Los árbitros salvadoreños Iván Barton y David Morán hablaron de la designación que marcó su carrera, el apoyo recibido, el peso emocional del torneo y la responsabilidad de representar al país en la élite del fútbol
Los árbitros salvadoreños Iván Barton y David Morán hablaron de la designación que marcó su carrera, el apoyo recibido, el peso emocional del torneo y la responsabilidad de representar al país en la élite del fútbol

La participación de Iván Barton y David Morán en la Copa del Mundo dejó una huella inédita para el arbitraje salvadoreño.
Ambos formaron parte de una designación histórica en una semifinal mundialista, un logro que, según explicaron, no llegó por casualidad, sino como resultado de años de trabajo, evaluaciones constantes y capacidad para sostener la concentración en escenarios de máxima presión.
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Barton relató que el grupo arbitral ya conocía el nivel de trabajo que había realizado durante el torneo.
Las sesiones posteriores a los partidos, los entrenamientos y las retroalimentaciones recibidas les permitían entender que habían cumplido con las exigencias de FIFA.
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Aun así, la posibilidad de ser elegidos para un partido de gran calibre no dejaba de parecer difícil.
“Nosotros sabíamos el trabajo que habíamos realizado durante nuestros partidos. Sabíamos el feedback que habíamos recibido en las sesiones postpartido, los briefings y los entrenos. Ya conocíamos todo. Obviamente, uno ve las posibilidades que pueden existir de poder ser tomado en cuenta en un juego grande”, expresó Barton.
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El árbitro recordó que, antes de conocer la designación, incluso pensaban que esa semifinal sería asignada a un equipo europeo.
Mientras esperaba la lectura oficial, revisaba su teléfono y pensaba en el vuelo de regreso a El Salvador.
“Con David ya habíamos hecho un número y dijimos: no, esta semifinal que van a dar hoy va a ser para un europeo. Yo estaba revisando mi teléfono, mi vuelo. De hecho, mi hijo me preguntó una hora antes si al día siguiente venía. Yo le dije que creía que sí. Cuando escuché mi nombre, realmente creo que fue el momento más dulce”, contó.
Para Barton, el valor de aquella designación no estuvo únicamente en el partido, sino en lo que representaba para el arbitraje salvadoreño.
Era una semifinal de Copa del Mundo y, por tanto, una de las responsabilidades más grandes que puede recibir un árbitro.

La emoción de aquella noticia tuvo también un lado íntimo y doloroso. Barton reveló que, durante el torneo, David Morán enfrentó un momento familiar muy difícil por el fallecimiento de su suegro, a quien consideraba una figura cercana y muy importante.
“Fue un momento difícil. No lo mencioné porque es algo muy privado y no sabía si él lo iba a mencionar. Cuando lastimosamente recibimos la noticia del fallecimiento de su suegro, el padre de su señora esposa, que yo sé que era como un padre para él, eso fue previo a nuestro segundo juego. No sabíamos qué iba a pasar”, relató.
Barton agradeció a Morán y a su familia por la decisión de continuar en la competencia. Reconoció que el árbitro asistente tenía todo el derecho de pedir volver al país y que esa decisión habría sido completamente comprensible.
“Él estaba en todo su derecho de decir: señores, por favor, reciban el siguiente vuelo para casa. Y era algo a entender. No sabemos qué hubiese pasado con el trío, pero lo más importante es que en un momento difícil lo supo mantener. No sé de dónde sacó fuerzas para mantener la cordura y la concentración”, dijo.
Tras conocer la designación para la semifinal, Barton llamó primero a su esposa. La llamada, según describió, estuvo marcada más por las lágrimas que por las palabras.
“La primera persona que llamé fue mi esposa y no hubo palabras. Ahí fue donde creo que me saqué tanto de llorar, de la emoción. Luego llamé a Joel. En ese momento las palabras sobran; la emoción y derramar lágrimas de felicidad lo demuestran todo”, expresó.
La alegría, sin embargo, duró poco en términos prácticos. Después de celebrar unos minutos, el equipo tuvo que volver al trabajo. Había reuniones, planificación y preparación para un partido que exigiría máxima precisión.
“Celebramos unos minutos, porque luego había que empezar a planear el partido. Siempre decía: todavía no, hay que dirigir el partido y después celebramos”, agregó.
Barton también explicó cómo se vive la toma de decisiones dentro de la cancha. Aseguró que los nervios pueden aparecer antes del partido, pero desaparecen cuando el árbitro entra al terreno de juego.
“Uno puede sentir nervios antes de entrar, puede estar pendiente de lo que diga la prensa, los medios o de cuánta afición va a ver el partido. Pero una vez uno pone un pie en el terreno de juego, se abstrae de todo. La decisión se toma en fracciones de segundo, basada en lo que uno conoce, en el mejor criterio y sin ver nombres de equipos o de jugadores”, afirmó.
Barton cerró con un mensaje directo sobre la labor arbitral.
“Los árbitros no somos enemigos de nadie. No estamos en contra de nadie. Somos seres humanos que elegimos ser árbitros y vamos a la cancha. Ninguno de nosotros entra diciendo que va a tomar una decisión para favorecer a alguien. Eso no existe”, dijo.
Y dejó una frase que resume su postura ante la crítica y el cuestionamiento público.
“Te respeto que digas que soy malo, pero no que soy deshonesto”.
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