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Palabras/Nunca fue tuyo el imposible

Sólo se obtiene lo que no se tiene y sólo perdemos aquello que ya hemos poseído. Pero lo que nunca fue tuyo, nunca lo perdiste en realidad. Tan sólo fue una fantasía ajena que creíste propia

Lo que nunca pudimos llegar a alcanzar y poseer no era nuestro, pues de haberlo sido lo sería ahora. Sólo fue tuyo lo real. O mejor dicho, la maravillada ilusión que volviste realidad. Lo que llegaste a tener en tus manos o a crear en el mundo despierto de los anhelos. Lo que estaba destinado para ti. Lo otro –lo que no llegó a concretarse ni a ser tuyo- nunca lo fue. Se trató nada más de un intento más de alcanzar su prodigio. Una flecha al aire que no dio en ningún lugar.
Algo ajeno que tu mano no pudo atrapar en la dimensión de lo imposible. “Lo que es tuyo -dice la plebe del amor- nadie te lo quita». Al parecer se trata de una ley natural de correspondencia y
afinidad. No debes entonces lamentar lo que nunca fue tuyo, pues nada habrás perdido. Sólo perdemos lo que alguna vez fue nuestro. Para perderlo hay que poseerlo antes, así como para ser libre hay que ser antes prisionero. Sólo se obtiene lo que no se tiene y sólo perdemos aquello que ya hemos poseído. Pero lo que nunca fue tuyo, nunca lo perdiste en realidad. Tan sólo fue una fantasía ajena que creíste propia. Nunca fue tuyo el imposible y, por lo tanto, nunca perdiste el imposible. Tan sólo llegaste a poseer la realidad de tu ilusión. O lo que es igual la ilusión de tu realidad.

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