y utilizar los recursos con mayor inteligencia.


No será cuestión de meses. Pero por lo que conozco de Alemania, creo que dentro de algunos años veremos los resultados. Poco a poco, la locomotora reparará sus motores, eliminará peso innecesario, incorporará nuevas tecnologías y volverá a ganar velocidad. Porque en un mundo interdependiente las dificultades se contagian. Pero también se contagia la recuperación.

Ingeniero
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