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Expertos advirtieron por años que viviendas públicas del chavismo eran vulnerables a sismos

expertos en construcción habían advertido durante años que los edificios multifamiliares populistas no podrían resistir un terremoto de gran magnitud, sobre todo si no había controles adecuados, sino sólo la obsesión de patentizar una promesa de «dar vivienda digna a los pobres»

Una persona realiza labores de búsqueda entre los escombros de edificios destruidos por terremotos en La Guaira (Venezuela). EFE/
Una persona realiza labores de búsqueda entre los escombros de edificios destruidos por terremotos en La Guaira (Venezuela). EFE/

Gigantescos edificios donde vivían miles de personas se derrumbaron y dejaron valles de polvo y destrucción. Las casas adosadas de un extenso desarrollo habitacional que lleva el nombre del extinto Hugo Chávez se desmoronaron como casas de juguete. Algunas se incendiaron.

Así describe el periódico The New York Times la devastación causada no sólo por la fuerza de los terremotos en el estado de La Guaira, Venezuela, sino también por el populismo chavista y sus deficientes obras.


Por eso, el periódico describe que las viviendas públicas en el estado de La Guaira, puerta de entrada a Caracas, la capital, se convirtieron en algunas de las concentraciones más densas de muertes.

Los expertos en construcción que conocen La Guaira han reavivado preocupaciones de larga data sobre el terreno en el que se construyeron los complejos, la calidad de sus materiales y la integridad de su diseño.

«Los planos de los edificios se iniciaron en 2011, justo antes de unas elecciones, y la construcción se llevó a cabo apresuradamente ocultando en gran medida al público los detalles del diseño y la información sobre los análisis del suelo», expusieron.

En 2017, Enzo Betancourt, entonces presidente del Colegio de Ingenieros de Venezuela, calificó la integridad estructural de las unidades construidas por el gobierno como “un secreto de Estado”.

Según el rotativo, mientras los habitantes rebuscan entre los escombros de los edificios, muchos han dirigido su enojo hacia el gobierno y lo han acusado de construir apartamentos de mala calidad para obtener beneficios políticos.

Dos días después de los sismos, Juan Manuel Chirinos se encontraba al borde de una torre derrumbada en un complejo habitacional, buscando a su hijo, también llamado Juan Manuel, de 32 años. A su alrededor, la gente se afanaba en los escombros, tratando desesperadamente de encontrar señales de vida. «Chirinos, quien también buscaba a la esposa de su hijo y a sus dos hijos, dijo que a las víctimas no las había matado el desastre, sino el gobierno, porque construyó los edificios de manera deficiente», publica el New York Times.

Los apartamentos se construyeron en el marco de un programa estatal llamado Misión Vivienda. Era un proyecto emblemático de la revolución de Chávez, destinado a romper “con la lógica capitalista que mercantilizaba el hogar”, según un sitio web del Estado.

El gobierno venezolano, ahora dirigido por Delcy Rodríguez, una figura destacada del movimiento de Chávez, afirma que se construyeron más de 5,5 millones de viviendas, y que hay más en construcción. «Más allá de la cantidad de viviendas”, dice el sitio, “se trata de la calidad”.

Pero los edificios de la Misión Vivienda están lejos de ser los únicos apartamentos que se han derrumbado. Viviendas construidas por contratistas privados para la clase alta y media, con nombres como Coral Beach y Coral Mar, también se derrumbaron, lo que causó la muerte de muchas personas y generó dudas sobre su integridad.

Un representante del gobierno de Rodríguez se negó a responder preguntas sobre los edificios de la Misión Vivienda. En una conferencia de prensa el jueves, Rodríguez dijo que la mayoría de los edificios que se derrumbaron en La Guaira no habían sido construidos por el Estado.

Pero los desarrollos habitacionales de la Misión Vivienda se destacan por el gran alcance de la destrucción en un enorme proyecto de obras públicas que había sido motivo de preocupación durante años. Había cientos de departamentos en los complejos de concreto gravemente dañados conocidos como OPPPE 25, OPPPE 26, OPPPE 27 y OPPPE 33, y aproximadamente 2500 en el maltrecho complejo Hugo Chávez. En muchos casos, familias numerosas con profundos vínculos políticos con Chávez habitaban un solo departamento.

Los edificios de la Misión Vivienda que se derrumbaron en La Guaira se construyeron en una época de generosidad estatal, cuando Venezuela aún contaba con abundantes recursos petroleros. Sin embargo, durante más de una década antes de los terremotos, los residentes, los sismólogos y los grupos de vigilancia y rendición de cuentas dieron a conocer grietas en las paredes, problemas con la instalación segura de las tuberías de gas y riesgos de derrumbe en caso de un terremoto. En otras partes del país, los edificios de la Misión Vivienda estaban tan mal construidos que tuvieron que ser demolidos hace años.

