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Los riesgos de la incertidumbre

La vida siempre tendrá momentos de incertidumbre. Ninguna empresa, ningún profesional, ningún deportista y ninguna familia están libres de ellos. Lo importante no es evitar la incertidumbre, sino aprender a convivir con ella sin permitir que nuestra imaginación tome el control de nuestras decisiones

Durante el Mundial he observado un fenómeno profundamente humano. Las cámaras enfocaban continuamente a los aficionados y a los entrenadores cuando sus equipos estaban en dificultades. En muchos rostros se reflejaban angustia, frustración e incluso desesperación, aunque todavía quedaban varios minutos por jugar y el resultado aún podía cambiar.

No sabemos qué estaba pensando cada uno de ellos. Sin embargo, es razonable suponer, interpretando su lenguaje corporal, que algunos ya estaban imaginando la eliminación de su selección, el final de un sueño o las consecuencias de una derrota. La neurociencia ofrece una explicación muy interesante.


El cerebro tolera muy mal la incertidumbre. Cuando no dispone de toda la información, intenta llenar los espacios vacíos construyendo escenarios futuros. Y, por un antiguo mecanismo de supervivencia, esos escenarios suelen orientarse primero hacia las amenazas antes que hacia las oportunidades. Durante miles de años, anticipar el peligro aumentó las posibilidades de sobrevivir. Ese mecanismo sigue acompañándonos, aunque hoy la mayoría de nuestras amenazas ya no sean físicas, sino emocionales, profesionales o económicas.

No se trata de un defecto. Se trata de un fenómeno humano que conviene comprender para no convertirnos en víctimas de nuestra propia imaginación.

Ese mismo fenómeno aparece diariamente en las empresas.

Cuando se anuncia que una organización cambiará de propietarios o que afrontará una profunda reestructuración, muchos empleados comienzan inmediatamente a imaginar despidos, pérdida de prestaciones, cambios radicales o un futuro incierto. Todavía no conocen las decisiones finales que tomarán los nuevos propietarios, pero su cerebro ya ha construido escenarios catastróficos y toda una historia.

Es exactamente lo que estamos observando en distintos sectores industriales y, especialmente, en la industria del automóvil. Fabricantes históricos, como Volkswagen, atraviesan procesos de transformación para adaptarse a una nueva realidad tecnológica y competitiva. Es natural que miles de trabajadores sientan preocupación. Lo importante es comprender que una cosa es prepararse para un posible cambio y otra muy distinta es sufrir por escenarios que todavía no existen.

La incertidumbre genera rumores. Los rumores alimentan la imaginación. Y la imaginación, cuando no está guiada por el sentido común, puede provocar más sufrimiento que la propia realidad.

A lo largo de mi vida profesional aprendí una lección que marcó mi futuro. Dos años antes de independizarme y emprender una nueva etapa profesional, en lugar de esperar a que llegara ese momento, aproveché ese tiempo para prepararme. Cursé un MBA en la Universidad Politécnica de Valencia, actualicé mis conocimientos y diseñé el proyecto profesional que desarrollaría posteriormente como consultor. Estoy convencido de que fue una de las mejores decisiones que he tomado. No reaccioné cuando apareció el cambio; me preparé antes de que el cambio llegara.

Con el tiempo he comprobado que esa suele ser la diferencia entre quienes afrontan con éxito las grandes transformaciones y quienes quedan paralizados por ellas.

Unos dedican su energía a buscar culpables. Otros la dedican a prepararse para el futuro. El sentido común no elimina la incertidumbre, pero sí evita que las suposiciones sustituyan a los hechos.

Antes de reaccionar conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿Estoy respondiendo a una realidad o al escenario que mi cerebro acaba de construir?

La vida siempre tendrá momentos de incertidumbre. Ninguna empresa, ningún profesional, ningún deportista y ninguna familia están libres de ellos. Lo importante no es evitar la incertidumbre, sino aprender a convivir con ella sin permitir que nuestra imaginación tome el control de nuestras decisiones.

El cerebro llena los espacios vacíos con historias. El sentido común espera los hechos, se prepara para cualquier desenlace y actúa cuando llega el momento. Quizá esa sea una de las habilidades más valiosas para vivir y dirigir en un mundo donde el cambio es permanente, porque, con toda seguridad, después del próximo cambio vendrán otros.

Pedro Roque

Todo es más fácil y más sencillo con sentido común.

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