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La nota del día/Lo hemos advertido por años, pero ahora es más vital que nunca prepararnos

Dios nos bendice cada año con abundante lluvia, una cantidad de agua que ya quisieran para sí los pobladores de California, los sirios y los palestinos como los africanos que viven en las tierras al sur del Sahara. El buen manejo del agua, de lo que nos cae del cielo, debe basarse en recoger lo más que se pueda de ese inmenso caudal de las lluvias, cuidarlo en reservorios para luego transportarlo, filtrarlo, purificarlo y distribuirlo a la población.

El planeta se encamina hacia un periodo de calor extremo sin precedentes y la consiguiente escasez de agua, que hace peligrar los cultivos.

El Niño ha traído un aumento de las temperaturas globales y un irregular invierno en el caso nuestro.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó recientemente su actualización más alarmante hasta la fecha: Predicciones climáticas anuales a Decenales 2026-2035, cuyas conclusiones dibujan un escenario claro: la Tierra entra en una década de calor extremo, con récords de temperatura casi asegurados y riesgos climáticos en aumento.

La agencia de meteorólogos de Naciones Unidas declaró el inicio del fenómeno del «Súper-Niño» y sus sequías, a lo cual se agrega en nuestra tierra sequías parciales en el territorio, sobre todo en la zona oriental.

En los últimos días, en El Salvador ha habido vaguadas y ondas tropicales que han propiciado tormentas y lluvias intensas en algunos momentos, pero también ha sido evidente que algunas se han disipado. Las autoridades han declarado que acabó la sequía meteorológica gracias a que han vuelto las lluvias, pero no nos confiemos: El Niño permanecerá hasta febrero, según se han pronosticado.

De acuerdo con los técnicos, en 2026 ha llovido 35 por ciento menos que en otros años. Agosto de 2026 cerró como el mes más seco registrado en El Salvador desde 1971.

Saber almacenar y no desperdiciar el agua que nos regala el cielo

Por eso volvemos a lanzar el consejo:

Este es uno de los momentos en que se tiene que aprovechar cada lluvia que se cuele, el agua se tiene saber almacenar y no desperdiciar ni una gota, tanto en los grandes embalses como entre las familias de agricultores, sobre todo tomando en cuenta que hay un déficit de ocho millones de quintales de granos, de acuerdo con gremios agrarios.


Comencemos recordando la casa romana tradicional: el agua de los techos caía sobre un colector colocado en medio del patio de las viviendas, desde donde pasaba a tanques subterráneos. El sistema se siguió usando hasta nuestros días, la mejor solución antes de la introducción de tuberías y tanques de almacenamiento para suplir a una comunidad entera.


Pero igual lo pueden emplear finqueros: un amigo recolecta agua durante el invierno que luego utiliza en los meses secos, valiéndose de tuberías que llevan el agua que cae sobre los techos a tanques vecinos. En Nueva York, en medio del Parque Central, a la vista de todos, hay una imponente laguna que sirve de reserva a la ciudad. Igual con los “pantanos” de España, que son embalses utilizados para recoger y almacenar agua, durante los meses húmedos, la que luego se aprovecha en los meses secos. El agua del invierno se coloca en una especie de “cuenta bancaria” acuosa, de la que se hacen retiros más tarde. No es ningún misterio, ninguna ciencia arcana resolver una necesidad elemental: contar con agua para todos los usos.

Nuestro fundador, don Napoleón Viera Altamirano, recurrió a los embalses en repetidas ocasiones en las pocas propiedades rurales que tuvo: se fabricaba una tapada en un río y la naturaleza hacía el resto de la faena. Formar “embalses, reservorios, pozas, lagunetas y estanques” puede ser la gran contribución de los alcaldes electos para sus comunidades, considerando, como hemos señalado, la absoluta esterilidad en ideas que sus antecesores mostraron. Al hacerlo, adelantan una importante solución al problema del agua y dotan a sus municipios de agua, sitios de diversión, criaderos de peces, humedad para sembrados y abrevaderos. No echen en saco roto la sugerencia.

Dios nos bendice cada año con abundante lluvia, una cantidad de agua que ya quisieran para sí los pobladores de California, los sirios y los palestinos como los africanos que viven en las tierras al sur del Sahara e incluso en California.

El buen manejo del agua, de lo que nos cae del cielo, debe basarse en recoger lo más que se pueda de ese inmenso caudal de las lluvias, cuidarlo en reservorios para luego transportarlo, filtrarlo, purificarlo y distribuirlo a la población.

Por ahora ningún gobierno ha pasado de lo mismo: usar el agua de represas y principalmente la del Cerrón Grande, como de pozos que cada vez tienen que profundizarse más, ya que los mantos freáticos están desapareciendo. Y para completar el cuadro, las redes de distribución, los equipos de bombeo y los puntos desde donde se procesa el agua están sin renovarse, a lo que se suma el que las tuberías del Gran San Salvador, de las principales ciudades y de muchas poblaciones, han pasado su vida útil.

Todo es poner un pequeño tractor, un Bobcat, para ir de pueblo en pueblo formando esos embalses.

Y embalses han hecho por su cuenta muchos agricultores y quienes siembran y cultivan peces y camarones, que sin apropiarse del agua de nadie sino simplemente recogiendo lo que el cielo nos envía, han mejorado su entorno y refrescado en una pequeña medida el ambiente.

Esto debe ser un propósito de los habitantes de oriente, que en estos meses están pasando por el infierno: reforestar la zona, crear embalses para recoger agua de lluvia, incrementar la evaporación y, poco a poco recuperar lo que fue un clima menos cruel hace decenas de años.

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