Al inicio de su ministerio Jesús comenzó a formar su primer grupo de discípulos. Esto ocurrió en Galilea, una región gobernada por Herodes Antipas dentro del orden político impuesto por Roma. Jesús encontró a Leví, quien era un cobrador de impuestos. Muy probablemente era él quien cobraba los impuestos a los pescadores del lago de Galilea. Leví era parte de una estructura fiscal que trasladaba recursos desde la población al emperador.
Jesús se acercó a Leví y le dijo: «Sígueme». Leví se levantó y comenzó a seguirlo. Poco después, Jesús iría a compartir la mesa en casa de Leví con otros cobradores de impuestos y pecadores. Con bastante frecuencia se interpreta el llamado de Leví como un episodio de conversión espiritual, lo cual es muy cierto. Pero el llamado de Jesús también tenía otra dimensión: Jesús lo invitó a abandonar su función de colaborador imperial. Los cobradores de impuestos, o publicanos, trabajaban para un sistema político y económico que abusaba de las personas. En el pequeño puesto de Leví, situado junto al lago, el poder imperial dejaba de ser una realidad distante y se convertía en una carga pesada para los pescadores pobres y sus familias.
Jesús no pronunció ningún discurso contra Roma, ni Leví se convirtió en un revolucionario. Pero un conocimiento básico del contexto social de la época es suficiente para comprender que la conversión a Jesús supuso para Leví abandonar el lugar que ocupaba dentro de la estructura de saqueo. Se había producido en él un cambio de lealtad. Ya no era posible que como seguidor de Jesús continuara siendo parte de un sistema que despreciaba a las personas y las extorsionaba. La conversión no solo es a formas religiosas, sino también a lo verdadero y justo.
De igual manera hoy, seguir a Jesús no se debe reducir a experimentar emociones religiosas mientras se siguen avalando prácticas y sistemas corruptos. La conversión también tiene que ver con la manera cómo nos posicionamos frente al poder. Se actúa como un publicano moderno cuando una función pública se convierte en oportunidad de enriquecimiento, cuando una empresa obtiene beneficios por la influencia del poder o cuando la cercanía con los gobernantes otorga ventajas que no están al alcance de los demás. Levantarse y seguir a Jesús implica renunciar a las prácticas deshonestas, rechazar privilegios egoístas, reparar daños y utilizar la autoridad para servir. Ninguna conversión será completa si no alcanza al bolsillo, al escritorio o al lugar donde tomamos decisiones que afectan a otros.
También es importante notar que Jesús no despreció a Leví ni lo trató como un enemigo irrecuperable. Lo llamó. La respuesta de Jesús ante una persona asociada con un sistema injusto no fue la venganza, sino la transformación. Esto distingue el reino de Dios de los movimientos que combaten la dominación reproduciendo sus mismos métodos. Jesús confrontó el mal sin negar la humanidad de quien participaba en él. Su resistencia no consistió en reemplazar a unos dominadores por otros, sino en formar personas y comunidades que ya no vivieran conforme a la lógica de la acumulación, la extracción y la fuerza.
Una misericordia que nunca pide transformación termina convirtiéndose en indiferencia moral; pero una verdad sin misericordia se transforma fácilmente en condena y exclusión.
Los cristianos deben estar prevenidos de dos tentaciones: la de denunciar con facilidad los pecados de funcionarios, empresarios y grupos poderosos, pero manteniéndose lejos de las personas a quienes juzgan y la de acercarse tanto a ellos que terminan justificándolos a cambio de reconocimiento, protección o privilegios. Jesús no bendijo el puesto de recaudación, pero tampoco abandonó al recaudador. Lo llamó a salir, lo incorporó a su camino y se sentó a la mesa con sus amistades. La Iglesia debe aprender esa misma combinación de verdad, misericordia y libertad frente al poder.
La fe cristiana comienza en el corazón, pero no permanece encerrada allí. Se hace visible cuando transforma las lealtades, las relaciones económicas y la manera de tratar a los demás. Para Leví supuso retirar su lealtad al César para ofrecérsela a Jesús, renunciar a ser parte de un sistema de extracción y maltrato para seguir el camino del Maestro. ¿Estaremos también nosotros dispuestos a levantarnos y seguirlo?
Mario Vega
Pastor General de la Misión Cristiana Elim.