Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia
Sócrates
Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia
Sócrates
A finales de 2025, la Editorial Universitaria de la Universidad de El Salvador (UES) publicó mi libro titulado El Derecho Internacional: Única defensa de los países pequeños – Un repaso a la obra del Dr. José Gustavo Guerrero. Desde entonces, varias personas me han contactado solicitándome un resumen del libro y, finalmente, he decidido hacerlo porque creo que la situación actual del mundo permite apreciar claramente la vigencia del pensamiento del Dr. José Gustavo Guerrero.
El libro se basa en las 49 columnas sobre su obra del Dr. Guerrero que me publicó El Diario de Hoy a lo largo de 2023 y entre abril y julio de 2024, con las modificaciones necesarias propias de un libro, como notas al pie de la página, comentarios adicionales en algunas de ellas, una bibliografía y un prólogo del Embajador Dr. Víctor Valle Monterrosa, mi amigo y colega del servicio exterior salvadoreño. La Editorial Universitaria ha hecho una excelente edición y las utilidades serán para la Universidad de El Salvador.
Es un libro sobre la obra del Dr. Guerrero y no una biografía porque creo que para esa tarea hay personas que lo pueden hacer mucho mejor que yo. Los temas que aborda son, esencialmente: el humanista, el diplomático, el jurista y magistrado, el internacionalista y el prócer.
A El Diario de Hoy le debo hacer un reconocimiento por el riesgo que tomó de publicar artículos más propios de revistas especializadas que de un cotidiano, y por el respeto absoluto de mis ideas y de mi forma de expresarme.
Así las cosas, hay que comenzar por recordar al gran humanista y diplomático y resaltar seis características; seis entre muchas:
Primera: su educación y su cultura. Nunca dejó de estudiar, de aprender, de cultivarse; una actitud que hace recordar la máxima de Sor Juana Inés de la Cruz: “no estudio para saber más, sino para ignorar menos”. La base de la cultura está, inter alia, en el conocimiento de cómo se interrelacionan la historia, la política, la economía, la filosofía, las ciencias exactas y sociales, las artes en todas sus expresiones, etc. En otras palabras, se trata del fundamento que hizo posible que tomara consciencia de los múltiples pliegues de la realidad del mundo e incluirlos en su análisis de diferentes asuntos, en la formulación de recomendaciones y en la toma de decisiones. Otro elemento fue su conocimiento de idiomas que le permitió relacionarse directamente con sus interlocutores sin depender de otros para hacer traducciones.
Segunda: el valor de la palabra y el respeto de la dignidad de todas las personas. Para él, un compromiso de palabra era una cuestión de honor y no se desdecía o buscaba salirse de compromisos adquiridos con un apretón de manos. Además, daba la mayor importancia al respeto de la dignidad de todas las personas, independientemente de su origen, condición social o económica, y esto se tradujo también en un respetuoso trato de sus subordinados.
Tercera: su coherencia. La coherencia entre lo que pensaba y hacía y la coherencia entre sus ideas y actuaciones a través del tiempo y a lo largo de los años. No cayó en contradicciones, nunca dijo o hizo algo pensando que eso podía ganarle aceptación o popularidad y jamás utilizó esa trillada frase de muchos cuando quedan en evidencia: “me citaron fuera de contexto”. El ejemplo más claro fue el de su posición en el caso del asilo diplomático del célebre político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre.
Cuarta: su perseverancia. No se desalentaba, no se rendía ante obstáculos y luchaba con gran inteligencia y delicada habilidad diplomática para allanar el camino que podía conducir al logro de su objetivo, consciente de que hay momentos en que para lograr esos objetivos es mejor desistir para dejar las puertas a futuro. Sabía identificar el preciso momento para dejar de insistir, sabedor de que el tiempo puede ser un buen aliado. En otras palabras, cambiar de táctica para perseverar en la persecución del objetivo estratégico.
Un claro ejemplo ocurrió durante la VI Conferencia Internacional Americana en La Habana, en 1928. Allí luchó por la aceptación del principio de no intervención, pero al ver que no había posibilidad de lograrlo, él mismo retiró su propuesta para dejar la puerta abierta a discusiones futuras, y en 1933 finalmente se adoptó en Montevideo durante la VII Conferencia Internacional Americana.
Quinta: El coraje de sus convicciones. Durante la VI Conferencia Internacional Americana en La Habana en 1928, se enfrentó a la delegación de los Estados Unidos y a las delegaciones de los países de América Latina que no querían que se adoptara el principio de no intervención. Esa postura le costó su cargo de ministro de Relaciones Exteriores; él conocía los riesgos, pero se mantuvo fiel a sus convicciones.
Otro ejemplo que a mi juicio es muy diciente: en mayo de 1940, los ejércitos alemanes invadieron los Países Bajos y el Dr. Guerrero era el presidente de la Corte Permanente de Justicia Internacional. Era el único miembro de aquella Corte que permanecía en el Palacio de La Paz en La Haya, sede de la Corte, únicamente acompañado por los empleados holandeses. El comandante del ejército alemán, en aquel momento el más poderoso del mundo, quiso ocupar el Palacio, pero el Dr. Guerrero le plantó cara y le dijo: “solo sobre mi cadáver pueden tropas extranjeras penetrar al palacio”.
Ante la actitud del Dr. Guerrero, el comandante alemán consultó a su superior, y poco después el Dr. Guerrero recibió una llamada de Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores del Reich. El ministro alemán le dijo que se respetaría la inviolabilidad del Palacio pero que tenía que ser evacuado por razones operativas y puso a su disposición un tren especial para que se trasladara, con todo lo que él considerara necesario, a un país neutral, Suecia o Suiza. El Dr. Guerrero optó por Suiza y se instaló en el Hotel Richmond en Ginebra, a escasos metros del Palacio Wilson, primera sede de la Sociedad de las Naciones donde años antes había comenzado su andar por el mundo de las relaciones multilaterales.
Aquello no fue una tertulia entre amigos animada por bebidas espirituosas para hablar de valor en abstracto, porque el Dr. Guerrero arriesgó su vida, era consciente del riesgo y de sus consecuencias, lo asumió y nos dio una valiosísima definición del verdadero significado de la palabra valor.
Sexta: su sentido de la ubicación. Tenía claro que era originario de lo que hoy llaman el Sur global; de un pequeño país en lejanos trópicos. Entendía claramente que en el mundo de las relaciones internacionales se aplica aquello que dijo George Orwell: todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros. Esta realidad hace que para los países pequeños y también medianos sea primordial mantener un orden internacional basado en el derecho y no en el poder, pues en relaciones basadas en el derecho tienen algo que decir, pero en relaciones basadas en el poder no tienen nada que hacer. Esta es la razón del título del libro: El Derecho Internacional: Única defensa de los países pequeños – Un repaso a la obra del Dr. José Gustavo Guerrero.
El Dr. Guerrero fue testigo de dos guerras mundiales a lo largo de su vida y creía firmemente en que los conflictos debían resolverse por medios pacíficos. Fue un verdadero hombre de paz que creía en un sistema internacional basado en el derecho y fuera beneficioso para todos los países, grandes y poderosos y pequeños y débiles, en verdadera igualdad jurídica.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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