Muchos fueron construidos por empresas extranjeras con contratos poco transparentes, lo que generaba dudas sobre si los diseños y materiales se habían adaptado a las vulnerabilidades geográficas de la región, dice el reportaje.

“Ahí no había ningún interés técnico”, dijo Guillermo Rivas, dueño de una empresa constructora que ha trabajado en La Guaira durante más de 40 años. “Ahí el interés era el populismo”.

Según el New York Times, Juan Manuel Chirinos, el hijo desaparecido, se había mudado a un apartamento de la Misión Vivienda apenas cuatro días antes de los temblores. Pero muchos otros habían vivido en complejos de vivienda pública durante años, y se les habían otorgado sus hogares como recompensa por su lealtad a Chávez.

Ahora estos edificios son escenario de búsquedas caóticas y de llamadas desesperadas al Estado para pedir más ayuda.

“No tenemos materiales”, dijo Willy Bermúdez, de 38 años, un oficial de policía que había vivido en OPPPE 26 durante 13 años. “Uno trabaja con las uñas”.

El martes, sentado entre los escombros de su edificio, contó que había pasado casi una semana excavando en busca de su esposa y sus dos hijos antes de encontrar los muebles de su familia y el diploma de bachillerato de su hijo. Entonces, desde abajo, escuchó “gritos y golpes”, dijo.

Esa noche, los rescatistas —una mezcla de paramédicos, bomberos y voluntarios sin una estructura de mando clara— intentaban cavar un túnel hacia donde provenían los ruidos.

Bermúdez lloraba mientras hablaba. La operación se prolongó hasta bien entrada la noche. Y al día siguiente, envió un mensaje de texto: “Se me murieron mi familia completa”.

Bermúdez vivía en la Torre G del complejo OPPPE 26. Justo al lado, la Torre F está dañada, pero sigue en pie.

El panorama fue muy similar en el desarrollo habitacional Hugo Chávez: algunos de los edificios bajos con revestimiento de vinilo azul se derrumbaron por completo. Otros, aunque ahora son inhabitables, apenas se deformaron e inclinaron.

«Una gran lección»

El New York Times cita que Mario Lieghio, presidente de la Cámara de la Construcción de La Guaira, dijo que la envidiable ubicación del estado, entre las montañas y el mar, también lo hacía vulnerable a los desastres, ya que el sedimento de la montaña se acumula y ablanda el suelo. Aunque es posible construir en La Guaira, dijo, debe hacerse con cuidado, con estudios detallados del suelo, cimientos profundos si es necesario y materiales y diseños que puedan resistir los terremotos.

El miércoles, condujo por el desarrollo Hugo Chávez, mientras señalaba las montañas de metal endeble y tableros aglomerados que se utilizaron para construir los departamentos.

Comentó que la destrucción tenía que ser una gran lección.

El Estado había contratado a una empresa turca para construir el complejo.

“Esa gente en menos de una semana termina un edificio”, dijo José Luis Sarmiento, líder sindical y trabajador de la construcción que ayudó a construir el desarrollo habitacional Hugo Chávez. “Nosotros íbamos bien porque íbamos rápido”.

La empresa turca no respondió a una solicitud de comentarios.

Burak Pelenk, un arquitecto que trabajó en el proyecto Hugo Chávez ayudando a obtener las autorizaciones de construcción, dijo que creía que el proyecto se había diseñado teniendo en cuenta los terremotos.

“En Turquía tenemos experiencia con los terremotos”, dijo en un mensaje de texto. “El problema podría deberse — soy arquitecto, no ingeniero— a un análisis defectuoso del suelo o a los cimientos”.

A solo unas cuadras de los edificios Hugo Chávez, el mar brillaba. Algunos de los residentes del complejo se habían trasladado a un campo de béisbol cercano, donde habían estado durmiendo en tiendas de campaña.

En otros desarrollos de vivienda pública, continuaba la búsqueda de sobrevivientes y la vigilia por los fallecidos.

Entre los restos de los escombros, Chirinos le contó a su esposa que había visto a los rescatistas recuperar lo que parecían ser los cuerpos de una familia de cuatro, posiblemente su hijo, la esposa de su hijo y sus hijos, de 8 y 11 años. Dijo que se estaban abrazando.

Pero las autoridades se habían llevado los cuerpos, agregó, y no le dijeron adónde los llevaban.

Entre los escombros de hormigón de la OPPPE 26, Oswaldo Tovar, de 45 años, había utilizado un pequeño martillo para encontrar a su esposa y a su hija de 8 años.

Para cuando llegó hasta ellas, ya habían fallecido.

Por eso bien el activista venezolano-noruego de derechos humanos Thor Halvorssen considera que «lo que están viendo en Venezuela es más que la historia de un desastre natural. Es la autopsia de un sistema de gobierno» que confirma el desastre del chavismo que sólo se ocupó en reprimir, torturar y matar y descuido todo lo demás.

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