Lavar el cepillo dental con jabón antiséptico y renovarlo cada tres meses previene severas infecciones en las encías y la garganta, advierte experta
Lavar el cepillo dental con jabón antiséptico y renovarlo cada tres meses previene severas infecciones en las encías y la garganta, advierte experta

El desapego al recambio periódico del cepillo dental constituye un factor de riesgo silencioso pero recurrente en la salud bucodental y general de los salvadoreños.
A pesar de que el cepillado diario es la principal herramienta para la remoción de la placa bacteriana, la falta de reemplazo oportuno transforma este utensilio de limpieza en un reservorio de microorganismos nocivos, capaces de desencadenar cuadros inflamatorios, procesos infecciosos profundos y trastornos digestivos o respiratorios.
Lea además: Embarazo adolescente en El Salvador: ¿está su cuerpo listo y qué riesgos hay?
Según detalló la odontóloga Susana Argueta, existe un patrón común entre los pacientes caracterizado por la postergación indefinida del reemplazo de sus útiles de higiene oral.
“Yo le digo a mis pacientes que se encariñan, se enamoran del cepillo. Quieren seguirlo conservando. Si no cambiamos un cepillo, trae consecuencias en vez de beneficios”, aseveró la profesional.

La especialista enfatizó que la efectividad funcional del cepillo dental está estrictamente condicionada a su tiempo de uso y al estado físico de sus cerdas.
El parámetro clínico recomendado para la sustitución oscila entre los dos y tres meses, aunque este lapso puede acortarse si las cerdas experimentan deformación antes de dicho periodo.
Asimismo, la doctora Argueta puntualizó que el ritmo de vida laboral demanda una logística adecuada para garantizar la continuidad del hábito sin acelerar el deterioro prematuro de una sola pieza:
“El cepillo es un instrumento para hacer la limpieza, para producir eliminación de bacterias, pero si no lo estamos cambiando en el periodo que se considera adecuado, que es entre un periodo de dos a tres meses (trae consecuencias)”.
Esta misma rigurosidad aplica en el cuidado de la población infantil, donde las dinámicas de limpieza requieren un manejo diferenciado:
“Si estamos con una persona infantil, debe de haber un cepillo para el niño y un cepillo para que la madre también limpie los dientes del niño, siempre cumpliendo con el periodo de dos a tres meses o depende de la deformación que sufre la cerda”.
Más allá de la renovación temporal, la odontóloga expuso la necesidad de aplicar protocolos de mantenimiento diario a la estructura plástica del cepillo para evitar la acumulación y descomposición de materia orgánica:
“Cuando nosotros estamos utilizando el cepillo, estamos arrastrando bacterias, residuos alimentarios que quedan atrapados en la cerda del cepillo y eso se descompone y genera una proliferación de bacteria y lo volvemos a utilizar y eso en vez de beneficiar nos daña nuestros tejidos (…) Debemos de higienizarlo, debemos de lavarlo con un jabón líquido para irlo desinfectando porque ese es un plástico que debe de tener un mantenimiento de plástico… cualquier tipo de jabón líquido que sea antiséptico, el mismo que ocupamos para lavarnos las manos”.
El uso continuado de cerdas desgastadas o contaminadas no solo erosiona la barrera mecánica de defensa, sino que introduce un flujo patógeno constante a la cavidad bucal.
“Si el cepillo no se cambia es un portador de bacterias que va generando inflamaciones gingivales; si no hay una inflamación, el cepillo está causando una inflamación, puede producir mal aliento, puede producir caries”, advirtió la doctora.
De prolongarse esta condición, la irritación inicial de las encías puede evolucionar hacia patologías estructurales irreversibles:
“Puede producir primero una inflamación gingival, luego una periodontitis que ya hay una inflamación de tejido y pérdida de hueso y por ende un proceso infeccioso”.
La trascendencia del problema traspasa el ámbito bucal e impacta en el sistema inmunológico general, pudiendo desencadenar cuadros virales e infecciones en la garganta o el tracto digestivo debido a la ingesta inconsciente de cepas acumuladas.
“También puede ser portador de virus y bacterias, que hay veces nos enfermamos muy seguido de la garganta y es porque estamos introduciendo las bacterias que producen también la caries, también son bacterias que hay veces pueden producir infecciones en la garganta… Ya ese cepillo está con una gran carga de bacterias, sí, le puede producir hasta enfermedades virales, desde un herpes… Se ha comprobado científicamente que en la boca hay muchas más bacterias contagiosas que en el área inferior donde termina el intestino que se llama ano”.
La especialista explicó además que el ambiente de almacenamiento es un factor crítico en la proliferación de estos microorganismos.
Prácticas habituales como guardar el cepillo húmedo en armarios o espacios cerrados favorecen el crecimiento de cepas anaeróbicas:
“Generalmente ese cepillo lo metemos en un clóset donde además estamos impidiendo que haya oxígeno y las bacterias más fuertes se desarrollan cuando no hay oxígeno. Entonces ya ese cepillo se vuelve un portador de virus, bacterias y por ende se facilita cualquier desarrollo de enfermedades”.
Lea también: Alemania recibe a 23 jóvenes de El Salvador ante escasez de mano de obra calificada
Otro de los aspectos señalados por la cirujana dentista refiere a la proliferación de productos en el mercado informal o en el transporte público que no cuentan con aval sanitario ni rigurosidad en su manufactura, lo que conduce a elecciones basadas en estética o precio más que en idoneidad clínica.
“Tenemos bastante acceso a productos que no están avalados o controlados por un profesional que diga que ese producto sea beneficioso para nuestra salud bucal (…) Sí existen marcas que todo profesional de odontología debe indicar al paciente según su necesidad”, explicó.
Respecto a las especificaciones técnicas del utensilio, la doctora Argueta remarcó que las cerdas de dureza alta representan un peligro estructural para las piezas dentales y los tejidos blandos:
“La prioridad es que un cepillo sea de una cerda suave, no duro, porque el cepillo duro a la larga causa un desgaste en las estructuras dentarias y también no limpia bien, porque la cerda muy dura no se adosa a la anatomía de los dientes. Las anatomías de los dientes no son completamente rectas y una cerda muy dura no sigue la curvatura de la anatomía normal de los dientes y no limpia”.
Al momento de adquirir el insumo en el comercio formal, la doctora aconsejó verificar el empaque:
“En la parte de arriba del estuche del cepillo dice ‘suave, mediano o duro’. Entonces, cuando usted compró su cepillo, debe fijarse que sea de cerda suave, pero también hay veces si es muy aguadito el cepillo tampoco no le va a limpiar”, sugiriendo la evaluación profesional individualizada.

Al evaluar el panorama sociocultural en El Salvador respecto al cuidado odontológico, la profesional lamentó que la población apele predominantemente a la consulta reactiva ante episodios de dolor agudo, omitiendo el control preventivo.
“Vamos generalmente cuando hay un problema o cuando hay un dolor, lastimosamente no está enfocado a la prevención y miren que todo lo preventivo es más barato y menos doloroso”, aseveró la profesional.
Para concluir, la experta recalcó la urgencia de profundizar la educación sanitaria sobre hábitos básicos desde el sector público y privado:
“La educación en cuanto a lo básico, que son medidas preventivas en cuanto a la higiene, que le va a prevenir una inflamación, una caries, también un dolor, son primordiales… faltaría como hacer más propaganda, ya sea en lo privado y también en lo público”.
2026 – Todos los derechos reservados
La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
📞 +503 7854 1557
✉️ anunciate@elsalvador.com