Como dice el refrán: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Otros países y empresas aprovecharán inevitablemente las oportunidades que deje esta transformación.
Como dice el refrán: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Otros países y empresas aprovecharán inevitablemente las oportunidades que deje esta transformación.
¿Qué está pasando en Alemania? III
Durante las últimas semanas he venido siguiendo casi diariamente las noticias económicas de Alemania. No pretendo hacer un estudio científico ni mucho menos predecir el futuro. Simplemente hago lo que durante muchos años he hecho como consultor: observar, reunir información, comparar y tratar de descubrir qué tienen en común acontecimientos que, vistos aisladamente, parecen no tener relación.
Es como armar un rompecabezas.
Cada mañana aparecen nuevas piezas. Las busco principalmente en tres importantes periódicos alemanes —BILD, Frankfurter Allgemeine Zeitung y Der Spiegel—, las contrastamos y, con la ayuda de ChatGPT, intentamos descubrir cómo pueden encajar unas con otras.
Y las piezas comienzan a formar una imagen.
La primera y más grande sigue siendo la industria del automóvil. Volkswagen, Mercedes-Benz, Audi, BMW y sus proveedores están reduciendo costes, estructuras y puestos de trabajo. China, que durante décadas fue un extraordinario mercado para los automóviles alemanes, se ha convertido, además, en un formidable competidor.
Hace algún tiempo escribí que China le había dado la vuelta a la tortilla y ahora tenía el sartén por el mango. Cada nueva noticia parece reforzar aquella impresión.
Pero el problema ya no parece limitarse al automóvil.
Durante las últimas semanas hemos encontrado insolvencias o cierres en empresas de sectores muy diferentes: acero, fundición, papel, porcelana, productos alimenticios, moda, comercio minorista, concesionarios de automóviles e incluso una tradicional cervecería alemana con 165 años de existencia.
También aparecen dificultades en empresas que venden productos económicos. Y esto me parece especialmente significativo.
Cuando una familia comienza a preocuparse por la posibilidad de perder el empleo, su primera reacción normalmente no es gastar más, sino gastar menos. Se pospone la compra del automóvil, de los muebles, de la ropa o de cualquier cosa que pueda esperar.
Y entonces comienza otra onda expansiva.
Menor consumo significa menores ventas. Menores ventas significan menor producción. Menor producción puede significar menos empleo. Y menos empleo vuelve a reducir el consumo.
La piedra que cayó sobre el estanque comienza a producir círculos cada vez más alejados.
Otra pieza apareció en la financiación del desempleo. Si aumenta el número de personas que necesitan prestaciones y disminuye el de quienes cotizan, el problema deja de ser solamente empresarial y comienza a trasladarse al sistema social.
Y esta semana apareció una pieza especialmente interesante: BMW.
La empresa pretende reducir hasta 8.000 puestos de trabajo en todo el mundo, con gran parte del ajuste en Alemania y especialmente en áreas indirectas, como administración, investigación y desarrollo. Para conseguirlo, ha puesto en marcha un programa voluntario de indemnizaciones que ha despertado tal interés entre los empleados que el portal interno llegó a verse temporalmente sobrecargado.
Algunas de las indemnizaciones publicadas alcanzan cifras de varios cientos de miles de euros.
BMW está dispuesta a asumir ahora un coste enorme porque espera ahorrar, a partir de 2028, alrededor de 1.000 millones de euros anuales con la reducción de su estructura.
Dicho de otra manera:
BMW está pagando hoy para necesitar menos personas mañana.
Y aparece inevitablemente otra pregunta: ¿por qué tantos empleados muestran interés en marcharse?
Naturalmente, unas indemnizaciones extraordinariamente atractivas son una explicación. Pero también podemos preguntarnos si algunos de ellos están viendo hacia dónde se dirige la industria y consideran que ha llegado un buen momento para abandonar el barco en condiciones favorables.
Hay, sin embargo, otra pieza que aparentemente contradice todo lo anterior.
El Fondo Monetario Internacional ha mejorado sus previsiones para la economía alemana y el Gobierno confía en que las inversiones en infraestructura contribuyan a impulsar nuevamente el crecimiento.
Ojalá sea así.
Pero construir carreteras, puentes o infraestructura pública no significa necesariamente que un ingeniero que pierde su puesto en la industria automotriz encuentre automáticamente otro empleo equivalente. El crecimiento económico puede regresar y, al mismo tiempo, determinados sectores y profesiones pueden continuar sufriendo una profunda transformación.
Por eso debemos evitar dos errores: pensar que Alemania se está hundiendo o creer que todo esto son simplemente dificultades pasajeras.
Probablemente estemos ante algo mucho más complejo: una transformación estructural de la economía alemana.
Alemania sigue teniendo enormes fortalezas: conocimiento, tecnología, universidades, infraestructura, capital, trabajadores cualificados y una cultura industrial construida durante generaciones. Pero quizá ha llegado el momento de reorientar parte de esas capacidades hacia nuevos sectores: energía, medicina, infraestructura, reciclaje, inteligencia artificial, defensa, servicios tecnológicos y nuevas formas de movilidad.
Cuando colocamos sobre la mesa todas las piezas —automóvil, proveedores, insolvencias, comercio, consumo, desempleo, inteligencia artificial y ahora BMW pagando miles de millones para reducir su estructura—, la imagen comienza a ser más clara.
Todavía faltan piezas.
Por eso seguiremos observando.
Como dice el refrán: «A río revuelto, ganancia de pescadores». Otros países y empresas aprovecharán inevitablemente las oportunidades que deje esta transformación.
Alemania tendrá que reaccionar.
Lo ha hecho otras veces.
Por el bien del país y de Europa, esperemos que pronto Alemania vuelva a ser la locomotora de la Comunidad Europea.
Pedro Roque
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