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Palabras/No por naufragar muere el amor

No por naufragar mueren los anhelos y los más bellos propósitos. Se
sumerge un navío en el horizonte de aguas tempestuosas, pero el hombre
sigue su largo viaje en pleamar, detrás de sus empeños.

Naufragar en los mares del amor alguna vez no implica que renuncies a seguir buscando el amor ideal –a veces hasta el final de tus días. Es larga la travesía de tu suerte, hombre que perdió sus barcos, menos su esperanza y sus sueños grandiosos. El navío puede zozobrar pero no así
el navegante que está en ti, detrás de su afán y de su propio destino.
No por naufragar muere el amor. A nado y braceo llegan los náufragos
de ilusiones hasta la otra orilla de tierra firme. Allá vuelven a
levantar sus velas y sus nuevos proyectos. Porque la vida misma de
esos navegantes de la fortuna les hace ser realistas. Una vez se
pierde y otras se gana mar adentro. Lo importante es zarpar, llegar,
volver, re inventar una ruta diferente a las estrellas o al archipiélago de la buscada felicidad.

No por naufragar mueren los anhelos y los más bellos propósitos. Se
sumerge un navío en el horizonte de aguas tempestuosas, pero el hombre
sigue su largo viaje en pleamar, detrás de sus empeños. Allá en
lontananza, el náufrago de la corriente, seguirá solo e invencible,
buscando sus doradas ciudades en el piélago. Porque solo llegará a
este mundo al nacer a tierra firme y solo se irá de nuevo detrás de su
dorada quimera, de la cual muchos –tal vez- nunca llegaron a imaginar.

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