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Palabras/La rosaleda había vuelto a florecer

Entonces comprendí que era inútil
desandar el ayer y atravesar la invisible frontera del adiós. Los
umbrales del tiempo perdido son claros e impenetrables

Desde lejos vi el lejano rosal que había vuelto a florecer. Y vi de
lejos a la ilusionada joven que cortaba los capullos y aspiraba la
nostalgia. Como si el tiempo perdido pudiera volver a renacer
esplendorosamente en la nostalgia o en la misma añoranza del huerto
lejano del amor. Después desapareció a lo lejos la mujer, también
lejana, regando los setos florecidos. Era ella –la bella abandonada.
La acaricié en el aire desde lejos. Y quedé detenido detrás del
tiempo, sin poder atravesar el leve umbral de aquella mágica visión.
Ya inalcanzable a mis manos; detrás del umbral de lo que nunca pudo ser.

Al ver en la distancia al renacido rosal y a la amada de un día, tal
vez me dije -como el poeta de la 5ª Avenida: “Tan cerca de los ojos
pero tan lejos de mis manos”. Entonces comprendí que era inútil
desandar el ayer y atravesar la invisible frontera del adiós. Los
umbrales del tiempo perdido son claros e impenetrables.
Después di la vuelta y seguí el camino. Tal vez vendrá otro sol de
mariposas –me dije en mis adentros. Tal vez vuelva a florecer de nuevo
el huerto de algún amanecer que llegue. Besé imaginariamente sus manos
blancas por cuidar aquel jardín lejano. Estoy seguro que sus rosas
nunca morirían. Aunque el viejo muro se cubra de líquenes y olvido. Un
día asomará por las tapias nuevamente el asta triunfal de la última flor.

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