Light
Dark

Leyendas/Doradas ciudades del mar de lejanías

“Todos nos iremos de esta ribera -dijo al pescador-. Pero hasta las gavias como yo nos llevamos celajes de oro al partir. Mira al fondo de tu corazón y verás lo hermoso y tanto que al partir llevarás contigo. Más de lo que dejas es lo que llevas en ti»

Amado, el viejo pescador sabía -como muchos hombres tierra adentro- que al otro lado del mar habría ciudades que nunca quizá podría alcanzar. Él no estaba triste porque terminaran sus días, sino porque -con el tiempo- también morirían sus ilusiones y no quería que llegara aquel momento. “Llegué un día a esta playa de la vida sin nada: sin velero, ni peces, estrellas, islas, sueños ni gaviotas… Si me voy he de dejarlo todo y no quiero irme sin nada”, dijo para sí mismo. Al oírlo una amiga gaviota viajera -con quien solía encontrarse entre los riscos para contarse historias de amor y leyendas del mar- llegó hasta él, planeando en el atardecer del viento. “Todos nos iremos de esta ribera -dijo al pescador-. Pero hasta las gavias como yo nos llevamos celajes de oro al partir. Mira al fondo de tu corazón y verás lo hermoso y tanto que al partir llevarás contigo. Más de lo que dejas es lo que llevas en ti». El anciano barquero bajó al pecho su mirada, viendo hacia la lejanía de su ser. Entonces sonrió conmovido y -derramando unas lágrimas de dulzura- susurró “¡Gracias querida amiga!”. Fue así que -cuando cada marejada robaba un nuevo día de aquel alumbrado paraíso de riscos y palmeras- el anciano lanchero decidió echarse a la mar en busca de las tierras y distantes ciudades allende el horizonte. Mismas que siempre había anhelado alcanzar. Quizá como fin de su último viaje. (I) De: “La Isla de la Alondra” C. Balaguer ©


Legales Obituarios Epaper
Patrocinado por Taboola