La integridad es un regalo muy caro, no la esperes de gente barata
Warren Buffet
La integridad es un regalo muy caro, no la esperes de gente barata
Warren Buffet
Los actores no estatales son una importante realidad de las sociedades contemporáneas. Unos son muy positivos y hacen contribuciones importantes, por ejemplo, las organizaciones no gubernamentales dedicadas a brindar asistencia médica, educación, capacitación, etc., a personas a lo largo y ancho del planeta. Otros, como el crimen organizado, son nefastos y, en algunos casos, constituyen una amenaza para los fundamentos de los Estados democráticos, influyen negativamente en su desarrollo económico y social y logran que su comportamiento delictivo se normalice y sea incluso aspiracional.
Los delincuentes no son un fenómeno reciente; han existido a lo largo de la historia de una forma u otra, pero de acuerdo con Jacques de Saint Victor en su libro Un pouvoir invissible: Les mafias et la société démocratique XIXe – XXIe siècle (Un poder invisible: las mafias y la sociedad democrática en los siglos XIX – XXI), su impresionante desarrollo ha sido gracias a la apertura de la democracia y el capitalismo, y más recientemente de la globalización.
Generalmente, se les ha analizado y procesado desde una perspectiva penal, pero ahora está claro que es mucho más que eso, pues amenazan los fundamentos de la democracia en muchos países, especialmente los más pequeños con democracias jóvenes.
En todo caso, aunque la palabra italiana “mafia” se usa ampliamente para designar este tipo de comportamiento delictivo, el problema es universal y en cada región y país se encuentra su equivalente: Camorra; ‘Ndagheta; Cosa Nostra; Ornata Società; Sacra Corona Unita; French Connection; Latin Connection; Pizza Connection; Oligarcas; Narcos; Yakuza, Tríadas; Mafia rusa; Maras Salvatrucha y Barrio 18; Mafia albanesa; Tren de Aragua; Cartel de Sinaloa; Cartel de Jalisco Nueva Generación; Zetas; Clan del Golfo; Primer Comando Capital; Comando Vermelho, etc.
Los pequeños bandidos han existido desde los inicios de la humanidad, pero Jacques de Saint Victor afirma que, con el fin de los regímenes feudales, el inicio de la democracia y la llegada del capitalismo económico el crimen organizado comenzó a florecer como nunca en la historia. Si bien los pequeños bandidos estaban al margen de la sociedad, las organizaciones criminales de hoy controlan territorios y alcanzan acuerdos delictivos con algunas élites sociales, políticas, económicas y religiosas, así como con miembros de las fuerzas de seguridad, de gobiernos y de Estados para lograr sus fines.
De esta manera, su poder corruptor toca a algunos individuos pertenecientes a familias reconocidas y respetadas, instituciones legales, la administración de la justicia, funcionarios de gobierno y de Estado. Por la vía de la corrupción, estas personas pasan a servir a los grupos criminales, adoptan comportamientos y valores delincuenciales, pese a que todos proclaman a los cuatro vientos y con fuertes golpes de pecho que son parte del mundo de la legalidad y verdaderos modelos de honestidad y probidad para toda la sociedad. En otras palabras, hoy en día el crimen organizado no está al margen de la sociedad; está en la sociedad.
Los grupos criminales buscan complicidad e impunidad y, así, se han vuelto muy influyentes a todos los niveles, incluida la alta política mundial. Como afirma Jacques de Saint Victor en el libro ya mencionado, las complicidades en todo el mundo demuestran que la relación estrecha entre el “mundo honorable” y el “mundo del crimen” no es una ficción. No hay una coexistencia en paralelo, ya que ambos mundos están entrelazados, mucho más de lo que la mayoría de las personas imagina, y su comportamiento se propaga como una gangrena, provocando una abisal inversión y pérdida de valores.
En efecto, no se puede decir que los dos mundos, el honorable y el del crimen organizado, existan en paralelo, en una relación binaria, cuando se considera que en muchos países se ha infiltrado en la construcción, las obras públicas, el transporte, el deporte, el cine, la distribución de alimentos, así como en elecciones apoyando a ciertos candidatos o presentando sus propios candidatos e intimidando o eliminando a los de la oposición, el tráfico de drogas, de personas, de armas, de objetos de arte robados, la falsificación de todo bien imaginable y el fraude de identidad, entre otros.
El poder de estos grupos y la metástasis que han logrado en algunos países son un reto mayor para el Estado de derecho y, para los países pequeños, combatirlos es una hazaña hercúlea, porque no disponen de recursos equivalentes. Resulta curioso observar que, ante el crecimiento exponencial del crimen organizado de las últimas décadas, muchos países siguieron insistiendo en políticas económicas que encogían a los Estados y empobrecían a los gobiernos.
Así las cosas, parece que no tuvieron en cuenta que el vacío de presencia del Estado rápidamente lo llenarían actores no estatales, con su ley y a su manera. Como bien señala Jacques de Saint Victor en su libro, ciertas políticas económicas adoptadas incluso contribuyeron a fortalecerlos, pues, por ejemplo, la externalización de funciones del sector público al sector privado transformó, en algunos casos, al crimen organizado en simple contratista de las autoridades locales, y la descentralización tuvo efectos perversos, ya que resulta más fácil para un grupo del crimen organizado tomar el control de una agencia local que de un ministerio. Ambos hechos, concluye el autor, debilitaron las instituciones y contribuyeron a la gangrena de la democracia porque el sistema económico está tan fuera de control que, en algunos casos, el crimen y las finanzas ya no coexisten sino que hacen causa común.
Todos estos hechos se han combinado para debilitar a algunos Estados al punto de que han perdido, o están perdiendo rápidamente, el monopolio de la violencia que, como señala Norbert Elias, más que el progreso económico y tecnológico caracteriza el verdadero proceso de civilización. De todos modos, el monopolio de la violencia ha de entenderse en el marco de un Estado de derecho respetuoso de los derechos humanos.
Sea como fuere, estos son hechos fundamentales que hay que considerar al analizar el aumento de la emigración en los últimos tiempos, porque es difícil creer que no haya una vinculación directa.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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